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Las personas que han sufrido un AVC deben comenzar la rehabilitación en un plazo de 48 horas

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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Sara Kutzle se desempeñaba como maquilladora en San Francisco cuando sufrió un derrame cerebral a los 39 años.

El accidente cerebrovascular la llevó a permanecer una semana en cuidados intensivos y aproximadamente un mes hospitalizada. Después tuvo que pasar varios meses recuperando habilidades básicas, como caminar y escribir, además de enfrentarse al reto de volver a desempeñarse como una artista diestra.

“Al principio, toda mi atención estaba puesta en recuperar mi cuerpo, pero poco después comprendí que la recuperación abarcaba mucho más”, relató Kutzle. El derrame también afectó su confianza, bienestar emocional, relaciones personales y autonomía.

Con el objetivo de favorecer una recuperación más completa, las nuevas recomendaciones de la Asociación Americana de Ictus señalan que la rehabilitación debe comenzar lo antes posible. Siempre que el paciente se encuentre estable, se recomienda iniciarla desde el hospital, idealmente durante las primeras 48 horas después del evento cerebrovascular.

Las nuevas directrices también destacan que el tratamiento debe adaptarse a las necesidades particulares de cada paciente, considerando tanto las secuelas físicas como los aspectos cognitivos, comunicativos y emocionales.

Lorie Gage Richards, profesora asociada de la Universidad de Utah y autora principal de las recomendaciones, explicó que la rehabilitación después de un ictus es especialmente compleja porque el evento puede afectar numerosas capacidades necesarias para realizar las actividades cotidianas. Incluso tareas aparentemente sencillas requieren la coordinación de distintas funciones físicas, cognitivas y comunicativas.

Richards señaló que no existen dos ictus iguales y que cada persona enfrenta dificultades diferentes. Por ello, la recuperación no sigue un mismo camino para todos y los programas de rehabilitación deben diseñarse de acuerdo con las necesidades específicas de cada individuo.

Kutzle, quien participó en la elaboración de las nuevas recomendaciones, coincide con esta perspectiva. Para ella, recuperarse no significó simplemente volver a realizar las actividades que hacía antes, sino aceptar los cambios provocados por el ictus y descubrir cómo seguir adelante con una nueva realidad.

El accidente cerebrovascular puede afectar a personas de cualquier edad. Cada año, cerca de 800,000 estadounidenses sufren un ictus, y actualmente este padecimiento representa una de las principales causas de muerte en Estados Unidos.

Las nuevas recomendaciones también aconsejan evaluar de manera sistemática la salud mental de los supervivientes para identificar problemas como depresión, ansiedad y otras dificultades emocionales que pueden interferir con el proceso de recuperación.

En el caso de Kutzle, participar en un grupo de apoyo, escribir sobre su experiencia y aprender a procesar emocionalmente lo ocurrido fueron elementos importantes de su recuperación. También tuvo que dejar de comparar sus avances con los de otras personas y concentrarse en su propio proceso. Reconocer que la salud mental es una parte fundamental de la rehabilitación representó un cambio importante para ella.

La rehabilitación también debe ayudar a los pacientes a recuperar su participación en la vida diaria. Esto incluye aspectos como regresar al trabajo, cuidar de los hijos, afrontar problemas de sueño y dolor y adaptarse a posibles cambios en la función sexual.

Para Kutzle, uno de los mayores desafíos fue aceptar que su vida podía tomar un rumbo diferente al que había imaginado. Mientras observaba a sus amigos avanzar profesionalmente y formar familias, ella tenía que adaptarse a una realidad distinta. Su proceso de recuperación consistió en descubrir quién podía llegar a ser, en lugar de intentar recuperar exactamente la persona que era antes del ictus.

Las recomendaciones también destacan la importancia de involucrar a los cuidadores durante todo el proceso. Deben participar en la planificación de la rehabilitación, recibir educación y contar con apoyo para poder contribuir adecuadamente al cuidado del paciente.

Un tratamiento eficaz requiere además la colaboración coordinada de un equipo multidisciplinario. Dependiendo de las necesidades de cada persona, este puede incluir neurólogos, personal especializado en enfermería de rehabilitación, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, logopedas, trabajadores sociales y psicólogos.

La recuperación después de un ictus puede prolongarse durante meses o incluso años y no necesariamente tiene un momento específico en el que pueda considerarse completamente terminada. Cada superviviente experimentará un proceso diferente.

Richards enfatizó que recuperarse de un ictus implica mucho más que recuperar fuerza física o determinadas habilidades. Se trata de un proceso continuo que también requiere afrontar cambios emocionales, adaptarse a nuevos desafíos y reconstruir la vida con un renovado sentido de propósito y capacidad de resiliencia.

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