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Por qué seguir moviendo los músculos adoloridos es clave para acelerar la recuperación

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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El dolor muscular después de hacer ejercicio es una experiencia habitual, pero existen estrategias respaldadas por la evidencia que pueden ayudar a reducir las molestias y favorecer una recuperación más rápida, permitiendo mantener la constancia en los entrenamientos. Según especialistas citados por GQ, aplicar algunas medidas simples puede marcar la diferencia entre abandonar una rutina o continuar progresando de forma constante.

El dolor muscular de aparición tardía suele manifestarse después de entrenamientos intensos o cuando se incrementa la carga de trabajo físico. Este fenómeno forma parte del proceso de adaptación del músculo al esfuerzo y puede afectar tanto a principiantes como a deportistas experimentados, especialmente durante etapas de aumento de fuerza o volumen de entrenamiento.

Para muchas personas, estas molestias pueden convertirse en una fuente de desmotivación y favorecer el abandono del ejercicio. Sin embargo, los expertos destacan que cierto grado de dolor es una respuesta normal del organismo y que aprender a manejarlo es parte del proceso de entrenamiento.

La conocida frase "sin dolor no hay ganancia" refleja que el esfuerzo físico puede generar incomodidad, aunque los especialistas aclaran que existen formas de minimizar ese malestar y acelerar la recuperación.

Cómo prevenir el dolor muscular durante el entrenamiento

Realizar estiramientos previos

Dedicar algunos minutos a estirar antes de entrenar ayuda a preparar los músculos, mejorar la flexibilidad y disminuir el riesgo de lesiones.

Calentar adecuadamente

Un buen calentamiento incrementa la temperatura muscular y favorece que el cuerpo se adapte gradualmente al esfuerzo físico, reduciendo la posibilidad de molestias posteriores.

Mantener una buena hidratación

Beber suficiente líquido antes, durante y después del ejercicio contribuye a prevenir calambres y puede ayudar a controlar la inflamación asociada al esfuerzo físico. En entrenamientos intensos, las bebidas con electrolitos pueden ser una opción útil.

Cuidar la técnica de ejecución

Mantener una postura correcta y realizar los movimientos de forma adecuada disminuye el riesgo de lesiones y sobrecargas musculares. Es preferible utilizar pesos que permitan conservar una buena técnica en lugar de sacrificar la forma por levantar más carga.

Prestar atención a dolores inusuales

Ante un dolor intenso, repentino o diferente al habitual, se recomienda detener la actividad y evaluar la situación. Esto permite identificar posibles lesiones antes de que se agraven.

Evitar trabajar los mismos músculos en sesiones consecutivas

Alternar grupos musculares ofrece el tiempo necesario para que las fibras se recuperen y disminuye el impacto de la sobrecarga repetitiva.

Qué hacer después del ejercicio para aliviar las molestias

Aplicar frío y calor

Las compresas frías pueden ayudar a controlar la inflamación inmediatamente después del ejercicio. Más adelante, el calor puede favorecer la circulación sanguínea y reducir la rigidez muscular.

Cuidar la alimentación

La nutrición desempeña un papel fundamental en la recuperación. Frutas como la piña y las cerezas contienen compuestos con propiedades antiinflamatorias que pueden favorecer la reparación muscular y aportar nutrientes beneficiosos tras el entrenamiento.

Mantener una recuperación activa

En lugar de permanecer completamente inactivo, realizar movimientos suaves o actividades de baja intensidad puede ayudar a mejorar la circulación y acelerar la recuperación sin incrementar el dolor.

Recibir o realizar masajes

Los masajes pueden disminuir la tensión muscular, promover la relajación y ayudar a identificar zonas especialmente cargadas o sensibles.

Claves para recuperarse sin lesionarse

Es importante diferenciar el dolor muscular normal del que puede indicar una lesión. El dolor muscular de aparición tardía suele manifestarse varias horas después del ejercicio y mejora gradualmente con movimiento y cuidados básicos.

Por el contrario, si el dolor aparece de forma repentina, es muy intenso, no mejora con el tiempo o se acompaña de inflamación significativa y limitación del movimiento, conviene suspender la actividad y buscar valoración médica.

Mantener la constancia en el ejercicio también implica respetar los periodos de recuperación, ajustar la intensidad cuando sea necesario y evitar exigir en exceso a músculos que aún están recuperándose.

Además de sus beneficios físicos, el ejercicio favorece la liberación de neurotransmisores como la dopamina, que contribuyen a mejorar el estado de ánimo y reforzar la motivación. Asimismo, mantenerse activo ayuda a eliminar sustancias asociadas a las molestias musculares y puede acelerar el proceso de recuperación, favoreciendo una sensación de bienestar después del entrenamiento.

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