La estimulación de la médula espinal puede restaurar la fuerza del brazo tras un AVC

La estimulación eléctrica de la médula espinal podría convertirse en una nueva herramienta para mejorar la movilidad del brazo en personas que han sufrido un accidente cerebrovascular, según los resultados de un ensayo clínico piloto recientemente publicado.
El estudio, difundido el 4 de junio en la revista Nature Medicine, mostró que siete sobrevivientes de ictus con una importante debilidad muscular experimentaron un aumento promedio del 32% en la fuerza de sus brazos tras recibir estimulación de la médula espinal.
Además del incremento de la fuerza, los participantes mostraron una mejor capacidad de movimiento y una reducción de la rigidez muscular asociada al daño neurológico provocado por el ictus.
Los beneficios se lograron con una cantidad relativamente reducida de rehabilitación, ya que los pacientes realizaron menos de nueve horas de entrenamiento basado en movimientos a lo largo de cuatro semanas.
El coautor principal del estudio, Marco Capogrosso, explicó que esta estrategia busca ayudar a las personas a recuperar la movilidad de los brazos de forma rápida, incluso varios años después de haber sufrido un accidente cerebrovascular.
La técnica utilizada, denominada estimulación epidural cervical de la médula espinal, consiste en implantar electrodos muy finos en la región del cuello, junto a la médula espinal.
Estos dispositivos envían impulsos eléctricos a determinadas fibras nerviosas, fortaleciendo la comunicación entre el cerebro y los músculos responsables del movimiento.
Durante las cuatro semanas de tratamiento, todos los participantes experimentaron mejoras inmediatas en la fuerza muscular mientras la estimulación estaba activa. Asimismo, se observó una disminución de la rigidez muscular causada por las lesiones nerviosas derivadas del ictus.
Sin embargo, los investigadores comprobaron que los beneficios a largo plazo dependían de la continuidad de la estimulación. Cuando esta se suspendía, la función motora tendía a disminuir gradualmente.
Según Capogrosso, la tecnología actúa principalmente como una herramienta de asistencia. Mientras está en funcionamiento, permite que las conexiones nerviosas que aún permanecen intactas entre el cerebro y la médula espinal trabajen de manera más eficiente, facilitando movimientos más precisos y efectivos.
Actualmente, el equipo de investigación está reclutando participantes para un ensayo clínico más amplio con el objetivo de evaluar los efectos de esta terapia durante periodos prolongados.
Capogrosso señaló que este estudio representa una etapa importante en el desarrollo de una tecnología que pueda utilizarse fuera del entorno hospitalario y formar parte de la vida cotidiana de los pacientes.
El objetivo final es crear una solución implantable y práctica que ayude a las personas que han sufrido un ictus a recuperar el uso funcional de sus brazos en las actividades diarias, mejorando así su independencia y calidad de vida.
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