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Dormir menos de seis horas podría acelerar el deterioro del cerebro

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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Dormir pocas horas de forma habitual no solo provoca cansancio durante el día, sino que también puede afectar el funcionamiento del cerebro y alterar procesos esenciales para la salud neurológica, advirtió Óscar Sánchez Escandón, presidente de la Sociedad Mexicana para la Investigación y Medicina del Sueño.

El especialista explicó que los adultos no deberían dormir menos de seis horas por noche, ya que un descanso insuficiente dificulta alcanzar las fases de sueño profundo. Además, factores como las largas jornadas laborales, las actividades sociales y el uso de dispositivos electrónicos durante la noche han modificado los hábitos de descanso de millones de personas.

La falta de sueño puede afectar el funcionamiento del cerebro

La privación crónica del sueño puede tener efectos importantes sobre el sistema nervioso. Según Sánchez Escandón, dormir menos de seis horas impide alcanzar adecuadamente las etapas profundas del sueño, un periodo en el que el organismo lleva a cabo procesos fundamentales para el mantenimiento de la salud.

El neurólogo explicó que durante el sueño profundo el cerebro realiza mecanismos esenciales para su funcionamiento e indicó que, en esta etapa, "el cerebro se limpia a sí mismo".

Con esta expresión hace referencia a procesos que contribuyen al mantenimiento de las funciones cerebrales. Cuando el sueño profundo es insuficiente, estos mecanismos pueden verse comprometidos y no desarrollarse de forma adecuada.

Entre los procesos que pueden alterarse se encuentran la producción de neurotransmisores, el equilibrio hormonal y la regulación del sistema nervioso autónomo, todos ellos indispensables para el correcto funcionamiento del organismo.

Por ello, el especialista señaló que la salud del sueño no debe evaluarse únicamente por el número de horas dormidas, sino también por la calidad y continuidad del descanso.

Dormir muchas horas no siempre significa descansar bien

Permanecer varias horas en la cama no garantiza un sueño reparador. Las interrupciones frecuentes o la incapacidad para alcanzar las fases profundas del sueño pueden reducir significativamente los beneficios que el organismo obtiene durante la noche.

Sánchez Escandón destacó que tanto la cantidad como la calidad del sueño son indispensables para favorecer una adecuada recuperación cerebral.

El problema se vuelve aún más importante cuando dormir poco se convierte en un hábito. Las exigencias laborales, los compromisos sociales y los horarios prolongados reducen el tiempo disponible para descansar, aunque también existen otros factores que contribuyen a esta situación.

Entre ellos destaca el uso nocturno de dispositivos electrónicos, una práctica cada vez más común que puede alterar los mecanismos naturales que regulan el ciclo de sueño y vigilia.

El uso de pantallas durante la noche puede alterar el descanso

El empleo prolongado de teléfonos móviles, tabletas, computadoras y otros dispositivos antes de dormir preocupa cada vez más a los especialistas en medicina del sueño.

Según explicó el neurólogo, la luz azul emitida por estas pantallas puede atravesar los mecanismos naturales de filtrado del ojo y estimular el núcleo supraquiasmático.

Esta estructura cerebral actúa como el reloj biológico del organismo y es la encargada de coordinar los ciclos de sueño y vigilia, regulando los ritmos circadianos que sincronizan múltiples funciones del cuerpo con los periodos de luz y oscuridad.

De acuerdo con Sánchez Escandón, una estimulación excesiva durante la noche puede inhibir la liberación de sustancias relacionadas con el inicio del sueño y alterar la producción de melatonina.

La melatonina desempeña un papel fundamental en la regulación del ciclo del sueño. Cuando su liberación se retrasa o disminuye debido a factores ambientales, pueden aparecer dificultades para conciliar el sueño o mantener un descanso continuo.

¿Cuánto tiempo debería limitarse el uso de pantallas?

El especialista indicó que los adultos deberían procurar no superar cuatro horas diarias de exposición a pantallas y, como máximo, seis horas, concentrando su uso principalmente durante las primeras horas del día.

Esta recomendación adquiere especial relevancia durante la noche, cuando el organismo comienza a prepararse para el descanso.

Reducir el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse puede formar parte de una adecuada higiene del sueño. También resulta recomendable mantener horarios regulares para dormir y despertar, así como crear un ambiente apropiado para favorecer un descanso continuo.

Sin embargo, el especialista recordó que los trastornos del sueño no siempre se resuelven únicamente modificando los hábitos. Cuando existen dificultades persistentes para dormir, despertares frecuentes o somnolencia excesiva durante el día, es importante buscar atención médica especializada.

Millones de personas padecen trastornos del sueño

La importancia de cuidar la calidad del descanso resulta aún más evidente debido a la elevada frecuencia de los trastornos del sueño en todo el mundo.

Según los datos citados por Sánchez Escandón, más del 30 % de la población mundial presenta algún trastorno relacionado con el sueño.

Dentro de este grupo, aproximadamente el 16 % de los adultos padece insomnio clínico, lo que equivale a cerca de 850 millones de personas. Asimismo, alrededor de mil millones de individuos viven con apnea obstructiva del sueño.

Otro trastorno frecuente es el síndrome de piernas inquietas, que afecta entre el 5 % y el 10 % de la población.

Estas alteraciones pueden deteriorar considerablemente la calidad del descanso y, en muchos casos, quienes las padecen atribuyen el cansancio diario simplemente a las actividades cotidianas, sin sospechar la presencia de un trastorno del sueño.

Por ello, identificar estas condiciones resulta fundamental, ya que algunas requieren un diagnóstico específico y tratamiento médico.

El deterioro neurológico representa un desafío creciente

La preocupación por la salud cerebral no se limita únicamente a las consecuencias de dormir poco. Un análisis internacional reciente también puso de manifiesto el creciente impacto de los trastornos neurológicos en el continente americano.

La investigación, liderada por especialistas de la Organización Panamericana de la Salud y publicada en The Lancet Regional Health–Americas, evaluó la evolución de 19 trastornos neurológicos no transmisibles y enfermedades relacionadas con lesiones en 38 países y territorios de América entre 1990 y 2023.

Los resultados mostraron que alrededor de 470 millones de personas, equivalentes a dos de cada cinco habitantes de la región, viven con al menos uno de los principales trastornos neurológicos o afecciones vinculadas con lesiones.

Entre las enfermedades analizadas se encuentran la migraña, el accidente cerebrovascular, la epilepsia y la enfermedad de Alzheimer.

El envejecimiento está modificando el perfil de las enfermedades neurológicas

El estudio identificó un cambio en el panorama epidemiológico de las Américas. Mientras algunas enfermedades vasculares y trastornos congénitos han reducido su impacto, las enfermedades neurodegenerativas y otros padecimientos neurológicos crónicos adquieren cada vez mayor relevancia.

Esta transición representa un importante reto para los sistemas sanitarios, ya que el aumento de la esperanza de vida implica que más personas vivirán durante más tiempo con enfermedades crónicas.

En este contexto, la prevención y el cuidado de los factores relacionados con la salud cerebral cobran una importancia creciente. Dormir adecuadamente constituye uno de los hábitos que pueden contribuir al bienestar del cerebro, aunque por sí solo no garantiza la prevención de enfermedades neurológicas.

Dormir bien también es una forma de cuidar el cerebro

La evidencia disponible y las recomendaciones de los especialistas coinciden en que un buen descanso debe formar parte de una estrategia integral para proteger la salud.

Dormir menos de seis horas de manera habitual puede impedir alcanzar un sueño profundo suficiente, mientras que la exposición a pantallas durante la noche puede alterar los mecanismos responsables del ritmo circadiano.

Mantener horarios regulares para dormir, reducir el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse y prestar atención tanto a la cantidad como a la calidad del sueño son medidas que favorecen un descanso más saludable.

No obstante, cuando aparecen síntomas persistentes como insomnio, pausas respiratorias durante la noche, movimientos involuntarios de las piernas o somnolencia excesiva durante el día, es recomendable acudir con un profesional de la salud para descartar la presencia de un trastorno del sueño.

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