¿Muy poca sal también podría afectar la memoria?

Reducir el consumo excesivo de sal es una de las recomendaciones habituales para controlar la presión arterial y disminuir el riesgo cardiovascular.
Sin embargo, una investigación publicada en octubre de 2026 en Food Research International plantea una cuestión diferente: ¿podría una restricción extrema de sodio tener también efectos sobre el cerebro?
El estudio, realizado en ratones con microbiomas intestinales provenientes de personas, encontró que tanto una dieta con cantidades muy elevadas de sal como otra con una cantidad extremadamente baja se asociaron con un peor desempeño en pruebas de memoria.
Los investigadores observaron que ambos extremos parecían actuar mediante mecanismos diferentes. En los animales con una dieta muy baja en sal se identificaron cambios en proteínas relacionadas con la comunicación entre las neuronas, mientras que el exceso de sal se relacionó con alteraciones intestinales, inflamación y estrés oxidativo.
Sin embargo, existe una limitación fundamental: el estudio no se realizó en seres humanos. Por ello, sus resultados no demuestran que reducir moderadamente la sal provoque problemas de memoria en las personas ni modifican las recomendaciones actuales para limitar el consumo excesivo de sodio.
¿Cómo se realizó el estudio?
La investigación incluyó 32 ratones machos cuyos microbiomas intestinales habían sido previamente modificados mediante trasplantes procedentes de muestras de 10 personas sanas.
Los animales fueron divididos en tres grupos y recibieron distintas cantidades de sal durante 14 semanas:
Grupo control: dieta con 0.5 % de sal.
Dieta baja en sal: 0.1 %.
Dieta alta en sal: 8.0 %.
Posteriormente, los investigadores evaluaron diferentes aspectos de la memoria mediante dos pruebas conductuales.
Una de ellas fue el laberinto en Y, utilizado para analizar la memoria de trabajo. La segunda fue una prueba de reconocimiento de objetos, que permite evaluar la capacidad de los animales para identificar un objeto nuevo frente a uno conocido.
Los ratones que consumieron las dietas con cantidades muy bajas o muy altas de sal tuvieron un desempeño inferior al del grupo control.
¿Qué encontraron en los animales que consumieron muy poca sal?
Los investigadores identificaron cambios en varias proteínas relacionadas con la función neuronal.
Entre ellas se encontraban SYN1, PSD95 y BDNF, moléculas que participan en procesos relacionados con la comunicación entre neuronas, la plasticidad cerebral y el aprendizaje.
También se observó una menor activación de CREB, una proteína involucrada en procesos importantes para la plasticidad neuronal y la formación de recuerdos.
Estos hallazgos podrían ayudar a explicar el menor rendimiento observado en las pruebas de memoria.
Pero hay un punto importante: la dieta utilizada para producir este efecto era extremadamente baja en sal. Por lo tanto, estos resultados no deben interpretarse como evidencia de que reducir el consumo habitual de sal sea perjudicial.
¿Qué ocurrió con el exceso de sal?
Los animales que recibieron la dieta con 8 % de sal mostraron un patrón diferente.
En ellos se detectaron alteraciones relacionadas con el microbioma intestinal, inflamación y estrés oxidativo. Estos cambios coincidieron con un peor desempeño en las pruebas de memoria.
Los resultados respaldan la hipótesis de que una alimentación extremadamente rica en sodio podría afectar procesos cerebrales a través de mecanismos que involucran al intestino.
Sin embargo, nuevamente se trata de resultados obtenidos en animales y con una cantidad de sal muy elevada, por lo que no pueden trasladarse directamente a la alimentación cotidiana de las personas.
¿Qué relación existe entre el intestino y el cerebro?
El llamado eje intestino-cerebro es un área de investigación que ha adquirido gran interés durante los últimos años.
El microbioma intestinal mantiene una comunicación constante con diferentes sistemas del organismo y puede participar en procesos relacionados con el metabolismo, la respuesta inmunitaria y la inflamación.
Por esta razón, los investigadores estudiaron si los cambios producidos por diferentes cantidades de sal podían estar relacionados con modificaciones en el microbioma y, posteriormente, con la función cerebral.
El uso de ratones con microbiomas humanizados permitió explorar esta relación de una manera más cercana a la fisiología humana que un modelo convencional.
Aun así, un mecanismo observado en animales no significa que el mismo efecto ocurra necesariamente en personas. Para establecer esa relación serían necesarios estudios clínicos en humanos.
¿Poca sal puede causar hiponatremia?
No necesariamente.
Es importante diferenciar entre consumir poca sal en la alimentación y desarrollar hiponatremia, que significa tener una concentración anormalmente baja de sodio en la sangre.
La hiponatremia es un trastorno médico que puede producir síntomas neurológicos como confusión, dolor de cabeza, debilidad, náuseas e incluso convulsiones en casos graves.
Sin embargo, generalmente no se debe simplemente a que una persona haya utilizado poca sal en sus comidas. Puede aparecer por diferentes enfermedades, medicamentos o alteraciones en el equilibrio de agua y electrolitos.
Por ello, este estudio no debe utilizarse como argumento para aumentar deliberadamente el consumo de sal.
¿Entonces hay que dejar de reducir la sal?
No.
Las recomendaciones para limitar el consumo excesivo de sodio continúan siendo importantes, especialmente para la prevención y el control de la hipertensión arterial y las enfermedades cardiovasculares.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos consuman menos de 5 gramos de sal al día, equivalentes a menos de 2 gramos de sodio.
El nuevo estudio no contradice esta recomendación. Lo que plantea es una pregunta diferente: qué efectos podría tener una restricción extrema de sal y cuáles serían sus posibles mecanismos.
En otras palabras, el mensaje no es que "comer más sal proteja la memoria", sino que los extremos en la alimentación también pueden ser objeto de estudio.
¿De dónde proviene gran parte del sodio que consumimos?
El sodio de la alimentación no procede únicamente del salero.
Una cantidad importante puede encontrarse en productos procesados y ultraprocesados, como:
Embutidos.
Sopas instantáneas.
Botanas saladas.
Salsas y aderezos.
Alimentos enlatados.
Productos preparados y comidas rápidas.
Por ello, reducir estos productos puede ser una estrategia efectiva para disminuir el consumo de sodio sin necesidad de eliminar por completo la sal utilizada en la preparación de los alimentos.
¿Qué significa este estudio para la salud?
La investigación aporta información interesante sobre la posible relación entre sodio, microbioma intestinal y función cerebral, pero todavía no permite establecer nuevas recomendaciones alimentarias para las personas.
En los ratones estudiados, tanto una dieta extremadamente baja como una muy alta en sal se relacionaron con un peor desempeño en pruebas de memoria, aunque aparentemente mediante mecanismos diferentes.
Para la población, el mensaje práctico sigue siendo el mismo: evitar el exceso de sodio, pero también evitar restricciones extremas sin una indicación médica.
Mientras se realizan investigaciones en seres humanos que permitan determinar si estos mecanismos tienen relevancia clínica, las recomendaciones actuales para limitar el consumo excesivo de sal continúan vigentes.
Preguntas frecuentes
¿Comer poca sal provoca pérdida de memoria?No existe evidencia suficiente para afirmarlo en humanos. El estudio se realizó en ratones con microbiomas humanizados.
¿Entonces es perjudicial reducir la sal?No. Reducir el consumo excesivo de sal continúa siendo una medida recomendada para cuidar la presión arterial y la salud cardiovascular.
¿Cuánta sal recomienda la OMS?La OMS recomienda consumir menos de 5 gramos de sal al día en adultos, equivalentes a menos de 2 gramos de sodio.
¿El estudio demuestra que comer mucha sal también afecta la memoria?El estudio encontró esa asociación en ratones sometidos a una dieta con una cantidad muy elevada de sal. Todavía se necesita investigación en humanos para determinar si existe un efecto similar en las personas.
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