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Vivir solo se relaciona con un mayor riesgo de mortalidad, especialmente en adultos

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo

Vivir solo podría estar relacionado con un incremento del riesgo de muerte por diversas causas, particularmente entre adultos jóvenes y de mediana edad. Un estudio publicado el 27 de octubre en International Journal of Epidemiology encontró que esta asociación era más pronunciada en personas de 18 a 64 años que en adultos mayores.

De acuerdo con los resultados, vivir solo se relacionó con un aumento del 22 % en el riesgo general de mortalidad entre los adultos menores de 65 años, mientras que en las personas de 65 años o más el incremento fue del 6 %.

Los investigadores aclararon que esta situación no significa que vivir sin compañía sea perjudicial por sí mismo. En cambio, factores relacionados con los hábitos de salud, las enfermedades preexistentes y el acceso a la atención médica podrían explicar buena parte de las diferencias observadas.

¿Qué encontró la investigación?

El equipo analizó información de salud y registros de mortalidad de más de 598,000 adultos estadounidenses, recopilados entre 1998 y 2018 mediante encuestas federales.

Entre las personas de 18 a 64 años, vivir solas se asoció con un mayor riesgo de morir por distintas causas:

Suicidio: 58 % más.

Enfermedades cardíacas: 41 % más.

Diabetes: 34 % más.

Cáncer colorrectal: 27 % más.

Lesiones: 27 % más.

Accidente cerebrovascular y otras enfermedades cerebrovasculares: 23 % más.

Accidentes: 17 % más.

En los adultos de 65 años o más también se identificaron asociaciones importantes, principalmente con la mortalidad por suicidio, cuyo riesgo fue 103 % mayor entre quienes vivían solos. Asimismo, se observaron incrementos del 28 % para hipertensión arterial, 16 % para lesiones y 11 % para enfermedades cardíacas.

¿Por qué vivir solo podría relacionarse con estos riesgos?

Los investigadores señalaron que las diferencias en los hábitos cotidianos y las condiciones de salud pueden explicar una parte considerable de la asociación.

Entre los factores identificados se encuentran:

Mayor frecuencia de tabaquismo y consumo excesivo de alcohol.

Alimentación con mayor presencia de productos salados y menor consumo de alimentos saludables.

Menor frecuencia de consultas médicas y revisiones preventivas.

Dificultades para controlar enfermedades crónicas y atender oportunamente problemas de salud.

En conjunto, estos factores explicaron el 57 % de la diferencia en el riesgo general de mortalidad entre las personas de 18 a 64 años y el 85 % entre los adultos mayores.

Hyunjung Lee, investigadora principal y científica de la American Cancer Society, explicó que vivir solo no representa necesariamente una condición desfavorable. Sin embargo, las personas que no comparten su hogar con alguien pueden presentar circunstancias que dificulten el mantenimiento de hábitos saludables o el acceso oportuno a la atención médica.

Una tendencia que merece atención

La proporción de personas que viven solas en Estados Unidos ha aumentado considerablemente durante las últimas décadas. Pasó del 7.6 % de la población en 1967, equivalente a 9.4 millones de personas, al 14.8 % en 2023, alrededor de 38.1 millones.

Ante este panorama, los autores consideran importante desarrollar estrategias que permitan identificar a quienes podrían necesitar mayor apoyo, especialmente cuando presentan enfermedades crónicas, factores de riesgo cardiovascular, problemas de salud mental o dificultades para acceder a servicios médicos.

Entre las medidas propuestas destacan mejorar el acceso a la atención preventiva, fortalecer el seguimiento de enfermedades crónicas, promover hábitos alimentarios saludables y facilitar la detección de problemas de salud mental y la prevención de lesiones.

Vivir solo no equivale necesariamente a estar aislado

Es importante distinguir entre vivir solo y experimentar soledad o aislamiento social. Una persona puede vivir de manera independiente y mantener relaciones sociales satisfactorias, mientras que otra puede sentirse aislada incluso cuando comparte su hogar con familiares o compañeros.

Por ello, los resultados no demuestran que vivir solo sea la causa directa de una mayor mortalidad. Se trata de una asociación en la que intervienen diversos factores individuales y sociales.

En conclusión, el estudio destaca la importancia de prestar atención a las condiciones de salud y los hábitos de las personas que viven solas, sin asumir que esta forma de vida es perjudicial por sí misma. Identificar factores modificables y facilitar el acceso a servicios médicos y redes de apoyo podría contribuir a reducir los riesgos asociados.

 

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