Qué le pasa al corazón durante un partido decisivo: cómo reacciona ante un final

Cuando restaban apenas unos segundos para finalizar el partido, la Selección Argentina buscaba con insistencia el gol que evitara disputar el tiempo suplementario frente a Egipto.
Entonces llegó el tanto del 3-2, desatando una enorme celebración entre los jugadores y millones de aficionados. Mientras para los hinchas fue un momento de alegría inolvidable, para el organismo representó una de las situaciones de mayor estrés que una persona puede experimentar incluso permaneciendo sentada frente al televisor.
Aunque pueda parecer sorprendente, el cuerpo reacciona de manera muy similar ante una amenaza real y ante la tensión de un partido decisivo. Durante esos momentos aumenta la frecuencia cardíaca, se eleva la presión arterial y se liberan hormonas como la adrenalina y el cortisol, preparando al organismo para responder a una situación de peligro. En la mayoría de las personas estos cambios desaparecen poco después del encuentro, pero en quienes padecen enfermedades cardiovasculares o presentan factores de riesgo, esa respuesta fisiológica puede favorecer la aparición de un evento cardíaco.
Esta fue una de las principales explicaciones del Martín Lombardero (M.N. 79.096), miembro de la Sociedad Argentina de Cardiología y autor del libro El corazón es consciente, durante una entrevista en Infobae al Regreso, donde analizó cómo un encuentro tan intenso como el disputado entre Argentina y Egipto representa un importante desafío para el sistema cardiovascular.
El especialista explicó que los seres humanos no están adaptados evolutivamente para afrontar este tipo de estrés emocional. Según señaló, el organismo evolucionó para responder ante amenazas como un depredador, un accidente o una catástrofe, pero un partido de fútbol con constantes cambios de emociones provoca una intensa activación fisiológica en muy poco tiempo, generando una especie de "tormenta emocional" para la cual nuestro cerebro no fue diseñado.
Ante este tipo de situaciones, el cerebro pone en marcha de forma automática los mecanismos de supervivencia. Como consecuencia, el corazón comienza a latir con mayor rapidez incluso antes de que la persona procese racionalmente lo que está ocurriendo. En palabras de Lombardero, el corazón responde prácticamente de inmediato a todo aquello que pasa por la mente.
No obstante, el cardiólogo aclaró que las emociones, por sí mismas, rara vez desencadenan un problema cardíaco en personas sanas. Explicó que el estrés emocional actúa como un detonante, pero no constituye la causa principal de un evento cardiovascular. El mayor riesgo se presenta en personas con hipertensión arterial, enfermedad coronaria, antecedentes de infarto agudo de miocardio o alguna afección cardiovascular aún no diagnosticada. En quienes tienen un corazón sano, la probabilidad de sufrir complicaciones es muy baja.
Las investigaciones científicas respaldan esta observación. Durante la Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006, las emergencias cardiovasculares fueron aproximadamente 2.6 veces más frecuentes mientras disputaba sus encuentros la selección alemana. De igual manera, tras la eliminación de Inglaterra frente a Argentina en los penales durante la Copa Mundial de la FIFA Francia 1998, las hospitalizaciones por infarto aumentaron alrededor de un 25 %. Además, diversos metaanálisis han encontrado que presenciar partidos de fútbol se relaciona con un incremento cercano al 20 % en el riesgo de infarto no fatal y del 17 % en otros eventos cardiovasculares agudos.
Frente a este panorama, Lombardero aconseja que las personas con factores de riesgo cardiovascular eviten sumar otras cargas al organismo durante los partidos. Recomienda no consumir bebidas alcohólicas, evitar las comidas abundantes y limitar los excesos alimentarios, especialmente en personas con hipertensión, diabetes, tabaquismo, sobrepeso o antecedentes de enfermedad cardíaca.
Asimismo, desaconseja realizar ejercicio intenso inmediatamente después del encuentro. Explica que el sistema nervioso simpático permanece activado incluso un par de horas después de finalizar el partido. En su lugar, sugiere realizar caminatas suaves durante el entretiempo y repetirlas una vez concluido el juego, enfatizando que se trata de caminar y no de correr.
Otra estrategia útil para favorecer la recuperación del organismo es practicar respiración consciente. Lombardero comenta que suele recomendar esta técnica a sus pacientes porque ayuda a disminuir la presión arterial y reducir los niveles de estrés. Sin embargo, reconoce que incluso para él resulta difícil aplicarla mientras el partido está en desarrollo, siendo más sencillo hacerlo una vez terminado el encuentro, cuando las emociones comienzan a disminuir.
El especialista también destacó el aspecto positivo que tiene la pasión por el fútbol. Compartir un partido, celebrar un gol o abrazarse con familiares y amigos responde a un comportamiento profundamente arraigado en la evolución humana. Según explicó, ese sentimiento de pertenencia a un grupo fortalece los vínculos sociales y reproduce una conducta ancestral de reunirse con la propia comunidad para celebrar acontecimientos importantes.
Paradójicamente, aunque millones de personas vivan estas emociones sentadas frente al televisor, el organismo responde como si estuviera preparándose para correr o enfrentarse a un peligro real. Lombardero señala que el cerebro no distingue si el estrés es provocado por un partido de fútbol, problemas económicos o situaciones políticas; en todos los casos activa mecanismos similares, enviando mayor flujo sanguíneo hacia los músculos para una posible acción, aun cuando la persona permanezca inmóvil.
Después de un desenlace tan emocionante como el triunfo de Argentina sobre Egipto, el corazón también necesita un tiempo para recuperar su funcionamiento habitual. En la mayoría de los aficionados este proceso ocurre sin consecuencias. Sin embargo, quienes viven con una enfermedad cardiovascular deben disfrutar este tipo de encuentros con ciertas precauciones.
Finalmente, Lombardero recordó que las personas que han sufrido un infarto o reciben tratamiento para enfermedades cardíacas deben evitar el consumo de alcohol, las comidas copiosas y cualquier exceso durante estos eventos. En cambio, señaló que para los jóvenes con un corazón sano el riesgo de sufrir complicaciones es muy bajo, subrayando que sus recomendaciones están dirigidas principalmente a quienes presentan una mayor vulnerabilidad cardiovascular.
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