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La falta de abrazos deja huella: 9 efectos en tu cerebro

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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En una sociedad donde la comunicación digital forma parte de la vida cotidiana, el contacto físico continúa siendo una necesidad fundamental para el bienestar humano. Aunque las conversaciones por mensajes o videollamadas facilitan la interacción, no pueden reemplazar los beneficios biológicos y emocionales que proporciona un abrazo. Incluso las personas con agendas muy ocupadas necesitan este tipo de cercanía para favorecer su equilibrio psicológico y fortalecer sus relaciones interpersonales.

Más allá de ser una simple expresión de cariño, un abrazo representa una forma de apoyo emocional capaz de transmitir seguridad, consuelo y compañía cuando las palabras resultan insuficientes. Diversas investigaciones en neurociencia han demostrado que el organismo responde al contacto afectuoso mediante cambios fisiológicos que favorecen tanto la salud mental como la física.

La importancia del contacto físico

Cuando una persona permanece durante largos periodos con pocas muestras de afecto físico, pueden producirse cambios en el funcionamiento del cerebro y del organismo. Esta situación ayuda a explicar por qué algunas personas experimentan sentimientos persistentes de ansiedad, soledad o aislamiento, incluso cuando mantienen una vida social activa.

Los especialistas describen este fenómeno como "privación táctil" o "hambre de piel", un estado que aparece cuando el cuerpo recibe menos contacto físico del que necesita para mantener su bienestar emocional.

Qué ocurre cuando faltan los abrazos

Estudios realizados por la doctora Tiffany Field, directora del Touch Research Institute de la Universidad de Miami, indican que la ausencia prolongada de contacto afectivo favorece el aumento del cortisol, la principal hormona relacionada con el estrés.

Como consecuencia, el organismo puede permanecer en un estado constante de alerta, lo que contribuye a elevar la presión arterial, alterar la calidad del sueño y dificultar el manejo de las emociones.

La oxitocina y sus beneficios

En contraste, un abrazo estimula la liberación de oxitocina, una sustancia conocida por su papel en el fortalecimiento de los vínculos afectivos y la confianza entre las personas.

El neuroeconomista Paul Zak ha señalado que esta hormona no solo favorece la empatía y la conexión social, sino que también participa en mecanismos que ayudan a disminuir la percepción del dolor físico y emocional.

Cuando el contacto afectivo es escaso, el cerebro recibe menores cantidades de esta sustancia, lo que puede favorecer la irritabilidad, aumentar la sensación de estrés y disminuir el bienestar psicológico.

Efectos sobre el sistema inmunológico

Los beneficios del contacto físico también alcanzan al sistema inmunológico.

Una investigación realizada en la Universidad Carnegie Mellon, dirigida por el psicólogo Sheldon Cohen, encontró que las personas que reciben abrazos con mayor frecuencia presentan una mejor respuesta frente a algunos virus respiratorios.

Los investigadores consideran que este efecto podría relacionarse con la estimulación del nervio vago, una estructura que participa en la regulación de diversos procesos fisiológicos, entre ellos la respuesta inflamatoria del organismo.

Influencia en la percepción del rechazo social

El contacto afectuoso también desempeña un papel importante en áreas cerebrales relacionadas con las relaciones sociales.

Investigaciones encabezadas por la neurocientífica Katerina Fotopoulou, del University College de Londres, sugieren que el tacto contribuye a fortalecer la percepción de seguridad personal y la construcción de la identidad.

Cuando estas experiencias disminuyen durante largos periodos, algunas personas pueden experimentar una mayor sensación de aislamiento, inseguridad o temor a ser rechazadas por los demás.

Relación con el dolor

La evidencia científica también ha encontrado que el contacto físico puede influir en la forma en que las personas perciben el dolor.

Una revisión sistemática reciente observó que diversas intervenciones basadas en el tacto se asociaban con una disminución aproximada del 31 % en la intensidad del dolor reportado por algunos participantes.

Se considera que este efecto podría estar relacionado con la activación de circuitos cerebrales vinculados al bienestar y con la liberación de oxitocina.

Beneficios para el corazón

El bienestar emocional mantiene una estrecha relación con la salud cardiovascular.

Diversos estudios han mostrado que los abrazos pueden favorecer una disminución temporal de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca durante situaciones de tensión emocional.

Por ello, la ausencia prolongada de estas muestras de afecto podría privar al organismo de uno de los múltiples mecanismos naturales que contribuyen a la relajación.

Sueño y descanso

El contacto afectuoso también puede favorecer un mejor descanso.

Las personas sometidas a elevados niveles de estrés suelen presentar mayores dificultades para conciliar el sueño, y las sensaciones de tranquilidad y seguridad asociadas al contacto físico pueden facilitar la relajación necesaria para dormir.

Cuando estas experiencias son escasas, especialmente en contextos de ansiedad, el descanso nocturno puede verse afectado.

Impacto en las relaciones personales

Los abrazos constituyen una forma de comunicación no verbal que fortalece la confianza y el vínculo entre familiares, parejas y amigos.

En situaciones difíciles, un abrazo puede expresar apoyo, comprensión y cercanía sin necesidad de utilizar palabras. En cambio, cuando estas manifestaciones de afecto desaparecen de manera prolongada, algunas relaciones pueden volverse más distantes con el paso del tiempo.

¿Cuántos abrazos necesitamos?

La terapeuta familiar Virginia Satir popularizó una frase que continúa siendo ampliamente citada por profesionales de la salud mental: cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho para mantener el bienestar y doce para favorecer el crecimiento emocional.

Aunque no existe una cantidad exacta respaldada por evidencia científica para todas las personas, los especialistas coinciden en que mantener un contacto físico afectuoso de forma regular aporta beneficios importantes para la salud emocional y el funcionamiento del cerebro.

Una necesidad biológica

Los expertos señalan que el contacto humano no debe considerarse un lujo, sino una necesidad básica para el bienestar.

Recuperar el hábito de expresar afecto mediante abrazos y otras formas respetuosas de contacto físico puede fortalecer las relaciones, disminuir el estrés y favorecer una mejor salud mental y física.

En una sociedad cada vez más digitalizada, dedicar tiempo a estas muestras de cercanía representa una estrategia sencilla, accesible y efectiva para cuidar tanto el cerebro como el bienestar emocional.

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