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Por qué surge la disociación, un fenómeno difícil de identificar que altera la conciencia

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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La disociación es un fenómeno psicológico en el que una persona experimenta una desconexión entre sus pensamientos, emociones, recuerdos o sentido de identidad. De acuerdo con la Asociación Americana de Psiquiatría, se trata de un mecanismo de defensa que puede surgir como respuesta a situaciones traumáticas o de intenso estrés, permitiendo que la mente se distancie parcial o totalmente de la realidad inmediata.

La Organización Mundial de la Salud y otras instituciones especializadas en salud mental describen la disociación como una alteración en la integración normal de la conciencia, la memoria, la percepción y la conducta. Puede manifestarse de forma leve y pasajera, como cuando una persona se abstrae durante una actividad cotidiana, o de manera más intensa, modificando la percepción del tiempo, del entorno o incluso de la propia identidad.

En la vida diaria, es común experimentar formas leves de disociación sin que ello represente un problema clínico. Por ejemplo, algunas personas llegan a un destino sin recordar con claridad el trayecto recorrido, o leen varias páginas de un libro mientras su mente está en otro lugar. También puede ocurrir durante momentos de estrés, cuando alguien siente que observa los acontecimientos desde fuera, como si fuera un espectador. Estos episodios suelen ser involuntarios y, por lo general, no indican la presencia de un trastorno.

¿Qué significa disociar?

La disociación surge como una respuesta automática del cerebro ante experiencias abrumadoras o traumáticas. Funciona como un mecanismo de protección que ayuda a reducir el impacto emocional de situaciones difíciles de procesar.

Expertos citados por The Independent señalan que este fenómeno puede observarse, por ejemplo, en adolescentes que aparentan estar distraídos, aislados o emocionalmente distantes. Debido a que suele manifestarse de manera silenciosa, puede pasar inadvertido en comparación con otras reacciones emocionales más evidentes.

Según especialistas de Verywell Mind, la disociación puede afectar distintos aspectos del funcionamiento psicológico, como la conciencia, la memoria, la identidad y la percepción del entorno, generando desde una ligera sensación de distanciamiento hasta una desconexión más profunda de la realidad.

La Asociación Americana de Psicología la define como un mecanismo de defensa que mantiene separados pensamientos y emociones difíciles del resto de la experiencia psicológica. Es frecuente que aparezca en personas que han vivido situaciones de violencia, pérdidas importantes u otros acontecimientos traumáticos. Datos recopilados por The Independent indican que cerca de tres de cada cuatro adolescentes en el mundo han experimentado al menos un evento traumático, lo que refleja la alta frecuencia con la que puede activarse este mecanismo.

En sus formas más complejas, la disociación puede afectar el aprendizaje, las actividades cotidianas y las relaciones personales, especialmente cuando se convierte en una estrategia habitual para afrontar el malestar emocional.

Un estudio publicado en el Delaware Journal of Public Health encontró una fuerte relación entre los traumas sufridos durante la infancia, especialmente aquellos vinculados con dificultades en el apego, y la aparición de síntomas disociativos. Estos pueden ir desde episodios leves de ensoñación hasta manifestaciones más graves, como la despersonalización o la amnesia disociativa.

¿Cuándo la disociación deja de ser normal?

Aunque la disociación puede ser una reacción temporal y adaptativa frente al estrés, se convierte en un motivo de preocupación cuando interfiere de forma persistente con la vida diaria.

La Clínica Mayo señala que deja de ser un fenómeno pasajero cuando provoca pérdida significativa de memoria, dificultades para mantener relaciones personales, problemas en el trabajo o la escuela, o una sensación constante de desconexión respecto a uno mismo o al entorno.

En estos casos, la persona puede presentar manifestaciones como amnesia disociativa, despersonalización o cambios marcados en la identidad, lo que repercute negativamente en su funcionamiento cotidiano.

El Delaware Journal of Public Health advierte que, cuando la disociación está relacionada con experiencias traumáticas y no recibe atención adecuada, puede consolidarse como una respuesta automática ante cualquier situación de estrés.

Con el tiempo, este patrón puede evolucionar hacia un trastorno disociativo, caracterizado por episodios recurrentes de desrealización, pérdida de recuerdos autobiográficos importantes y dificultades para distinguir entre la realidad y las percepciones internas. En poblaciones clínicas, hasta el 46 % de los pacientes pueden presentar algún tipo de trastorno disociativo, lo que pone de manifiesto la importancia de reconocer sus señales de alerta.

Asimismo, un metaanálisis ha mostrado que la disociación persistente o intensa puede asociarse con problemas como depresión, ansiedad, pensamientos suicidas y conductas autolesivas. El riesgo aumenta cuando la desconexión afecta de manera prolongada la identidad, la memoria o la percepción del entorno, generando una sensación de irrealidad que dificulta el funcionamiento cotidiano.

De acuerdo con The Independent, recurrir de forma excesiva a la disociación como mecanismo de afrontamiento también puede obstaculizar el aprendizaje, deteriorar las relaciones interpersonales y dificultar la adaptación a las situaciones diarias.

Tanto la Clínica Mayo como los autores del Delaware Journal of Public Health coinciden en que detectar estos síntomas de manera temprana y acceder a un tratamiento especializado puede evitar que el problema se cronifique y mejorar significativamente la calidad de vida de quienes presentan este tipo de alteraciones.

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