Por qué los infartos también afectan a personas aparentemente saludables

Tradicionalmente, los infartos y otras enfermedades cardiovasculares se han relacionado con factores como el sedentarismo, la obesidad y una alimentación poco saludable.
Sin embargo, los especialistas observan cada vez con mayor frecuencia casos de personas físicamente activas y con hábitos aparentemente saludables que también sufren ataques cardíacos. Esta situación demuestra que mantener un buen estilo de vida, aunque reduce significativamente el riesgo, no garantiza una protección absoluta frente a las enfermedades del corazón.
Con frecuencia, la percepción de una buena salud se basa en el aspecto físico o en el rendimiento deportivo. No obstante, estas características no siempre reflejan el verdadero estado del sistema cardiovascular. Una persona puede tener un peso adecuado, practicar ejercicio de manera constante e incluso participar en competencias deportivas, mientras presenta alteraciones silenciosas en sus arterias o en el funcionamiento del corazón. Esta falsa sensación de seguridad puede hacer que tanto pacientes como profesionales de la salud resten importancia a síntomas leves que podrían ser señales tempranas de un problema cardiovascular.
La influencia de la genética
Uno de los factores que puede explicar estos casos es la predisposición genética. Algunas enfermedades hereditarias, como la hipercolesterolemia familiar, provocan concentraciones muy elevadas de colesterol LDL desde el nacimiento.
En estas circunstancias, una alimentación saludable y el ejercicio regular, aunque beneficiosos, no suelen ser suficientes para evitar la formación de placas de grasa en las arterias. Por ello, muchas personas requieren tratamiento farmacológico desde edades tempranas para disminuir el riesgo de complicaciones cardiovasculares.
Factores de riesgo que no siempre se detectan
Además de los niveles de colesterol, existen otros factores que pueden aumentar el riesgo de infarto y que no siempre aparecen en los estudios médicos convencionales.
Uno de ellos es la inflamación crónica del organismo. Este proceso puede evaluarse mediante pruebas como la proteína C reactiva ultrasensible (hs-CRP), un marcador que permite identificar inflamación de bajo grado. Incluso personas con un perfil de colesterol aparentemente normal pueden presentar inflamación persistente, lo que favorece la inestabilidad de las placas ateroscleróticas y aumenta el riesgo de que se rompan y provoquen un infarto.
El papel del endotelio
Otro aspecto importante es la salud del endotelio, la capa interna que recubre los vasos sanguíneos.
Cuando esta estructura pierde su capacidad para funcionar adecuadamente, las arterias tienen más dificultad para dilatarse y responder al aumento de la demanda de sangre durante el ejercicio o situaciones de estrés. Aunque la persona no presente síntomas y conserve un buen estado físico, esta alteración puede favorecer la aparición de obstrucciones y otros problemas cardiovasculares.
Estrés crónico y salud cardiovascular
El estrés mantenido también constituye un importante factor de riesgo para el corazón.
La exposición prolongada a niveles elevados de hormonas como el cortisol y la adrenalina puede favorecer el aumento de la presión arterial, producir daño en los vasos sanguíneos y acelerar el deterioro del sistema cardiovascular.
Esta situación es especialmente relevante en personas con trabajos de alta exigencia o sometidas a una presión psicológica constante, quienes pueden mantener una excelente condición física mientras experimentan un desgaste progresivo de su salud cardiovascular.
Cuando el exceso de ejercicio también representa un riesgo
Aunque la actividad física es una de las principales estrategias para prevenir enfermedades cardiovasculares, el entrenamiento excesivo también puede tener consecuencias negativas.
La falta de periodos adecuados de recuperación favorece el estrés oxidativo y, en algunos casos, puede asociarse con alteraciones del ritmo cardíaco o cambios estructurales en el músculo del corazón, como fibrosis.
Por esta razón, los deportistas de alto rendimiento o quienes realizan entrenamientos muy intensos deben someterse a evaluaciones cardiológicas periódicas para detectar posibles alteraciones antes de que aparezcan complicaciones.
Alteraciones congénitas del corazón
Algunas personas presentan anomalías anatómicas desde el nacimiento que afectan las arterias coronarias.
Estas malformaciones pueden modificar el recorrido o el origen de los vasos encargados de llevar sangre al corazón, limitando el flujo sanguíneo durante esfuerzos físicos intensos.
Con frecuencia, estas alteraciones permanecen sin síntomas durante muchos años y solo se manifiestan cuando una actividad física exigente desencadena una disminución importante del aporte de sangre al músculo cardíaco.
La importancia de estudios más especializados
Para identificar estos riesgos que no siempre son evidentes, los cardiólogos recomiendan que algunas personas complementen los estudios habituales con pruebas más avanzadas.
Entre ellas destacan el puntaje de calcio coronario y la angiografía por tomografía computarizada, herramientas que permiten evaluar el estado de las arterias coronarias, detectar depósitos de calcio y estimar con mayor precisión el riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular antes de que ocurra una obstrucción significativa.
La prevención va más allá de la apariencia física
Los especialistas coinciden en que una buena condición física no siempre refleja un corazón completamente sano. La prevención cardiovascular requiere combinar hábitos saludables con revisiones médicas periódicas y una valoración individual de los factores de riesgo personales y familiares.
Comprender que la salud del corazón depende de la interacción entre la genética, el estilo de vida, el ambiente y otros factores biológicos permite identificar oportunamente a las personas con mayor riesgo y reducir la probabilidad de sufrir eventos cardiovasculares que, en muchos casos, pueden prevenirse con un diagnóstico y tratamiento adecuados.
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