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Cuatro alimentos que conviene evitar justo antes de dormir

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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Durante la noche, las elecciones alimentarias pueden influir de manera importante en la calidad del sueño y en el funcionamiento del metabolismo. Consumir ciertos alimentos poco antes de acostarse puede provocar efectos que van más allá de una molestia digestiva momentánea, afectando el descanso y la salud a largo plazo.

Especialistas señalan que tanto el tipo de alimento elegido como el horario de la última comida del día pueden determinar si una persona logra un sueño reparador o enfrenta dificultades para dormir.

De acuerdo con Healthy Magazines, algunos alimentos consumidos antes de dormir se relacionan con mayor riesgo de aumento de peso, alteraciones del sueño y problemas metabólicos como la diabetes. Por ello, una recomendación frecuente es evitar comer durante las dos horas previas a acostarse.

La Clínica Mayo advierte que ingerir comidas abundantes, especialmente aquellas con alto contenido de grasas o azúcares, cerca de la hora de dormir puede favorecer la aparición de insomnio y agravar problemas como la acidez o el reflujo gástrico.

Según sus recomendaciones para mejorar el descanso, las comidas pesadas o picantes pueden generar molestias digestivas nocturnas que interrumpen la calidad del sueño. Además, ajustar los horarios de alimentación durante la noche puede beneficiar tanto el metabolismo como el proceso de conciliación del sueño.

Algunos alimentos pueden aumentar los niveles de glucosa en sangre, exigir un mayor esfuerzo al sistema digestivo, provocar acidez, contener estimulantes como cafeína o elevar la temperatura corporal, factores que pueden interferir con el descanso nocturno.

El impacto de comer tarde durante la noche

La especialista en nutrición Rene Ficek, de Seattle Sutton’s Healthy Eating, explicó que comer antes de dormir es una práctica común, pero muchas veces está relacionada con el aburrimiento y no con una verdadera sensación de hambre.

Además, señaló que los refrigerios nocturnos suelen estar compuestos por alimentos con alta densidad calórica, como helados, pasteles o papas fritas. Este hábito puede hacer que las personas superen sus necesidades energéticas diarias y favorecer el incremento de peso.

Un estudio realizado con más de 400 participantes del The Center of Obesity Research and Education encontró una asociación entre comer durante la noche y un mayor índice de masa corporal.

Investigaciones de la Escuela de Medicina de Harvard también han relacionado los hábitos alimentarios nocturnos con alteraciones del ritmo circadiano y mayor predisposición al sobrepeso. Los especialistas explican que comer tarde puede modificar la liberación de hormonas relacionadas con el hambre y la saciedad, lo que puede provocar un mayor consumo de calorías y afectar la regulación del metabolismo.

La nutricionista Alyssa Cellini, cofundadora de My Custom Cleanse, indicó que consumir grandes cantidades de azúcar y carbohidratos durante la noche puede alterar los niveles de insulina y cortisol, hormonas relacionadas con el metabolismo y el ciclo del sueño.

Cellini explicó que el descanso depende en gran medida del correcto funcionamiento del ritmo circadiano. Cuando este sistema se altera, pueden aparecer dificultades para mantener un sueño continuo, mayor cansancio durante la noche y problemas para despertar al día siguiente.

Además, advirtió que los cambios bruscos en los niveles de glucosa e insulina pueden representar factores asociados con un mayor riesgo de desarrollar alteraciones metabólicas como la diabetes.

Recomendaciones para una mejor alimentación nocturna

Ana Goldseker, directora de nutrición de Nava Health and Vitality Centers, recomendó dejar pasar al menos dos horas entre la última comida y el momento de acostarse. Este periodo permite que el organismo avance en la digestión antes de entrar en la fase de descanso.

Por otro lado, la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (AASM) señala que los alimentos con un índice glucémico elevado, como algunos cereales procesados, pueden provocar aumentos rápidos de glucosa seguidos de descensos bruscos, lo que podría afectar la continuidad y calidad del sueño.

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