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10 minutos de trote suave podrían mejorar el ánimo y la concentración

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo

Un estudio publicado en 2026 encontró que una sesión de apenas 10 minutos de trote a muy baja intensidad puede producir cambios inmediatos en el estado de ánimo y algunos aspectos de la función cognitiva en adultos jóvenes.

La investigación, dirigida por científicos de la Universidad de Tsukuba, Japón, sugiere que no siempre es necesario realizar ejercicio intenso o prolongado para obtener determinados beneficios cerebrales.

Los investigadores observaron cambios en la actividad de regiones cerebrales relacionadas con la regulación emocional y las funciones ejecutivas, entre ellas la corteza prefrontal lateral izquierda. Después de la sesión, los participantes mostraron mejoras en medidas relacionadas con el ánimo y el rendimiento cognitivo.

Sin embargo, es importante considerar que se trató de un estudio pequeño, por lo que sus resultados son prometedores, pero todavía no permiten afirmar que 10 minutos de trote produzcan los mismos beneficios en todas las personas.

¿Cómo se realizó el estudio?

La investigación, publicada en Imaging Neuroscience, incluyó a 24 adultos jóvenes sanos.

Los participantes realizaron una sesión única de trote muy lento, aproximadamente al 35 % de su consumo máximo de oxígeno (VO₂ máx.). La frecuencia cardiaca promedio durante la actividad se situó alrededor de 105 a 107 latidos por minuto.

Antes y después del ejercicio, los investigadores evaluaron diferentes aspectos del estado de ánimo y de la función ejecutiva. También utilizaron técnicas de neuroimagen para analizar los cambios en la actividad cerebral.

Una característica interesante fue la intensidad utilizada: el ritmo era lo suficientemente bajo como para que algunas personas pudieran desplazarse a una velocidad similar caminando rápidamente.

¿Qué ocurrió en el cerebro?

Uno de los hallazgos más llamativos fue el aumento de actividad observado en la corteza prefrontal lateral izquierda, una región relacionada con procesos como la regulación emocional, la atención y la toma de decisiones.

Los investigadores también exploraron si el movimiento vertical de la cabeza característico del trote podía desempeñar algún papel.

A diferencia de caminar o pedalear, correr genera un patrón de movimiento con una mayor oscilación vertical. Los resultados plantean la posibilidad de que este componente del movimiento contribuya a la respuesta cerebral observada.

Sin embargo, esto debe considerarse una hipótesis que requiere más investigación, y no significa que el movimiento de la cabeza sea por sí solo responsable de mejorar el estado de ánimo.

¿Por qué podría ser diferente correr de caminar o pedalear?

El estudio buscó analizar específicamente el efecto del trote, ya que correr involucra una combinación particular de movimientos, coordinación y estímulos sensoriales.

Los investigadores plantean que incluso cuando la intensidad es baja, el patrón de movimiento generado durante el trote podría proporcionar al cerebro estímulos diferentes de los producidos por otras formas de ejercicio.

Esto resulta interesante porque buena parte de la investigación sobre ejercicio y función cerebral se ha realizado utilizando actividades como el ciclismo, que permiten controlar con mayor facilidad la intensidad del esfuerzo.

¿Hay que correr rápido para obtener beneficios?

No necesariamente.

Uno de los mensajes principales del estudio es que la actividad física no tiene que ser extenuante para producir determinados cambios inmediatos en el cerebro.

En este caso, los participantes realizaron solamente 10 minutos de trote a muy baja intensidad.

Esto podría ser especialmente interesante para personas que disponen de poco tiempo o que no están acostumbradas a realizar ejercicio intenso.

Sin embargo, el estudio no demuestra que exactamente 10 minutos sean la cantidad óptima para todas las personas ni que una sola sesión produzca beneficios duraderos.

¿Quién podría beneficiarse?

La investigación se realizó exclusivamente en adultos jóvenes sanos, por lo que no es posible extrapolar directamente los resultados a todas las edades o condiciones de salud.

Aun así, el ejercicio de intensidad ligera puede ser una alternativa práctica para quienes desean incorporar más movimiento a su día.

Puede resultar especialmente atractivo para:

Personas con poco tiempo disponible para hacer ejercicio.

Quienes están comenzando a incorporar actividad física.

Personas que buscan una pausa activa durante la jornada.

Quienes desean realizar actividad física sin recurrir a entrenamientos extenuantes.

En personas con enfermedades cardiovasculares, lesiones, síntomas durante el ejercicio u otras condiciones médicas, el tipo e intensidad de actividad deben individualizarse.

¿Cómo incorporar el trote suave a la rutina?

Para quienes ya pueden realizar actividad física de forma segura, una sesión breve puede integrarse fácilmente en la rutina diaria.

Algunas recomendaciones son:

Comenzar con unos minutos de caminata y aumentar progresivamente el ritmo.

Mantener una intensidad cómoda que permita controlar la respiración.

Utilizar calzado adecuado.

Evitar aumentar repentinamente la velocidad o la duración.

Detenerse ante dolor torácico, mareo, falta de aire desproporcionada u otros síntomas preocupantes.

No es necesario buscar una frecuencia cardiaca específica para intentar reproducir los resultados del estudio. La intensidad adecuada depende de la condición física de cada persona.

¿Qué significa realmente este descubrimiento?

El principal interés del estudio es mostrar que una cantidad muy pequeña de actividad física puede asociarse con cambios inmediatos en el estado de ánimo y la función cerebral.

Esto refuerza una idea importante: cuando se trata de actividad física, incluso sesiones breves pueden ser una forma de comenzar.

Pero hay que poner los resultados en contexto. Se trató de solo 24 participantes, todos adultos jóvenes y sanos, y se evaluó el efecto de una única sesión. Por ello, todavía se necesitan estudios más grandes y prolongados para determinar si estos efectos se mantienen con el tiempo y si aparecen de manera similar en otros grupos de población.

Por ahora, el mensaje más prudente es sencillo: no siempre hace falta entrenar durante una hora o correr a gran velocidad para empezar a movernos y obtener posibles beneficios para el bienestar mental. Una breve sesión de actividad física puede ser un buen punto de partida.

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