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Enfermedades crónicas: la prevención puede reducir complicaciones y mejorar la calidad de vida

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo

Aunque el país destina una proporción importante de su producto interno bruto a la salud, el aumento de las enfermedades crónicas y de la esperanza de vida incrementa la demanda de atención y dificulta la sostenibilidad financiera del sistema sanitario.

Desde su experiencia como cardiólogo y director de una institución médica de alta complejidad en Buenos Aires, el doctor Daniel Pérez plantea la importancia de cambiar el enfoque: prevenir las enfermedades antes de que provoquen daños graves puede beneficiar tanto a los pacientes como al sistema de salud.

El costo de actuar demasiado tarde

Muchos pacientes que sufren un infarto presentan antecedentes conocidos de hipertensión arterial, colesterol elevado, sedentarismo, sobrepeso o diabetes. Aunque la medicina dispone de tratamientos capaces de salvar vidas cuando ocurre una emergencia, con frecuencia la intervención llega cuando el daño ya se ha producido.

Las consecuencias van más allá del episodio médico. Una persona que sufre un infarto puede necesitar rehabilitación, ausentarse del trabajo, perder autonomía y depender de sus familiares. En los casos más complejos, también puede requerir hospitalizaciones prolongadas, procedimientos cardiovasculares y atención posterior.

Frente a este panorama, medidas como controlar la presión arterial, detectar alteraciones de la glucosa y el colesterol, realizar actividad física, dejar de fumar y mantener los tratamientos indicados pueden reducir el riesgo de complicaciones.

Un análisis publicado en The Lancet encontró que disminuir 10 mmHg la presión arterial sistólica se asocia con una reducción aproximada del 20 % en el riesgo de eventos cardiovasculares graves, incluidos infartos y accidentes cerebrovasculares.

Vivir más años también significa conservar la autonomía

La medicina de longevidad busca prolongar la vida saludable, no prometer una juventud permanente ni sustituir la atención médica convencional.

Este enfoque considera indicadores como la presión arterial, el colesterol, la glucemia, la composición corporal, la capacidad cardiorrespiratoria, la calidad del sueño y el nivel de actividad física para identificar riesgos y orientar medidas preventivas.

De acuerdo con un estudio de la Clínica Mayo basado en información de 183 países, las personas pasan, en promedio, cerca de diez años de su vida con alguna enfermedad o discapacidad. Por ello, el objetivo no consiste únicamente en aumentar la esperanza de vida, sino en conservar la capacidad de trabajar, desplazarse, viajar y realizar actividades cotidianas.

En esta línea, el programa Vivir Mejor Dr. Pérez propone un seguimiento personalizado durante 120 días, con evaluación clínica, estudios diagnósticos seleccionados y acompañamiento para modificar hábitos e identificar factores de riesgo.

La adherencia al tratamiento sigue siendo un desafío

Detectar una enfermedad no garantiza que se mantenga bajo control. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 1,400 millones de adultos viven con hipertensión en el mundo, pero solo el 23 % tiene sus cifras de presión arterial controladas.

La dificultad para mantener los tratamientos también representa un problema importante en las enfermedades crónicas. Por eso, además del diagnóstico oportuno, resulta fundamental ofrecer seguimiento y apoyo para que las personas puedan cumplir las recomendaciones médicas y mantener los cambios en su estilo de vida.

La prevención también beneficia a la economía

Evitar una complicación médica puede representar años adicionales de buena salud para una persona y, al mismo tiempo, reducir hospitalizaciones y gastos sanitarios.

En su informe de 2025, la OMS señaló que invertir tres dólares adicionales por persona al año en medidas costoefectivas contra las enfermedades no transmisibles y los problemas de salud mental podría generar importantes beneficios para la salud y la economía mundial hacia 2030. Entre los resultados proyectados se encuentran millones de vidas salvadas y una reducción considerable de infartos y accidentes cerebrovasculares.

La prevención, por tanto, puede ser una inversión tanto individual como colectiva.

Un modelo de atención basado en el riesgo

Una estrategia preventiva eficaz debe adaptarse a las necesidades de cada persona:

Población adulta en general: controles periódicos de presión arterial, colesterol, glucemia, peso y consumo de tabaco, además de orientación sobre hábitos saludables.

Personas con riesgo elevado: evaluaciones más completas y seguimiento individualizado, de acuerdo con los antecedentes y los hallazgos clínicos.

Pacientes con enfermedades establecidas: acceso oportuno al tratamiento especializado y a servicios de alta complejidad cuando sean necesarios.

Conocer los propios valores de presión arterial, colesterol y glucemia, así como consultar con un profesional sobre su interpretación, constituye un primer paso para prevenir complicaciones.

Integrar la prevención con la atención especializada

La medicina preventiva y la atención de alta complejidad no son enfoques incompatibles. Los hospitales y centros especializados también pueden contribuir a detectar riesgos, orientar decisiones clínicas y evitar que algunas enfermedades progresen hasta requerir procedimientos complejos.

El reto para los sistemas sanitarios es dejar de medir sus resultados únicamente por la cantidad de pacientes atendidos o procedimientos realizados e incorporar indicadores relacionados con las complicaciones evitadas y los años de vida saludable preservados.

La clave no es solamente vivir más, sino hacerlo con la mayor salud y autonomía posibles. Actuar a tiempo puede mejorar la calidad de vida de las personas y ayudar a utilizar los recursos sanitarios de manera más eficiente.

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