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Omega-3 no mejoro la memoria ni protegió el cerebro en adultos mayores

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo

Un ensayo clínico de la Universidad del Sur de California (USC), publicado en junio de 2026 en la revista eBioMedicine, encontró que tomar suplementos de ácido docosahexaenoico (DHA), un tipo de omega-3, no mejoró el rendimiento cognitivo ni evitó la pérdida de volumen cerebral durante dos años en adultos mayores con factores de riesgo para demencia.

La investigación evaluó una dosis diaria de 2,000 miligramos de DHA, un ácido graso que forma parte de las membranas de las neuronas y participa en el funcionamiento del sistema nervioso.

Aunque la suplementación aumentó la presencia de DHA en el líquido cefalorraquídeo, que rodea el cerebro y la médula espinal, este cambio no se tradujo en mejoras detectables de la memoria ni en una protección del hipocampo, región cerebral fundamental para la formación de recuerdos.

Los resultados no significan que todos los omega-3 sean inútiles o que consumir pescado carezca de beneficios nutricionales. Indican que, en la población estudiada, las dosis elevadas de DHA en suplementos no produjeron los beneficios cognitivos y estructurales esperados.

¿Cómo se realizó el ensayo clínico?

El estudio incluyó a 365 adultos de entre 55 y 80 años que no tenían demencia, consumían cantidades bajas de DHA en su alimentación y presentaban al menos un factor de riesgo relacionado con esta enfermedad.

De los participantes, 173, equivalentes al 47%, tenían la variante genética APOE ε4, asociada con un mayor riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer de inicio tardío. Sin embargo, portar esta variante no significa que una persona necesariamente desarrollará la enfermedad.

Los participantes fueron asignados aleatoriamente a recibir 2 gramos diarios de DHA o un placebo durante 24 meses. El ensayo tuvo un diseño doble ciego, por lo que ni los participantes ni los investigadores conocían la asignación de cada persona durante el estudio.

Para evaluar los resultados, se realizaron pruebas cognitivas y estudios de imagen cerebral al inicio y durante el seguimiento. Además, un subgrupo proporcionó muestras de líquido cefalorraquídeo para medir los cambios en los niveles de ácidos grasos.

De los 365 participantes iniciales, 225 completaron los dos años de seguimiento. La pérdida de participantes fue del 38%, principalmente en el contexto de la pandemia de COVID-19, una limitación que debe considerarse al interpretar los hallazgos.

El DHA llegó al sistema nervioso, pero no mejoró la memoria

Uno de los principales objetivos era determinar si el DHA ingerido mediante suplementos conseguía aumentar su disponibilidad en el sistema nervioso central.

Después de seis meses, los investigadores observaron un incremento aproximado del 17% en la proporción entre DHA y ácido araquidónico en el líquido cefalorraquídeo del grupo que recibió el suplemento, en comparación con el grupo placebo.

Este resultado confirmó que la intervención modificó un indicador biológico. Sin embargo, al finalizar los dos años, no se identificaron diferencias significativas entre los grupos en las pruebas cognitivas ni en las mediciones del volumen cerebral, incluido el hipocampo.

En otras palabras, aumentar la disponibilidad de DHA en el sistema nervioso no fue suficiente para producir una mejoría detectable de la memoria ni para demostrar una protección estructural del cerebro durante el periodo estudiado.

¿Por qué los omega-3 no necesariamente mejoran la función cerebral?

El DHA es un ácido graso omega-3 que contribuye a la estructura de las membranas neuronales y participa en diversos procesos celulares relacionados con el funcionamiento cerebral. Estas propiedades han despertado interés en su posible utilidad para preservar la salud cognitiva.

Sin embargo, que un nutriente desempeñe una función biológica importante no significa que consumirlo en dosis elevadas mediante suplementos prevenga enfermedades complejas como el Alzheimer.

El ensayo de la USC buscó comprobar si aumentar la disponibilidad de DHA en el sistema nervioso se traducía en beneficios clínicos. La ausencia de diferencias en las evaluaciones cognitivas y cerebrales indica que esta estrategia no produjo los efectos esperados en los adultos estudiados.

Los resultados tampoco permiten determinar si otras dosis, formulaciones o grupos de personas podrían responder de manera diferente. Para aclarar estas posibilidades se necesitan nuevas investigaciones.

¿Es mejor consumir pescado que tomar suplementos?

El ensayo no comparó directamente una dieta rica en pescado con el consumo de cápsulas de omega-3. Por tanto, sus resultados no permiten concluir que comer pescado sea ineficaz para la salud cerebral.

Alimentos como las sardinas, el salmón y la caballa aportan omega-3, proteínas y otros nutrientes. Su consumo puede formar parte de una alimentación equilibrada que incluya verduras, frutas, legumbres, frutos secos y grasas insaturadas.

Algunos estudios observacionales han relacionado el consumo de pescado con determinados beneficios para la salud, aunque no siempre es posible separar sus efectos de los asociados con otros hábitos alimentarios y de estilo de vida. Estas asociaciones tampoco demuestran por sí solas que el pescado prevenga la enfermedad de Alzheimer.

Por ello, es importante diferenciar entre mantener una alimentación variada que incluya fuentes de omega-3 y tomar suplementos con el objetivo específico de evitar la demencia. En las condiciones evaluadas, el ensayo no encontró evidencia de que esta última estrategia mejorara la memoria o protegiera el volumen cerebral.

¿Qué significa el estudio para las personas con riesgo de Alzheimer?

Los hallazgos son relevantes para los adultos mayores que consumen aceite de pescado con la expectativa de conservar sus capacidades cognitivas. En los participantes, una dosis diaria de 2,000 miligramos de DHA durante dos años no ofreció beneficios detectables frente al placebo en las pruebas cognitivas ni en las mediciones cerebrales.

No obstante, el estudio no evaluó todas las formulaciones de omega-3 ni permite afirmar que estos suplementos carezcan de utilidad para cualquier indicación médica. Tampoco demostró que consumirlos aumente el riesgo de desarrollar demencia.

Las personas que toman omega-3 por indicación médica para tratar otro problema de salud deben consultar con su profesional sanitario antes de modificar su consumo. La decisión depende del motivo de uso, los antecedentes médicos y los posibles efectos adversos o interacciones.

¿Qué hábitos pueden ayudar a cuidar la salud cerebral?

Aunque ningún hábito garantiza prevenir el Alzheimer, mantener una buena salud cardiovascular y metabólica puede contribuir al bienestar cerebral a largo plazo.

Entre las medidas recomendadas se encuentran:

Realizar actividad física de manera regular.

Mantener una alimentación variada y equilibrada.

Dormir lo suficiente y procurar una buena calidad del sueño.

Evitar el tabaquismo.

Controlar la hipertensión, la diabetes y las concentraciones elevadas de colesterol.

Consultar al médico ante cambios persistentes de memoria o pensamiento que interfieran con las actividades cotidianas.

Una evaluación médica puede ayudar a identificar las posibles causas de estos cambios y determinar si se requiere seguimiento o tratamiento.

En conclusión, el ensayo publicado en eBioMedicine encontró que dos años de suplementación con 2,000 miligramos diarios de DHA no mejoraron la memoria ni evitaron cambios en el volumen cerebral de adultos mayores con factores de riesgo para demencia. Aunque el nutriente llegó al sistema nervioso central, no produjo los beneficios esperados en las mediciones evaluadas. Por ahora, estos resultados no respaldan el uso de dosis altas de DHA como estrategia para prevenir el deterioro cognitivo en personas con características similares a las de los participantes.

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