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Por qué aprender a perder puede ser tan importante como ganar en el deporte

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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Mantener una relación saludable con el deporte implica comprender una paradoja: aunque la alimentación suele ocupar el centro de las conversaciones sobre bienestar, la falta de actividad física representa un factor de gran peso en la epidemia de obesidad en Estados Unidos. Así lo plantea Harvey Hahn en artículos publicados por Centerville Health y Life and Health Magazine.

El autor sostiene que, aunque millones de personas disfrutan viendo competiciones deportivas, ese interés no siempre se traduce en una vida físicamente activa. Su reflexión se enfoca en cómo el deporte pasa de ser un juego espontáneo durante la infancia a convertirse, con frecuencia, en una actividad dominada por la competencia y los resultados.

El movimiento comienza como un juego

Durante la niñez, la actividad física surge de manera natural. Correr, esconderse, perseguir a otros niños o nadar en una piscina, un lago, el mar o incluso en un charco forman parte del placer de moverse sin preocuparse por el resultado.

A medida que crecen, los niños continúan disfrutando de actividades como patear, lanzar o atrapar una pelota. En esta etapa, suelen crear sus propias reglas y adaptar los juegos según su imaginación, privilegiando la diversión sobre la competencia.

Cuando la competencia cambia la experiencia

Con el tiempo aparecen los deportes organizados, donde existen reglamentos, marcadores y vencedores claramente definidos.

Según Hahn, en este momento el disfrute de correr, saltar o jugar comienza a mezclarse con una nueva exigencia: obtener buenos resultados y ganar.

El autor no cuestiona el deseo de competir ni el esfuerzo por mejorar el rendimiento. Lo que pone en debate es el riesgo de convertir el deporte en una búsqueda constante de victorias, estadísticas o reconocimiento personal, dejando de lado el disfrute de la actividad física.

La presión excesiva puede afectar a los niños

Diversas investigaciones del American College of Sports Medicine advierten que un ambiente deportivo excesivamente competitivo puede tener consecuencias negativas para los menores.

Sus documentos de consenso indican que los niños sometidos a una fuerte presión por el rendimiento presentan un mayor riesgo de:

Ansiedad. Estrés. Abandono temprano del deporte.

Paradójicamente, esto limita los beneficios físicos y emocionales que la práctica deportiva debería aportar a largo plazo.

Un partido que abrió el debate

Para ilustrar esta situación, Hahn recuerda un partido escolar de baloncesto femenino disputado en California que terminó con un marcador de 161 a 2.

La enorme diferencia generó fuertes críticas hacia el entrenador del equipo vencedor, quien fue acusado de humillar al rival y posteriormente suspendido, a pesar de haber retirado rápidamente a sus jugadoras titulares y ordenar que disminuyeran la presión defensiva.

El caso reavivó el debate sobre los límites entre competir intensamente y preservar los valores educativos del deporte.

El esfuerzo vale más que el marcador

Un estudio publicado en JAMA Pediatrics señala que los entornos deportivos que premian el esfuerzo, la mejora personal y el aprendizaje generan una relación más positiva y duradera con la actividad física.

Los investigadores concluyen que equilibrar la competencia con la diversión favorece que niños y adolescentes mantengan hábitos activos durante la vida adulta, reduciendo el riesgo de enfermedades asociadas al sedentarismo.

Aprender también implica perder

Tras el partido, el comentarista deportivo Colin Cowherd ofreció una reflexión que Hahn retoma en sus textos.

Según Cowherd, muchas veces los padres sufren más una derrota que los propios niños. Afirmó que desarrollar resiliencia implica atravesar experiencias difíciles como perder, frustrarse o sentirse avergonzado, ya que esos momentos forman parte del aprendizaje necesario para fortalecer el carácter.

La ilusión de llegar al deporte profesional

Hahn también cuestiona la expectativa de que la práctica deportiva conduzca necesariamente a una beca universitaria o a una carrera profesional.

Como ejemplo, menciona que, entre los jugadores de fútbol americano de secundaria en Estados Unidos:

Solo el 6.5 % logra incorporarse a un equipo de la NCAA. De ese grupo, apenas el 1.6 % alcanza la NFL. Además, aproximadamente la mitad de quienes llegan a la liga profesional permanece en ella cuatro años o menos.

Estas cifras muestran que, para la mayoría de los jóvenes, el principal beneficio del deporte no será una carrera profesional, sino la salud, el aprendizaje y el desarrollo personal.

Un ejemplo sobre el verdadero espíritu deportivo

Otro caso citado por Hahn involucra a un niño que padecía cáncer y jugaba béisbol infantil.

Durante un partido por el campeonato, el entrenador del equipo rival decidió otorgar una base por bolas al mejor bateador para enfrentar al niño enfermo, con la intención de retirarlo y aumentar las posibilidades de ganar.

 

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