Actividad física y riesgo de demencia: una sorprendente brecha entre el trabajo y el ocio

Una nueva investigación sugiere que no toda la actividad física tiene el mismo efecto sobre el riesgo de demencia.
Aunque mantener niveles elevados de actividad física se relacionó, en general, con una menor probabilidad de desarrollar demencia, los beneficios fueron diferentes dependiendo del contexto en el que se realizaba.
El metanálisis, publicado en The Lancet Public Health, reunió 74 estudios y más de 4.2 millones de participantes de 30 países, con una mediana de seguimiento de aproximadamente 10 años.
En comparación con los niveles más bajos de actividad física, los niveles elevados se asociaron con:
20 % menos riesgo de demencia por cualquier causa. 29 % menos riesgo de demencia vascular. 21 % menos riesgo de enfermedad de Alzheimer.
Sin embargo, cuando los investigadores analizaron dónde se realizaba la actividad, encontraron diferencias importantes.
La actividad física durante el tiempo libre se relacionó con un 24 % menor riesgo de demencia, mientras que la actividad física realizada como parte del trabajo se asoció con un 20 % mayor riesgo. La actividad física relacionada con los desplazamientos también mostró una asociación desfavorable, con un incremento aproximado del 10 %.
Los investigadores advierten que esto no significa que el ejercicio en el trabajo provoque demencia. Se trata de un estudio observacional y, por lo tanto, no permite establecer una relación causal.
¿Por qué podría existir esta diferencia?
Los autores plantean que la actividad física laboral suele desarrollarse en circunstancias muy distintas al ejercicio voluntario. Los trabajos físicamente exigentes pueden implicar estrés crónico, movimientos repetitivos, pocas oportunidades de recuperación y exposición a ruido, sustancias u otros factores ambientales.
Además, las personas que desempeñan trabajos manuales pueden presentar otros factores asociados con el riesgo de demencia, como menor nivel educativo, menor acceso a actividades cognitivamente estimulantes, tabaquismo u otras condiciones sociales y laborales.
En contraste, el ejercicio realizado durante el tiempo libre suele combinarse con interacción social, actividades cognitivamente estimulantes y mejores condiciones de recuperación.
Por ello, los investigadores consideran que la llamada “paradoja de la actividad física” podría explicar por qué una gran cantidad de movimiento durante la jornada laboral no necesariamente proporciona los mismos beneficios que caminar, correr, nadar, andar en bicicleta u otras actividades realizadas voluntariamente.
¿Significa que las personas con trabajos físicos deberían hacer menos ejercicio?
No. Los investigadores no recomiendan evitar los trabajos físicamente activos.
El mensaje principal es que, cuando sea posible, conviene incorporar actividad física recreativa adicional, especialmente aquella que sea moderada o vigorosa y que se realice en condiciones favorables de descanso y recuperación.
También destacan la importancia de mejorar las condiciones laborales, reducir exposiciones perjudiciales y facilitar el acceso a parques, senderos, instalaciones deportivas y espacios seguros para realizar ejercicio.
Un hallazgo importante, pero que debe interpretarse con cautela
Este es uno de los metanálisis más grandes realizados hasta ahora sobre actividad física y demencia. Sin embargo, al basarse principalmente en estudios observacionales, no demuestra que la actividad laboral aumente directamente el riesgo de demencia ni que el ejercicio recreativo la prevenga por sí solo.
Además, podría existir causalidad inversa: por ejemplo, personas que comienzan a desarrollar cambios cognitivos podrían modificar su actividad física antes de recibir un diagnóstico de demencia.
Aun con estas limitaciones, los resultados refuerzan una idea importante: para la salud cerebral no necesariamente importa únicamente cuánto nos movemos, sino también cómo, cuándo y en qué condiciones lo hacemos.
En términos prácticos, tener un empleo físicamente exigente no debería considerarse un sustituto del ejercicio recreativo. La actividad física continúa siendo beneficiosa para la salud cardiovascular, metabólica y cerebral, pero añadir ejercicio voluntario y actividades sociales o cognitivamente estimulantes podría ofrecer ventajas adicionales.
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