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Los pacientes con dolor deberían reducir los opioides a su propio ritmo, sugiere un estudio

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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Se estima que alrededor de 5 millones de personas en Estados Unidos utilizan analgésicos opioides para controlar el dolor crónico.

Un estudio reciente sugiere que la forma más segura de disminuir el consumo de estos medicamentos es permitir que el propio paciente tenga un papel central en las decisiones sobre la reducción de la dosis.

Beth Darnall, autora principal de la investigación y profesora de anestesiología, medicina perioperatoria y del dolor en la Universidad de Stanford, explicó que los resultados son alentadores para los pacientes. Según señaló, cuando la reducción de opioides se realiza mediante un enfoque centrado en la persona, es posible disminuir considerablemente la dosis sin que el dolor aumente de manera sostenida.

El estudio, publicado en Annals of Internal Medicine, incluyó a más de 500 adultos con dolor crónico.

Todos los participantes habían sufrido dolor durante al menos seis meses y llevaban un mínimo de tres meses utilizando opioides para aliviarlo. Ninguno presentaba un diagnóstico de trastorno por consumo de estas sustancias.

Sin embargo, muchos de ellos llevaban mucho más tiempo usando estos medicamentos. En promedio, los participantes habían consumido opioides durante 12.4 años al momento de iniciar el estudio.

La mayoría expresó su deseo de reducir la dosis y trabajó junto con sus médicos para alcanzar el nivel más bajo posible que continuara siendo efectivo y tolerable, en un proceso que se extendió durante un año.

Dentro del programa desarrollado por Stanford, las dosis se disminuyeron gradualmente, con reducciones máximas del 10 % mensual. Además, los pacientes tenían la posibilidad de pausar el proceso de reducción cuando lo consideraran necesario, siempre en coordinación con su médico.

El objetivo principal era lograr una disminución de al menos el 50 % de la dosis sin que aumentara el dolor, o bien mantener la misma dosis mientras se conseguía una reducción significativa de la intensidad del dolor.

Al finalizar los 12 meses de seguimiento, cerca de la mitad de los participantes alcanzó estos criterios de éxito.

Darnall destacó que uno de los elementos más importantes del programa fue que los pacientes conservaran el control sobre las decisiones relacionadas con la reducción del tratamiento.

Explicó que gran parte del temor a disminuir los opioides surge de la sensación de perder el control del proceso. Por ello, el programa se diseñó para adaptarse a las necesidades individuales y garantizar que cada persona pudiera participar activamente en las decisiones sobre su tratamiento.

Los resultados coinciden con las recomendaciones actuales de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, que promueven una reducción gradual de los opioides basada en un enfoque centrado en el paciente para tratar el dolor crónico.

Estas recomendaciones difieren de las emitidas en 2016 por los CDC, las cuales no ofrecían orientaciones claras sobre la velocidad adecuada para disminuir las dosis.

Tras la publicación de esas guías, muchas personas que llevaban años utilizando opioides experimentaron reducciones demasiado rápidas o incluso la suspensión repentina del tratamiento sin haber participado en la decisión.

Según Darnall, estas prácticas provocaron síntomas de abstinencia que, en algunos casos, favorecieron el consumo de drogas ilícitas e incluso estuvieron relacionadas con un mayor riesgo de suicidio.

La investigadora señaló que, paradójicamente, las medidas implementadas para reducir los riesgos asociados con los opioides terminaron generando nuevos peligros cuando las dosis se disminuyeron de forma inadecuada.

Explicó que, si bien aumentar la dosis puede conllevar riesgos, reducirla de manera brusca también puede tener consecuencias importantes para la salud.

Los autores aclararon que el método evaluado en este estudio no está destinado a personas que ya presentan una adicción a los opioides.

El equipo de Stanford también investigó si distintas intervenciones de apoyo, como ocho sesiones semanales de terapia cognitivo-conductual o un programa de seis semanas de autocontrol del dolor crónico dirigido por compañeros, podían mejorar las probabilidades de éxito durante la reducción de los opioides.

Los resultados mostraron que estas estrategias no incrementaron de forma significativa la tasa de éxito, aunque la terapia cognitivo-conductual sí pareció ayudar a aliviar los síntomas de abstinencia durante el proceso.

Darnall y sus colaboradores esperan que estos hallazgos sirvan de guía para quienes desean disminuir el uso de opioides de manera segura.

Una encuesta previa realizada por la Universidad de Stanford reveló que el 68 % de los pacientes que habían recibido una receta de opioides intentó reducir su consumo sin lograrlo.

La investigadora advirtió que suspender estos medicamentos de forma repentina suele ser una experiencia muy difícil. Como consecuencia, muchas personas concluyen erróneamente que nunca podrán disminuir la dosis, cuando en realidad el fracaso se debió a que el intento se realizó de una manera inadecuada y demasiado abrupta.

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