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Un estudio europeo revela el lado menos conocido del deporte infantil

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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Practicar un deporte puede aportar importantes beneficios durante la infancia: ayuda a desarrollar habilidades para manejar la frustración, fortalece la confianza y favorece el sentido de pertenencia a un grupo.

Sin embargo, cuando la actividad está acompañada de una presión excesiva, también puede convertirse en una fuente de ansiedad, miedo a equivocarse o preocupación constante por el rendimiento.

La diferencia no necesariamente está en el deporte que practica el menor, sino en el entorno que lo acompaña. Los comentarios de los entrenadores, la manera en que los padres reaccionan durante los partidos y las expectativas sobre los resultados pueden determinar en buena medida cómo vive el niño su experiencia deportiva.

Uno de cada tres jóvenes evaluados presentaba algún riesgo psicológico

Esta conclusión forma parte del proyecto PsiDE (Promoción del bienestar psicológico en futbolistas menores de edad), una iniciativa desarrollada con jóvenes futbolistas de clubes de la Comunidad de Madrid, España.

El programa fue impulsado por la Fundación del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid y la Real Federación de Fútbol de Madrid, con el objetivo de promover el bienestar psicológico y detectar posibles dificultades emocionales entre los deportistas en formación.

Antes de la intervención, aproximadamente 35% de los participantes presentaba algún indicador de riesgo psicológico. Además, alrededor del 7% mostraba niveles bajos o muy bajos de bienestar y cerca del 3% presentaba indicadores compatibles con sintomatología depresiva.

De acuerdo con Ana de Cevallos, psicóloga general sanitaria y deportiva y coordinadora técnica del proyecto, estas situaciones son observadas con cierta frecuencia entre jóvenes deportistas. Ansiedad, dificultades relacionadas con la autoestima, miedo al fracaso y problemas para gestionar las emociones pueden aparecer incluso cuando el deporte forma parte de una experiencia generalmente positiva.

La especialista señala que el deporte no es, por sí mismo, la causa de estos problemas, pero tampoco garantiza que desaparezcan. Una actividad que podría favorecer el bienestar puede convertirse en una fuente de estrés cuando existe una presión constante por ganar, cargas de entrenamiento excesivas o expectativas que no corresponden con la edad y el nivel del menor.

La intervención estuvo dirigida a jugadores y adultos de su entorno

El proyecto no se limitó a trabajar directamente con los jóvenes. La intervención también involucró a entrenadores, familias y responsables de los clubes, al considerar que todos ellos forman parte del entorno en el que se desarrolla el deportista.

Entre los aspectos abordados estuvieron la regulación emocional, la confianza, la motivación y la comunicación. Al mismo tiempo, se proporcionaron herramientas a los adultos para reconocer cómo sus conductas y mensajes pueden influir en la experiencia de los jugadores.

Después de la intervención se observaron cambios favorables. El grupo de jóvenes que presentaba mayores niveles de malestar psicológico disminuyó en torno a un 12%, mientras que también se redujo el riesgo general de problemas psicológicos. Entre quienes mostraban indicadores compatibles con sintomatología depresiva, esta disminuyó aproximadamente a la mitad.

Los clubes participantes también registraron una mejora en sus medidas relacionadas con protección y bienestar, cuyo nivel de cumplimiento pasó del 76% al 86%.

Aunque estos resultados son alentadores, deben interpretarse dentro del contexto y diseño específico del proyecto; una intervención de este tipo no significa que el deporte pueda prevenir por sí solo los trastornos de salud mental.

Padres y entrenadores pueden marcar una diferencia

Durante las etapas de formación, los adultos tienen una influencia importante en la manera en que los niños interpretan sus triunfos, derrotas y errores.

Un mismo partido puede convertirse en una oportunidad para aprender o en una experiencia cargada de ansiedad dependiendo de los mensajes que recibe el menor. Cuando el énfasis está puesto en el esfuerzo, el aprendizaje y el disfrute, es posible favorecer una relación más saludable con el deporte.

En cambio, cuando el resultado se convierte en la principal medida de éxito y los errores son recibidos con críticas, reproches o enojo, el niño puede comenzar a asociar la práctica deportiva con miedo al fracaso o con la necesidad permanente de satisfacer las expectativas de los adultos.

Por esta razón, el proyecto PsiDE trabajó con entrenadores para aumentar su conciencia sobre el impacto que pueden tener sus actitudes y formas de comunicación en los jóvenes.

La salud mental también forma parte de la formación deportiva

La experiencia del proyecto plantea que el bienestar psicológico debería considerarse un componente más de la formación de niños y adolescentes que practican deporte.

No se trata de eliminar la competencia ni de evitar que los jóvenes enfrenten frustraciones. El objetivo es que puedan aprender a manejar la derrota, reconocer sus errores y desarrollar habilidades emocionales sin sentir que su valor personal depende de ganar o rendir al máximo.

La detección temprana de señales de ansiedad, tristeza persistente, pérdida de motivación, miedo intenso a equivocarse o cambios importantes en la conducta puede facilitar que los menores reciban apoyo antes de que las dificultades se agraven.

En este sentido, cuidar la salud mental de los jóvenes deportistas requiere mirar más allá del terreno de juego. El comportamiento de entrenadores, familias, compañeros y responsables de los clubes forma parte del ecosistema deportivo y puede contribuir a que el deporte sea una experiencia de crecimiento, aprendizaje y bienestar.

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