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Las señales de que tu cerebro necesita más cuidado para evitar la demencia

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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La demencia constituye uno de los principales retos para la salud pública a nivel mundial debido al envejecimiento de la población. Aunque la edad sigue siendo el principal factor de riesgo para desarrollar estas enfermedades, cada vez existe más evidencia científica de que diversos hábitos saludables pueden proteger el cerebro y contribuir a retrasar el deterioro cognitivo.

Especialistas en neurología destacan que la prevención debe comenzar mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas. Mantener un estilo de vida saludable, controlar las enfermedades crónicas y estimular de forma constante la actividad mental son estrategias que han demostrado ayudar a preservar las funciones cognitivas con el paso de los años.

El Dr. Juan B. Toledo Atucha, neurólogo del Hospital Houston Methodist, señala que muchos factores relacionados con el desarrollo de la demencia son modificables y que sus efectos se acumulan a lo largo de la vida. Por ello, adoptar hábitos saludables desde edades tempranas favorece la creación de una mayor reserva cerebral, lo que permite afrontar mejor los cambios asociados al envejecimiento.

La demencia comprende diferentes enfermedades

Aunque con frecuencia se habla de la demencia como si fuera una sola enfermedad, en realidad se trata de un conjunto de trastornos que afectan progresivamente la memoria, el lenguaje, el razonamiento, el comportamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas.

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia, seguida por la demencia vascular y la demencia con cuerpos de Lewy. En muchos pacientes pueden coexistir varios tipos de alteraciones cerebrales, lo que dificulta tanto el diagnóstico como el tratamiento.

En los últimos años también se han logrado avances importantes en la detección temprana. Gracias al desarrollo de biomarcadores especializados, actualmente es posible identificar cambios cerebrales entre 10 y 20 años antes de que aparezcan los primeros síntomas clínicos, lo que abre la posibilidad de intervenir de manera preventiva.

Factores de riesgo que no pueden modificarse

La edad continúa siendo el principal factor de riesgo para desarrollar demencia. A partir de los 65 años, la probabilidad aumenta considerablemente y, en el caso de la enfermedad de Alzheimer, prácticamente se duplica cada cinco años. Entre las personas mayores de 85 años, aproximadamente una de cada tres vive con esta enfermedad.

La genética también influye en el riesgo, aunque los especialistas aclaran que los casos ocasionados por una única mutación genética representan menos del 1 % del total. En la mayoría de las personas, el riesgo depende de la interacción entre múltiples variantes genéticas y factores ambientales o relacionados con el estilo de vida.

Asimismo, algunas variantes genéticas, como el alelo APOE-ε4, pueden aumentar el riesgo de forma diferente según la ascendencia y el origen genético de cada población.

La salud cardiovascular también beneficia al cerebro

Diversas investigaciones han demostrado que un buen funcionamiento del sistema cardiovascular resulta fundamental para mantener la salud cerebral.

Cuando el corazón, los vasos sanguíneos y los pulmones funcionan adecuadamente, el cerebro recibe el oxígeno y los nutrientes que necesita para desempeñar correctamente sus funciones.

Por el contrario, enfermedades como la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2, la obesidad y los niveles elevados de colesterol LDL incrementan el riesgo de deterioro cognitivo.

Controlar estos padecimientos no solo reduce la probabilidad de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular, sino que también puede ayudar a conservar la memoria y otras capacidades mentales durante más tiempo.

La reserva cognitiva: un mecanismo de protección

Los neurólogos utilizan el concepto de reserva cognitiva para describir la capacidad del cerebro de compensar parcialmente los daños provocados por enfermedades neurodegenerativas.

En términos sencillos, un cerebro que ha permanecido estimulado durante años desarrolla más conexiones neuronales y una mayor capacidad de adaptación, lo que le permite resistir mejor el deterioro.

Esta reserva se construye gradualmente mediante el aprendizaje continuo, la actividad física, las relaciones sociales, una alimentación saludable y el adecuado control de la salud.

Hábitos que ayudan a proteger el cerebro

Mantener un aprendizaje constante

Realizar actividades como leer, aprender un nuevo idioma, resolver crucigramas o sudokus, tocar un instrumento musical o adquirir nuevos pasatiempos estimula distintas áreas del cerebro.

Las investigaciones indican que continuar aprendiendo a lo largo de toda la vida fortalece las conexiones neuronales y aumenta la resistencia frente al deterioro cognitivo.

Además, una mayor participación en actividades intelectuales y un mejor nivel educativo también se han asociado con una mejor salud cerebral durante la vejez.

Conservar una vida social activa

Relacionarse con familiares, amigos y grupos comunitarios también favorece el funcionamiento del cerebro.

Las conversaciones, el intercambio de experiencias y la participación en actividades grupales obligan al cerebro a interpretar información, comprender emociones y responder de manera continua.

Por el contrario, el aislamiento social se ha relacionado con un mayor riesgo de depresión, condición que diversos estudios asocian con una mayor probabilidad de desarrollar demencia.

Participar en actividades de voluntariado, talleres o clubes comunitarios puede contribuir a mantener activa esta dimensión de la salud.

Atender los problemas de audición y visión

La pérdida auditiva y las alteraciones visuales no deben considerarse únicamente una consecuencia inevitable del envejecimiento.

Diversas investigaciones sugieren que una proporción importante de los casos de demencia podría estar relacionada con la pérdida auditiva no tratada durante la mediana edad.

Utilizar auxiliares auditivos, actualizar la graduación de los lentes o tratar enfermedades como las cataratas favorece la comunicación, disminuye el aislamiento social y mantiene una mayor estimulación cerebral.

Dormir lo suficiente

Durante el sueño, el cerebro organiza la información obtenida durante el día y consolida los recuerdos.

Dormir pocas horas o padecer trastornos como el insomnio crónico o la apnea obstructiva del sueño puede afectar la memoria, la atención y otras funciones cognitivas.

Los especialistas recomiendan acudir al médico cuando existen ronquidos intensos, pausas respiratorias durante el sueño o una sensación persistente de cansancio al despertar.

Proteger la cabeza de lesiones

Los traumatismos craneales también representan un factor de riesgo para el deterioro cognitivo.

El uso del cinturón de seguridad, del casco durante actividades deportivas o al conducir motocicletas, así como la prevención de caídas en personas mayores, ayuda a reducir el riesgo de lesiones cerebrales cuyos efectos pueden acumularse con el paso del tiempo.

¿Cuándo consultar al médico?

Olvidar ocasionalmente dónde se dejaron las llaves o algún objeto no significa necesariamente que exista una enfermedad.

Sin embargo, cuando los problemas de memoria comienzan a interferir con las actividades diarias o aparecen dificultades para realizar tareas habituales, es recomendable solicitar una evaluación médica.

También es importante prestar atención a señales como desorientarse en lugares conocidos, presentar alteraciones importantes en el juicio, confundirse respecto al tiempo o al lugar, olvidar con frecuencia conversaciones recientes o experimentar cambios bruscos en el estado de ánimo.

Una valoración médica temprana permite identificar posibles causas tratables, iniciar el tratamiento oportunamente y establecer estrategias para retrasar la progresión del deterioro cognitivo.

La evidencia científica indica que, aunque la edad y la genética siguen siendo factores importantes en el desarrollo de la demencia, existen numerosas acciones que pueden contribuir a proteger la salud cerebral.

Mantener una alimentación equilibrada, controlar enfermedades como la hipertensión y la diabetes, realizar actividad física de forma regular, conservar una vida social activa, estimular continuamente la mente, dormir adecuadamente y prevenir lesiones en la cabeza son medidas que fortalecen la reserva cognitiva y favorecen un envejecimiento cerebral saludable.

Los especialistas coinciden en que nunca es demasiado temprano ni demasiado tarde para comenzar a cuidar el cerebro. Cada hábito saludable adoptado hoy puede convertirse en una inversión para preservar la memoria, la independencia y la calidad de vida en el futuro.

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