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Trastorno por consumo de THC aumenta entre hombres y mujeres en Estados Unidos

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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El consumo de cannabis ha aumentado y se ha normalizado en distintos sectores de Estados Unidos durante los últimos años. Sin embargo, una investigación reciente publicada en JAMA Psychiatry señala que esta mayor disponibilidad y aceptación también coinciden con un incremento del trastorno por consumo de cannabis (CUD) tanto en hombres como en mujeres.

El estudio analizó datos de más de 180 mil adultos recopilados entre 2021 y 2024. Durante ese periodo, la proporción de hombres que cumplían criterios para este trastorno pasó de 7.3% a 9.3%, mientras que entre las mujeres aumentó de 4.5% a 5.6%.

También se observó un crecimiento en los casos de intensidad moderada a grave: de 3.1% a 4.1% en hombres y de 1.7% a 2.5% en mujeres. Los incrementos fueron especialmente notorios entre adultos de mediana edad y personas mayores.

¿Qué es el trastorno por consumo de cannabis?

El trastorno por consumo de cannabis no se determina simplemente por la cantidad o frecuencia con la que una persona utiliza marihuana. Se caracteriza principalmente por dificultades para controlar el consumo y consecuencias importantes derivadas de su utilización.

Entre las señales pueden encontrarse:

Consumir más cannabis del que originalmente se tenía previsto. Sentir deseos intensos o difíciles de controlar de consumirlo. Dedicar mucho tiempo a conseguir o utilizar la sustancia. Intentar reducir el consumo sin conseguirlo. Continuar consumiendo pese a problemas físicos, psicológicos, laborales, escolares o sociales. Permitir que el cannabis interfiera con las actividades cotidianas.

Por ello, consumir cannabis ocasionalmente no significa necesariamente que exista un trastorno. Lo importante es determinar hasta qué punto existe pérdida de control y cuánto afecta el consumo a la vida de la persona.

La percepción de riesgo podría estar cambiando

Uno de los aspectos que preocupa a los investigadores es que una parte de la población considera actualmente al cannabis una sustancia relativamente segura.

La legalización para determinados usos en varios estados estadounidenses ha contribuido a modificar su disponibilidad y percepción social. Sin embargo, que una sustancia sea legal no significa que esté exenta de riesgos.

De hecho, los datos del estudio muestran que en 2024 aproximadamente 36% de los hombres que consumían cannabis cumplían criterios para el trastorno por consumo de cannabis, lo que ilustra la importancia de diferenciar entre consumo y consumo problemático.

Los productos actuales pueden contener más THC

Otro elemento relevante es la potencia de los productos disponibles actualmente.

El tetrahidrocannabinol (THC) es el principal componente psicoactivo del cannabis. Algunos productos modernos contienen concentraciones considerablemente mayores que las que eran habituales décadas atrás.

Los investigadores plantean que una combinación de mayor potencia, disponibilidad y menor percepción de riesgo podría estar contribuyendo al aumento observado del trastorno.

Esto no significa que toda persona que consuma productos con altas concentraciones de THC vaya a desarrollar una dependencia. El riesgo depende también de factores individuales, la frecuencia de consumo, la cantidad utilizada y otros aspectos relacionados con la salud.

El cannabis también puede tener usos médicos

El aumento del trastorno por consumo de cannabis no significa que todas sus aplicaciones sean perjudiciales ni que todas las personas respondan de la misma manera.

Algunos cannabinoides tienen aplicaciones médicas reconocidas, entre ellas determinadas situaciones relacionadas con el dolor neuropático y el control de las náuseas y vómitos provocados por ciertos tratamientos contra el cáncer.

Sin embargo, los posibles beneficios médicos no eliminan sus efectos adversos. Fumar cannabis puede asociarse con problemas respiratorios, mientras que su consumo también se ha relacionado con determinados problemas de salud mental y trastornos psicóticos.

Otro efecto adverso que puede presentarse es el síndrome de hiperémesis cannabinoide, caracterizado por episodios recurrentes de náuseas, vómitos y dolor abdominal. Los casos graves pueden provocar una deshidratación importante.

Estas asociaciones no significan que el cannabis sea la única causa de todos estos problemas, pero sí justifican una evaluación individual de riesgos y beneficios.

¿Cómo reconocer un consumo problemático?

Una señal importante es que la persona quiera reducir o detener el consumo y tenga dificultades para hacerlo.

También merece atención cuando el cannabis comienza a interferir con:

El trabajo o los estudios. Las relaciones familiares o sociales. El sueño y las actividades cotidianas. La salud física o mental. La capacidad para cumplir responsabilidades.

Otro indicador puede ser continuar consumiendo a pesar de reconocer que la sustancia está provocando consecuencias negativas.

El objetivo no debería ser juzgar a la persona, sino identificar tempranamente el problema y facilitar el acceso a ayuda.

La prevención requiere información y detección temprana

Los investigadores plantean que la respuesta de salud pública debería evitar tanto la normalización absoluta del cannabis como la estigmatización de quienes desarrollan problemas relacionados con su consumo.

La educación resulta fundamental, especialmente porque los productos actuales pueden diferir considerablemente en potencia y formas de administración.

También puede ser útil que los profesionales de atención primaria pregunten de manera rutinaria sobre el consumo de cannabis, particularmente cuando una persona consulta por problemas de sueño, ansiedad u otras dificultades y utiliza la sustancia como una forma de automedicación.

Una conversación temprana puede ayudar a identificar patrones problemáticos antes de que las consecuencias sean mayores.

¿Tiene tratamiento el trastorno por consumo de cannabis?

Sí. Las personas con trastorno por consumo de cannabis pueden beneficiarse de intervenciones psicológicas y conductuales basadas en evidencia.

El tratamiento debe adaptarse a las circunstancias de cada persona. En algunos casos, el objetivo puede ser reducir el consumo y, en otros, suspenderlo completamente.

También es importante evaluar si existen otros problemas de salud mental o consumo de sustancias que estén contribuyendo al patrón de consumo. Por ejemplo, si una persona utiliza cannabis para intentar controlar ansiedad o dificultades para dormir, abordar únicamente el consumo puede no ser suficiente.

Una evaluación integral permite identificar qué factores están manteniendo el comportamiento y determinar qué tipo de apoyo puede resultar más apropiado.

Un cambio que merece atención

Los datos publicados en JAMA Psychiatry muestran una tendencia importante: el trastorno por consumo de cannabis aumentó entre hombres y mujeres estadounidenses entre 2021 y 2024, incluyendo un incremento de los casos moderados y graves.

El fenómeno resulta especialmente relevante porque los mayores aumentos se observaron también entre adultos de mediana edad y mayores, grupos que con frecuencia reciben menos atención cuando se habla de consumo problemático de cannabis.

En conjunto, los resultados recuerdan que mayor disponibilidad y menor percepción de riesgo no significan ausencia de consecuencias. El cannabis puede tener usos médicos específicos, pero también puede generar un patrón de consumo difícil de controlar. Reconocer las señales tempranas y buscar orientación profesional puede ayudar a evitar que el problema avance.

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