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No basta con comer sano: estos errores pueden cambiar tu alimentación

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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Uno de los errores más frecuentes es creer que un alimento saludable puede consumirse sin importar la forma en que se prepare o la cantidad que se ingiera. Sin embargo, una alimentación saludable depende del conjunto de los alimentos y de cómo se combinan entre sí.

Por ejemplo, el aguacate es un alimento nutritivo, pero si se consume en grandes porciones junto con queso y mayonesa, el contenido calórico del platillo aumenta de manera considerable.

Lo mismo ocurre con la avena. Aunque es una excelente fuente de fibra, agregarle grandes cantidades de azúcar, chocolate o jarabes modifica su perfil nutricional. De igual forma, los frutos secos son una opción saludable, pero cuando están caramelizados contienen una cantidad mucho mayor de azúcares añadidos.

Por ello, no basta con clasificar un alimento como "bueno" o "malo". También es importante considerar la forma en que se prepara y los ingredientes con los que se acompaña.

El tamaño de las porciones también cuenta

Otro error habitual es pensar que los alimentos saludables pueden consumirse en cantidades ilimitadas.

Esto es especialmente importante en alimentos con alta densidad energética, como los frutos secos, el aguacate, el aceite de oliva y algunas semillas.

Aunque estos productos pueden formar parte de una alimentación equilibrada, consumirlos en exceso puede incrementar significativamente la ingesta total de calorías.

Practicar la moderación no significa dejar de disfrutarlos, sino ajustar las porciones de acuerdo con las necesidades de cada persona.

¿Es necesario dejar de consumir estos alimentos?

La respuesta es no.

De hecho, la mayoría de estos alimentos pueden integrarse sin problema en una dieta saludable.

Lo más importante es adoptar hábitos que mejoren la calidad de la alimentación, como:

Elegir alimentos frescos o mínimamente procesados. Leer las etiquetas nutricionales. Limitar el consumo de azúcares añadidos. Moderar la ingesta de sal. Evitar las frituras de manera frecuente. Controlar el tamaño de las porciones. Preferir frutas enteras en lugar de jugos o productos procesados. Utilizar grasas saludables con moderación. Disminuir el consumo de carnes procesadas y alimentos ultraprocesados.

Pequeñas modificaciones en los hábitos diarios pueden traducirse en una mejora importante de la calidad de la dieta.

El equilibrio es la verdadera clave

Una alimentación saludable no consiste en prohibir todos los alimentos que contienen grasas, carbohidratos o calorías.

Lo realmente importante es construir comidas variadas, equilibradas y adecuadas a las necesidades individuales.

Por ejemplo, una ensalada puede enriquecerse con aguacate y una cantidad moderada de aceite de oliva; la avena puede complementarse con fruta fresca; los frutos secos pueden ser una buena colación, y las legumbres pueden convertirse en un plato principal completo y nutritivo.

El problema surge cuando estos alimentos saludables se combinan con cantidades excesivas de azúcar, sal, grasas saturadas o productos ultraprocesados.

En definitiva, más que preguntarse si un alimento es saludable, conviene reflexionar sobre cómo se prepara, con qué ingredientes se acompaña y qué cantidad se consume. Estos factores son los que realmente marcan la diferencia en la calidad de la alimentación.

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