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¿Qué órgano sufre primero por el exceso de azúcar?

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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Consumir azúcar de manera ocasional no provoca que un órgano se dañe inmediatamente.

El verdadero problema surge cuando existe una ingesta elevada y constante de azúcares añadidos, especialmente si esto favorece un exceso de calorías y aumento de peso. En esos casos, pueden aparecer alteraciones metabólicas mucho antes de que la persona note algún síntoma.

El hígado, el páncreas y el tejido adiposo tienen un papel importante en este proceso, y con el paso del tiempo también pueden verse afectados otros órganos. Por ello, no es preciso afirmar que existe un único órgano que sea siempre el primero en dañarse. Lo importante es comprender cómo responde el organismo cuando el exceso de azúcar se mantiene durante meses o años.

1. El páncreas responde ante el aumento de glucosa

Después de comer, los carbohidratos se descomponen y generan glucosa, que posteriormente pasa a la sangre.

Cuando aumenta la glucosa, el páncreas libera insulina, una hormona que permite que las células utilicen esa glucosa como fuente de energía.

Si durante mucho tiempo una persona mantiene una alimentación que favorece niveles elevados de glucosa y aumento de peso, puede desarrollar resistencia a la insulina. En esta situación, las células responden menos eficazmente a la hormona y el páncreas debe producir mayores cantidades para mantener controlada la glucosa.

Esto no quiere decir que el azúcar “queme” el páncreas, pero un exceso mantenido puede aumentar la exigencia metabólica sobre este órgano.

2. El hígado también puede verse sobrecargado

El hígado es fundamental para procesar y almacenar nutrientes. Cuando existe un exceso de energía disponible, una parte de los carbohidratos puede terminar convirtiéndose en grasa.

Una ingesta elevada de fructosa, especialmente mediante bebidas azucaradas y otros productos con azúcares añadidos, puede favorecer la acumulación de grasa en el hígado, sobre todo cuando existe un exceso general de calorías.

Con el tiempo, este proceso puede contribuir al desarrollo de enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica.

3. El tejido adiposo también experimenta cambios

El tejido adiposo no es simplemente un depósito de grasa; también es un órgano metabólicamente activo que participa en la regulación de hormonas y sustancias relacionadas con el metabolismo y la inflamación.

Cuando aumenta demasiado la cantidad de grasa corporal, especialmente la grasa visceral ubicada alrededor de los órganos abdominales, estas funciones pueden alterarse.

Esta situación puede favorecer la resistencia a la insulina y contribuir al desarrollo del síndrome metabólico.

4. No solamente importa cuánto azúcar consumes

Para comprender los efectos del azúcar es necesario analizar el patrón general de alimentación.

Una fruta entera contiene azúcares naturales, pero también proporciona fibra, agua, vitaminas y otros nutrientes.

En contraste, los refrescos, bebidas azucaradas, dulces y otros productos ricos en azúcares añadidos pueden proporcionar una cantidad considerable de calorías sin generar la misma sensación de saciedad.

Por esta razón, las recomendaciones nutricionales suelen enfocarse especialmente en limitar los azúcares añadidos y las bebidas azucaradas.

5. El exceso de azúcar puede favorecer la resistencia a la insulina

La resistencia a la insulina ocurre cuando las células responden de manera menos eficiente a esta hormona.

Al principio, el páncreas puede compensar esta situación produciendo más insulina y mantener la glucosa dentro de valores normales.

Sin embargo, si la resistencia continúa avanzando y las células beta del páncreas dejan de compensarla adecuadamente, los niveles de glucosa pueden comenzar a elevarse.

Con el tiempo, esto puede conducir al desarrollo de prediabetes y, posteriormente, diabetes tipo 2 en personas susceptibles.

6. El corazón puede verse afectado a largo plazo

Una elevada ingesta de azúcares añadidos puede formar parte de patrones alimentarios que favorecen el aumento de peso y diferentes alteraciones metabólicas.

Estos cambios pueden asociarse con hipertensión, niveles elevados de triglicéridos, resistencia a la insulina y otros factores de riesgo cardiovascular.

Por ello, las consecuencias cardiovasculares suelen aparecer como resultado de un proceso metabólico prolongado y no por consumir ocasionalmente un alimento dulce.

7. Los riñones pueden sufrir las consecuencias de la diabetes

Los riñones no necesariamente son los primeros órganos afectados por un consumo elevado de azúcar.

Sin embargo, mantener durante mucho tiempo niveles elevados de glucosa puede favorecer el desarrollo de diabetes tipo 2 en personas susceptibles.

La diabetes constituye una de las principales causas de enfermedad renal crónica. Con los años, una glucosa persistentemente elevada puede dañar los pequeños vasos sanguíneos que permiten a los riñones filtrar la sangre correctamente.

8. El cerebro también está relacionado con el metabolismo de la glucosa

El cerebro necesita glucosa como una de sus principales fuentes de energía, pero esto no significa que consumir grandes cantidades de azúcar mejore su funcionamiento.

Las alteraciones metabólicas relacionadas con obesidad, resistencia a la insulina y diabetes pueden asociarse con un mayor riesgo de problemas cardiovasculares y neurológicos a largo plazo.

La investigación continúa estudiando con mayor detalle la relación entre los trastornos metabólicos y la salud cerebral.

9. Los dientes sí están directamente expuestos al azúcar

Entre las estructuras que tienen contacto directo con el azúcar de los alimentos se encuentran los dientes.

Las bacterias presentes en la placa dental utilizan los azúcares disponibles y producen ácidos capaces de deteriorar el esmalte.

Por ello, consumir alimentos y bebidas azucaradas con frecuencia puede aumentar el riesgo de caries.

En este caso, no solo importa la cantidad total de azúcar consumida, sino también la frecuencia con la que los dientes están expuestos a ella.

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