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Los 3 ejercicios sin máqunas ni pesas para ganar fuerza, equilibrio y movilidad

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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Con el envejecimiento, algunas acciones que durante años se realizan de manera automática pueden convertirse en indicadores importantes de la condición física.

Levantarse de una silla, caminar con estabilidad, agacharse para recoger algo o mantener una postura adecuada requieren fuerza, coordinación, equilibrio y movilidad.

A medida que aumenta la expectativa de vida y cobra mayor importancia el envejecimiento activo, el ejercicio comienza a entenderse más allá de la estética o el rendimiento deportivo. Para muchas personas, mantenerse físicamente activas representa una estrategia para conservar la independencia y reducir el impacto de las limitaciones funcionales que pueden aparecer con los años.

En este contexto, la entrenadora estadounidense Denise Austin, de 69 años, ha destacado una rutina compuesta por tres ejercicios que pueden realizarse en casa y sin equipamiento especializado. La secuencia busca fortalecer principalmente piernas, glúteos, brazos, pecho y abdomen, además de trabajar capacidades relacionadas con la estabilidad y la movilidad.

Austin ha señalado que estos movimientos forman parte de una estrategia para mantenerse fuerte durante el envejecimiento y conservar capacidades necesarias para las actividades cotidianas.

Una rutina sencilla que puede realizarse en casa

Una de las características principales de esta propuesta es que no requiere acudir a un gimnasio ni utilizar pesas. Para realizar los ejercicios basta con contar con elementos habituales del hogar, como una silla, un sofá o alguna superficie elevada que pueda utilizarse como apoyo.

El objetivo tampoco es realizar un entrenamiento de alta intensidad, sino trabajar mediante movimientos que guardan relación con actividades que las personas realizan habitualmente.

La rutina está integrada por tres ejercicios: uno dirigido principalmente a piernas y glúteos, otro destinado al tren superior y un tercero centrado en la musculatura abdominal y la estabilidad del torso.

1. Toques de glúteo para fortalecer piernas y glúteos

El primer movimiento parte de una acción cotidiana: sentarse y levantarse. Los llamados toques de glúteo utilizan una silla como referencia para trabajar principalmente la musculatura de las piernas y la zona glútea.

Para comenzar, hay que colocarse frente a una silla, con los pies aproximadamente al ancho de las caderas. Después se flexionan las rodillas y se lleva el cuerpo hacia abajo como si se fuera a sentar, procurando mantener la espalda en una posición estable y los pies firmemente apoyados en el suelo.

Los brazos pueden extenderse hacia adelante para facilitar el equilibrio. Cuando los glúteos tocan ligeramente el asiento, se vuelve a la posición inicial extendiendo las caderas y las rodillas.

Aunque parece un movimiento sencillo, requiere fuerza muscular, coordinación y control postural. Además, reproduce una acción que se realiza constantemente en la vida diaria, desde levantarse de una silla hasta incorporarse de la cama o del sofá.

La intensidad puede adaptarse según la condición física de cada persona. Es posible apoyarse más en la silla cuando se necesita mayor estabilidad o reducir el contacto con el asiento conforme aumenta la fuerza.

2. Flexiones elevadas para trabajar brazos, pecho y hombros

El segundo ejercicio consiste en realizar flexiones utilizando una superficie elevada. En lugar de apoyar las manos directamente sobre el suelo, pueden colocarse sobre una mesa estable, un banco o el brazo firme de un sofá.

Esta modificación disminuye la dificultad respecto de una flexión tradicional y permite trabajar el tren superior de una manera más accesible.

Para ejecutarlas, las manos deben colocarse aproximadamente al ancho de los hombros sobre la superficie elegida. El cuerpo debe mantenerse alineado y los brazos deben flexionarse para acercar el pecho hacia el apoyo. Después se extienden nuevamente los brazos para regresar a la posición inicial.

Durante el movimiento es importante mantener el abdomen activo y evitar que la espalda pierda la alineación.

Las flexiones elevadas involucran principalmente pecho, hombros y brazos, mientras que la musculatura abdominal participa como estabilizadora.

Más allá del fortalecimiento muscular, este tipo de ejercicio busca conservar la capacidad de empujar y utilizar los brazos para sostener o incorporar el cuerpo. Esa fuerza puede resultar útil en situaciones cotidianas, como levantarse de una superficie, apoyarse para recuperar el equilibrio o mover objetos.

3. Trabajo abdominal para mejorar la estabilidad del torso

El tercer movimiento se concentra en la zona abdominal y combina un trabajo de control del torso con movimientos de las piernas. La propuesta incluye una posición similar a los abdominales en V y busca fortalecer el llamado core.

Para realizarlo, se parte de una posición sentada en una silla. El torso se inclina ligeramente hacia atrás, aproximadamente 45 grados, mientras las piernas se separan del suelo y las rodillas permanecen flexionadas.

Las manos pueden colocarse a los lados de las caderas sobre la silla para proporcionar estabilidad.

Desde esa posición, las rodillas se acercan al pecho mientras el torso se desplaza ligeramente hacia adelante. Después, las piernas se extienden hacia el frente mientras el tronco vuelve a inclinarse hacia atrás. El movimiento debe realizarse de forma controlada, evitando balancearse.

La propuesta contempla completar alrededor de 20 repeticiones y posteriormente mantener la posición durante unos 20 segundos. Para aumentar la dificultad, pueden extenderse las piernas durante la posición sostenida, siempre que la persona pueda hacerlo con buena técnica.

El fortalecimiento de la zona media puede contribuir al control del tronco, que participa en numerosas actividades como caminar, girar, mantenerse de pie, levantar objetos y cambiar de posición.

La fuerza funcional puede ser clave para conservar la independencia

La importancia de esta rutina no está únicamente en los músculos que trabaja, sino en el carácter funcional de sus movimientos. Sentarse y levantarse, empujar con los brazos y estabilizar el torso son acciones presentes en numerosas actividades de la vida cotidiana.

Conservar estas capacidades puede ser especialmente relevante durante el envejecimiento, cuando la pérdida de fuerza y movilidad puede dificultar progresivamente algunas tareas.

Por ello, el ejercicio no necesariamente debe asociarse con entrenamientos intensos o con objetivos exclusivamente relacionados con el peso y la apariencia física. También puede utilizarse para mantener capacidades que permiten desenvolverse con mayor autonomía.

Una rutina doméstica que utilice una silla o un sofá puede ser una alternativa sencilla para incorporar ejercicios de fuerza a la vida diaria. Sin embargo, la dificultad debe ajustarse a la condición física de cada persona y los movimientos deben realizarse de manera segura, especialmente en adultos mayores o en quienes tienen problemas de equilibrio, dolor o alguna enfermedad musculoesquelética.

El objetivo final no es alcanzar un determinado rendimiento deportivo, sino mantener el cuerpo preparado para continuar realizando con la mayor independencia posible las actividades habituales.

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