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Qué riesgo enfrentan los bebés prematuros después de salir de terapia intensiva

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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Los bebés que nacen de forma prematura son especialmente sensibles a distintos factores ambientales durante sus primeros meses de vida, ya que en esta etapa sus pulmones aún están en proceso de maduración. Entre esos factores, la contaminación del aire ha cobrado relevancia debido a la evidencia que la vincula con problemas respiratorios en la infancia.

De acuerdo con un análisis publicado en The Conversation, el neonatólogo y profesor de pediatría Tim Nelin explicó que la exposición a las partículas finas PM2.5 puede aumentar el riesgo de complicaciones respiratorias en los bebés prematuros, incluso cuando la contaminación se mantiene por debajo de los niveles que durante años fueron considerados seguros.

Las PM2.5 son diminutas partículas generadas principalmente por las emisiones de vehículos, plantas eléctricas e industrias. Gracias a su reducido tamaño, pueden penetrar profundamente en los pulmones e incluso ingresar al torrente sanguíneo, lo que representa un riesgo importante para la salud.

El especialista señaló que la exposición a estos contaminantes puede comenzar desde el embarazo. Diversos estudios han relacionado la contaminación atmosférica con un mayor riesgo de parto prematuro, una condición que incrementa la probabilidad de que el recién nacido necesite atención médica especializada.

Además, la exposición no termina tras el nacimiento. Si el bebé vive en un entorno con altos niveles de contaminación, continúa inhalando estas partículas durante un periodo clave para el desarrollo de sus pulmones. De esta forma, muchos niños experimentan una doble exposición: antes de nacer y durante sus primeros meses de vida.

Para evaluar este impacto, investigadores analizaron a 378 bebés prematuros con displasia broncopulmonar (DBP), una enfermedad pulmonar crónica frecuente en recién nacidos prematuros que requieren soporte respiratorio durante su estancia hospitalaria.

El estudio, realizado con pacientes atendidos en unidades de cuidados intensivos neonatales vinculadas al Hospital Infantil de Filadelfia, utilizó un modelo de contaminación atmosférica para calcular la exposición anual a PM2.5 en los hogares de los niños. Posteriormente, los investigadores compararon esos niveles con la aparición de enfermedades respiratorias durante el primer año después del alta médica.

Los resultados, citados por Nelin, mostraron que la exposición promedio de los bebés estaba por debajo del límite anual establecido durante años en Estados Unidos. Sin embargo, incluso pequeños incrementos en la concentración de PM2.5 se asociaron con un mayor riesgo de que los niños con displasia broncopulmonar de grado 1 —la forma más leve y común de la enfermedad— desarrollaran problemas respiratorios que requirieran atención de urgencia.

Los investigadores también dieron seguimiento a estos niños durante los primeros años de vida. Según el especialista, una mayor exposición a las partículas PM2.5 durante el primer año tras el alta hospitalaria se relacionó con un incremento en el riesgo de desarrollar asma a los cinco años de edad.

El informe también destacó que el reporte Estado del Aire 2026, elaborado por la Asociación Estadounidense del Pulmón, volvió a identificar la mala calidad del aire como un problema persistente en la región de Filadelfia.

Para disminuir la exposición a estos contaminantes, Nelin recomendó utilizar purificadores de aire en espacios interiores, evitar actividades al aire libre cuando la calidad del aire sea deficiente y mantener las ventanas cerradas durante episodios de humo ocasionados por incendios forestales.

Asimismo, subrayó la importancia de implementar medidas a nivel comunitario. En 2024, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) redujo el límite anual permitido para las partículas PM2.5, pasando de 12 a 9 microgramos por metro cúbico, tras comprobarse que estas partículas pueden afectar la salud incluso en concentraciones previamente consideradas seguras.

Finalmente, el especialista indicó que otras estrategias también pueden contribuir a mejorar la calidad del aire, como reducir las emisiones del tráfico cerca de viviendas, escuelas y guarderías, fortalecer los controles sobre la contaminación industrial, incorporar vehículos eléctricos en las flotas municipales, promover viviendas con mejores condiciones ambientales y ampliar las áreas verdes mediante la plantación de árboles.

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