¿Se queda despierto hasta tarde? Esta es la ciencia detrás

Es medianoche. Después de un día lleno de trabajo, estudio y responsabilidades, finalmente llega el momento de descansar.
Sin embargo, en lugar de dormir, muchas personas toman el celular y comienzan a revisar redes sociales, ver videos, jugar o navegar por internet. Lo que parecía ser “solo unos minutos” puede convertirse en una hora o más de desvelo.
Este comportamiento se conoce como procrastinación del sueño o revenge bedtime procrastination, y consiste en retrasar voluntariamente la hora de dormir a pesar de saber que hacerlo tendrá consecuencias al día siguiente. A diferencia de quienes permanecen despiertos por obligaciones laborales, académicas o familiares, en este caso la persona podría acostarse, pero decide posponer el descanso para disponer de un tiempo de ocio propio.
¿Por qué ocurre?
Una de las principales explicaciones es la sensación de que la noche es el único momento del día que pertenece realmente a la persona. Después de pasar horas cumpliendo obligaciones, algunas personas intentan recuperar ese tiempo personal durante la noche, aunque eso implique sacrificar horas de sueño.
El cansancio también influye. Conforme avanza el día, disminuye la capacidad mental para planificar, controlar impulsos y tomar decisiones. Mientras la corteza prefrontal intenta priorizar una decisión beneficiosa para el día siguiente —como ir a dormir—, los sistemas cerebrales relacionados con la recompensa buscan una gratificación inmediata.
Por ello, la persona puede saber perfectamente que debería dormir y, aun así, elegir “un video más”, otro capítulo o unos minutos adicionales en redes sociales.
¿Por qué el celular facilita este comportamiento?
Los teléfonos ofrecen entretenimiento inmediato y una sucesión prácticamente ilimitada de estímulos. Las redes sociales, los videojuegos y las plataformas de streaming están diseñados para mantener la atención, por lo que resulta fácil perder la noción del tiempo.
Además, estas actividades pueden activar los circuitos de recompensa y favorecer la búsqueda constante de nuevos estímulos. De esta manera, el celular no solo proporciona entretenimiento, sino que también puede convertirse en una herramienta para aliviar temporalmente el estrés y el desgaste emocional acumulados durante el día.
La exposición a la luz de las pantallas durante la noche también puede interferir con los mecanismos biológicos que regulan el ciclo sueño-vigilia. La luz nocturna puede retrasar la señal fisiológica que prepara al organismo para dormir, especialmente cuando el uso del dispositivo se prolonga.
Dormir poco puede convertirse en un problema
Trasnochar ocasionalmente no necesariamente provoca consecuencias importantes. El problema aparece cuando el comportamiento se convierte en una rutina y la persona acumula déficit de sueño durante semanas o meses.
Dormir de forma insuficiente puede afectar la memoria, la atención, la capacidad para tomar decisiones y la regulación emocional. También puede aumentar la irritabilidad y el estrés y asociarse con una mayor vulnerabilidad a problemas de salud mental.
Intentar compensar el sueño perdido durante el fin de semana tampoco necesariamente revierte todos sus efectos. Además, modificar considerablemente los horarios entre los días laborales y los días de descanso puede alterar todavía más el ritmo biológico.
Si una persona tarda habitualmente mucho tiempo en quedarse dormida, siente que necesita utilizar el celular para poder conciliar el sueño o mantiene horarios de descanso cada vez más irregulares, podría ser conveniente prestar atención al problema.
Recuperar el tiempo personal sin sacrificar el descanso
Combatir la procrastinación del sueño no consiste únicamente en obligarse a apagar el celular. Si durante todo el día no existe ningún espacio para el descanso, el entretenimiento o las actividades personales, es probable que la persona vuelva a buscar ese tiempo por la noche.
Una estrategia más sostenible consiste en incorporar pequeños momentos de ocio durante el día, aunque sean de 15 o 20 minutos, para reducir la sensación de que la noche es la única oportunidad disponible para hacer algo por uno mismo.
También puede ayudar mantener horarios relativamente constantes, establecer una rutina nocturna y disminuir progresivamente el uso de pantallas antes de acostarse. Dejar el teléfono fuera del dormitorio o programar una alarma que indique cuándo comenzar la preparación para dormir son medidas sencillas que pueden facilitar el cambio.
En última instancia, el objetivo no es eliminar el entretenimiento, sino conseguir que el descanso deje de competir con la necesidad de tener un momento propio. Reorganizar el día para incluir espacios personales puede ser una estrategia más efectiva que intentar resistir cada noche la tentación de utilizar el celular.
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