La ONU advierte que el calor extremo ya amenaza tu salud

Las temperaturas extremas han dejado de ser un evento ocasional para convertirse en un problema creciente de salud pública en numerosas regiones del mundo.
Organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han advertido que el incremento sostenido de las temperaturas está asociado con un mayor número de enfermedades, hospitalizaciones y fallecimientos relacionados con el calor.
Los especialistas señalan que la exposición prolongada a temperaturas elevadas va mucho más allá de la incomodidad. Cuando el organismo pierde la capacidad de mantener estable su temperatura interna, pueden producirse alteraciones que comprometen el funcionamiento del corazón, el cerebro, los riñones y otros órganos vitales. Los riesgos son especialmente altos para adultos mayores, niños pequeños, mujeres embarazadas, personas con enfermedades crónicas y quienes trabajan o realizan ejercicio al aire libre.
El calor extremo representa un desafío cada vez mayor
De acuerdo con organismos internacionales, los registros climáticos muestran que los últimos años han sido los más cálidos desde que existen mediciones sistemáticas. Esta tendencia favorece la aparición de olas de calor más frecuentes, intensas y prolongadas, incrementando la exposición de millones de personas a condiciones que pueden superar la capacidad del cuerpo para disipar el calor.
Además, este fenómeno ya no afecta únicamente a regiones tradicionalmente cálidas. Muchas ciudades con climas templados también experimentan episodios de calor extremo que representan un reto para sus sistemas sanitarios y de infraestructura.
El organismo tiene un límite para soportar las altas temperaturas
El cuerpo humano mantiene normalmente una temperatura cercana a los 37 °C gracias a mecanismos fisiológicos como la sudoración y el aumento del flujo sanguíneo hacia la piel, procesos que favorecen la pérdida de calor.
Sin embargo, cuando la temperatura ambiental es muy elevada o existe una alta humedad, estos mecanismos dejan de ser suficientes. Como consecuencia, la temperatura corporal puede aumentar rápidamente y dar paso al agotamiento por calor o, en situaciones más graves, al golpe de calor, una emergencia médica que puede ocasionar daño cerebral, falla de múltiples órganos e incluso poner en riesgo la vida.
¿Quiénes son más vulnerables?
Aunque cualquier persona puede verse afectada por el calor extremo, algunos grupos presentan un riesgo considerablemente mayor.
Los adultos mayores suelen tener una menor capacidad para regular su temperatura corporal y, además, perciben menos la sensación de sed. En el caso de los niños pequeños, su sistema de regulación térmica aún está en desarrollo, lo que los hace más susceptibles.
También presentan mayor riesgo las personas con enfermedades cardiovasculares, diabetes, insuficiencia renal, obesidad o padecimientos respiratorios, así como quienes utilizan medicamentos que modifican la hidratación o la regulación de la temperatura corporal.
Asimismo, trabajadores agrícolas, personal de construcción, repartidores y deportistas requieren medidas adicionales para disminuir su exposición al calor.
La deshidratación comienza antes de sentir sed
Uno de los errores más frecuentes consiste en esperar a tener sed para beber líquidos.
Los especialistas explican que la sensación de sed aparece cuando el organismo ya ha comenzado a perder una cantidad importante de agua. Incluso una deshidratación leve puede afectar la concentración, la memoria, el estado de ánimo y el rendimiento físico.
Si la pérdida de líquidos continúa, aumenta el riesgo de sufrir calambres musculares, mareos, desmayos y complicaciones cardiovasculares. Por ello, los expertos recomiendan mantener una hidratación constante durante todo el día, especialmente cuando se permanece al aire libre o se realizan actividades físicas.
El golpe de calor puede convertirse rápidamente en una emergencia
La exposición prolongada al sol o permanecer dentro de un vehículo cerrado durante varias horas puede desencadenar un golpe de calor, una condición potencialmente mortal.
Este problema aparece cuando la temperatura corporal supera aproximadamente los 40 grados Celsius y el organismo pierde la capacidad de eliminar el exceso de calor.
Entre los principales síntomas se encuentran la confusión, la piel muy caliente, seca o intensamente enrojecida, dolor de cabeza intenso, pulso acelerado, desorientación, convulsiones y pérdida del conocimiento.
Ante cualquiera de estas manifestaciones, es fundamental solicitar atención médica de inmediato, trasladar a la persona a un lugar fresco e iniciar medidas para disminuir su temperatura corporal mientras llega la ayuda especializada.
Las noches calurosas también afectan la salud
Las altas temperaturas durante la noche representan otra preocupación creciente para los especialistas.
Cuando el organismo no logra enfriarse adecuadamente durante el descanso, disminuye su capacidad de recuperarse del esfuerzo acumulado durante el día. Dormir mal durante varios días consecutivos puede alterar el sistema inmunológico, favorecer el aumento de la presión arterial, afectar el metabolismo y reducir el rendimiento cognitivo.
Además, la falta de descanso incrementa el riesgo de accidentes laborales y de tránsito, especialmente durante periodos prolongados de calor extremo.
El calor incrementa el esfuerzo del corazón y los riñones
Las temperaturas elevadas obligan al organismo a realizar un mayor esfuerzo para conservar el equilibrio interno.
El corazón debe bombear más sangre hacia la piel para facilitar la pérdida de calor, mientras que los riñones trabajan para mantener el balance de líquidos y electrolitos.
En personas con enfermedades cardiovasculares o renales, esta sobrecarga puede favorecer complicaciones importantes. Por ello, los especialistas recomiendan seguir adecuadamente los tratamientos médicos y buscar atención si aparecen síntomas como dificultad para respirar, fatiga intensa o una disminución marcada en la producción de orina.
Medidas para protegerse durante una ola de calor
Las recomendaciones de los organismos internacionales coinciden en varias acciones sencillas que ayudan a disminuir el riesgo asociado con las altas temperaturas.
Entre ellas destacan:
Beber agua de manera frecuente, incluso sin sentir sed.Evitar actividades físicas intensas durante las horas de mayor calor.Utilizar ropa ligera, holgada y de colores claros.Permanecer en lugares frescos, con sombra o aire acondicionado siempre que sea posible.Mantener bien ventilados los espacios interiores.Supervisar regularmente a adultos mayores, niños pequeños y personas que viven solas.
Asimismo, nunca se debe dejar a personas o mascotas dentro de vehículos estacionados, ya que la temperatura en su interior puede aumentar rápidamente hasta alcanzar niveles peligrosos.
Adaptarse al calor será cada vez más importante
Diversos informes científicos advierten que el calor extremo será cada vez más frecuente como consecuencia del cambio climático, lo que hace necesario implementar estrategias de adaptación tanto a nivel individual como colectivo.
Entre las acciones propuestas se encuentran fortalecer los sistemas de alerta temprana, ampliar las áreas verdes urbanas, construir edificaciones mejor adaptadas a las altas temperaturas y reforzar la capacidad de respuesta de los servicios de salud frente a emergencias relacionadas con el calor.
En el ámbito personal, adoptar hábitos sencillos como mantenerse bien hidratado, reconocer los síntomas del agotamiento por calor, proteger a las personas más vulnerables y ajustar las actividades al aire libre durante los días más calurosos puede reducir de forma importante el riesgo de complicaciones.
La evidencia disponible coincide en que el calor extremo representa un desafío creciente para la salud pública. Prepararse y actuar de manera preventiva puede marcar la diferencia entre afrontar con seguridad una jornada calurosa o enfrentar una emergencia médica.
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