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Tener muy poca grasa corporal también puede afectar la salud

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo

Buscar un porcentaje extremadamente bajo de grasa corporal puede parecer sinónimo de una excelente condición física, pero llevar esta reducción al límite puede tener consecuencias para la salud.

El tejido adiposo no solo almacena energía: también participa en la regulación hormonal, la temperatura corporal, el sistema inmunológico, la salud ósea y la función reproductiva.

¿Por qué necesitamos grasa corporal?

El tejido adiposo funciona como una reserva energética. Cuando consumimos más energía de la que utilizamos, los adipocitos almacenan nutrientes en forma de grasa, que posteriormente puede ser utilizada cuando el organismo necesita energía.

Pero sus funciones van mucho más allá del almacenamiento. Las células adiposas producen sustancias que participan en la comunicación entre diferentes órganos y ayudan al cerebro a conocer el estado de las reservas energéticas.

Una de las hormonas más importantes es la leptina, que interviene en la regulación del apetito y comunica al organismo si existe suficiente energía disponible para mantener funciones como la reproducción y la respuesta inmunológica.

¿Qué ocurre cuando el porcentaje de grasa es demasiado bajo?

Cuando una persona mantiene durante mucho tiempo una restricción energética severa, el organismo puede interpretar que existe una falta de recursos y comenzar a reducir funciones que no considera prioritarias para la supervivencia inmediata.

En estas circunstancias puede producirse pérdida de masa muscular, además de alteraciones en la formación y mantenimiento de los huesos. Esto puede favorecer una menor densidad ósea y aumentar el riesgo de fracturas.

La disponibilidad insuficiente de energía también puede afectar la capacidad del organismo para responder adecuadamente ante una infección u otra situación de estrés físico.

¿Puede afectar las hormonas?

Sí. Una alimentación insuficiente y un porcentaje excesivamente bajo de grasa pueden alterar el funcionamiento del sistema hormonal.

En los hombres, la baja disponibilidad energética puede asociarse con una disminución de testosterona, menor energía y reducción del rendimiento físico.

En las mujeres deportistas, una ingesta energética insuficiente puede provocar alteraciones del ciclo menstrual, incluida la ausencia de menstruación. Estas alteraciones forman parte de los problemas relacionados con la baja disponibilidad energética en el deporte.

Cuando la pérdida de grasa y peso es extrema, como puede ocurrir en trastornos de la conducta alimentaria, pueden presentarse alteraciones importantes en distintos órganos y existir un riesgo grave para la salud.

¿Existe un porcentaje ideal de grasa corporal?

No hay una cifra universal que sea adecuada para todas las personas. El porcentaje saludable depende de factores como edad, sexo, genética, masa muscular y nivel de actividad física.

Como referencia general, los rangos suelen ser mayores en mujeres que en hombres debido, entre otros factores, a las diferencias fisiológicas en la composición corporal.

Además, los atletas pueden presentar porcentajes inferiores a los de la población general, pero esto no significa que alcanzar niveles extremadamente bajos mejore necesariamente el rendimiento o la salud.

De hecho, las mediciones realizadas en cientos de deportistas han cuestionado la idea de que una condición física de alto nivel requiera porcentajes de grasa cercanos al 1% o 2%.

¿Importa dónde se acumula la grasa?

Sí. La salud no depende únicamente de la cantidad total de grasa, sino también de su distribución.

La grasa visceral, que se encuentra alrededor de los órganos abdominales, puede ser especialmente perjudicial cuando se acumula en exceso. Este tejido tiene actividad metabólica y puede favorecer procesos inflamatorios y alteraciones relacionadas con la presión arterial y el metabolismo de la glucosa.

Por ello, una persona puede tener un porcentaje de grasa aparentemente moderado y, aun así, presentar una distribución abdominal que aumente su riesgo metabólico.

¿Cómo se puede medir la grasa corporal?

Existen diferentes métodos, aunque ninguno es perfecto.

La densitometría DEXA permite evaluar de manera detallada la cantidad de grasa, masa muscular y masa ósea, pero requiere equipo especializado.

Los pliegues cutáneos pueden ofrecer una estimación de la grasa corporal, aunque dependen de la técnica utilizada y no permiten valorar directamente la grasa visceral.

Las básculas de bioimpedancia eléctrica también proporcionan estimaciones, pero sus resultados pueden variar según factores como la hidratación.

Para valorar la acumulación abdominal pueden utilizarse medidas sencillas como la circunferencia de cintura y la relación entre cintura y estatura, que pueden aportar información sobre el riesgo metabólico.

¿Cómo mantener una composición corporal saludable?

El objetivo no debería ser alcanzar el porcentaje de grasa más bajo posible, sino mantener una composición corporal compatible con la salud y el funcionamiento adecuado del organismo.

Una alimentación suficiente y equilibrada, el consumo adecuado de proteínas, la actividad física regular y el entrenamiento de fuerza ayudan a conservar la masa muscular y ósea.

Con el envejecimiento es habitual que aumente la proporción de grasa mientras disminuyen progresivamente la masa muscular y ósea. Por ello, mantener hábitos saludables a largo plazo resulta más importante que perseguir niveles extremos de definición corporal.

En definitiva, tener menos grasa no siempre significa estar más saludable. El tejido adiposo cumple funciones esenciales y reducirlo de manera excesiva puede terminar perjudicando precisamente los sistemas que se buscan proteger.

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