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Prevención del golpe de calor en deportistas y trabajadores al sol

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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La combinación de temperaturas elevadas, exposición directa al sol y actividad física intensa puede aumentar considerablemente el riesgo de sufrir estrés térmico, especialmente durante los meses más calurosos del año.

Trabajadores de la construcción, agricultura, mantenimiento urbano y otras actividades realizadas al aire libre, así como deportistas que entrenan bajo el sol, pueden tener un mayor riesgo de agotamiento por calor y, en situaciones graves, de sufrir un golpe de calor.

Adoptar medidas preventivas, ajustar la intensidad de las actividades y contar con espacios adecuados para descansar y refrescarse son acciones fundamentales para reducir estos riesgos.

La aclimatación al calor debe ser progresiva

El organismo puede adaptarse gradualmente a las altas temperaturas mediante un proceso conocido como aclimatación al calor. Sin embargo, esta adaptación no ocurre de manera inmediata.

Cuando una persona comienza a trabajar o entrenar en condiciones calurosas después de un periodo de inactividad, aumentar demasiado rápido la duración o intensidad de la actividad puede incrementar el riesgo de enfermedad relacionada con el calor.

Durante la aclimatación, el organismo mejora progresivamente su capacidad para disipar el calor, aumenta la producción de sudor y realiza ajustes cardiovasculares que ayudan a tolerar mejor las temperaturas elevadas.

Este proceso suele desarrollarse durante varios días y puede variar según la persona, la intensidad de la actividad y las condiciones ambientales.

Aumentar la carga poco a poco

Los trabajadores que comienzan una actividad en ambientes calurosos y los deportistas que regresan después de un periodo de descanso deberían incrementar gradualmente su exposición al calor y la intensidad del esfuerzo.

No existe un porcentaje único que sea adecuado para todas las personas. La progresión debe considerar factores como la temperatura, humedad, condición física, tipo de trabajo y experiencia previa con el calor.

Horarios, descansos y ropa adecuada

 

 

La prevención requiere combinar diferentes estrategias, especialmente cuando se realizan actividades físicas al aire libre.

Elegir horarios menos calurosos

Siempre que las condiciones laborales lo permitan, las tareas que requieren mayor esfuerzo pueden programarse durante las horas más frescas del día, como las primeras horas de la mañana o al final de la tarde.

No obstante, el momento de mayor riesgo no es idéntico todos los días ni en todas las regiones. También deben considerarse la temperatura, humedad, radiación solar, viento y otras condiciones ambientales.

Realizar descansos en lugares frescos

Las pausas periódicas permiten reducir la acumulación de calor corporal. Los descansos deben realizarse, cuando sea posible, en zonas con sombra, buena ventilación o aire acondicionado.

La frecuencia y duración de estas pausas debe aumentar cuando las condiciones ambientales sean más extremas y cuando el trabajo implique un mayor esfuerzo físico.

Utilizar ropa apropiada

La ropa ligera, holgada y transpirable puede facilitar la pérdida de calor. En actividades laborales también debe utilizarse el equipo de protección requerido, adaptándolo en la medida de lo posible a las condiciones climáticas.

Cuando existe exposición prolongada al sol, pueden ser útiles elementos como sombreros, protectores para el cuello y prendas con protección ultravioleta, siempre que sean compatibles con las normas de seguridad del trabajo.

Agua y recuperación son fundamentales

Mantener una hidratación adecuada es importante durante la exposición prolongada al calor, especialmente cuando existe sudoración abundante.

El agua suele ser suficiente para muchas actividades, pero durante trabajos o ejercicios prolongados con sudoración intensa pueden ser necesarios líquidos con electrolitos. La necesidad depende de la duración, intensidad y condiciones ambientales.

No es recomendable establecer una cantidad idéntica de agua para todas las personas, ya que las necesidades de hidratación varían considerablemente.

Los centros de trabajo deben contar con medidas preventivas

El estrés térmico constituye un riesgo ocupacional importante en numerosas actividades realizadas al aire libre. Las empresas deben identificar las condiciones que pueden favorecer enfermedades relacionadas con el calor y establecer medidas para reducir la exposición de los trabajadores.

Entre las acciones preventivas pueden incluirse:

Acceso suficiente a agua potable.Zonas de descanso con sombra o refrigeración.Adaptación de horarios durante periodos de calor extremo.Pausas adicionales cuando las condiciones ambientales lo requieran.Capacitación para reconocer los síntomas relacionados con el calor.Sistemas para vigilar las condiciones ambientales y ajustar las tareas.

Las obligaciones legales específicas dependen de la legislación vigente en cada país y región.

Reconocer las señales de alarma

Es importante que trabajadores, entrenadores y compañeros sepan identificar los primeros signos de una enfermedad relacionada con el calor.

El agotamiento por calor puede provocar sudoración intensa, debilidad, mareos, dolor de cabeza, náuseas, calambres y sensación de desmayo.

En cambio, la confusión, alteración del estado mental, pérdida de coordinación, convulsiones o pérdida del conocimiento pueden indicar un golpe de calor, una emergencia médica potencialmente mortal.

Ante estos signos graves, se debe buscar atención médica de emergencia y comenzar a enfriar a la persona rápidamente mientras llega la ayuda.

Prevenir antes de que aparezca el problema

La exposición al calor no debe tomarse a la ligera. Una combinación de aclimatación progresiva, hidratación adecuada, descansos frecuentes, horarios estratégicos, ropa apropiada y vigilancia de los síntomas puede reducir considerablemente el riesgo.

Tanto en el ámbito laboral como deportivo, la prevención debe adaptarse a las condiciones reales del entorno y a las características de cada persona.

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