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La montaña rusa emocional del Mundial: efectos psicológicos de otro triunfo agónico

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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En Argentina, el fútbol trasciende el ámbito deportivo y forma parte de la identidad cultural y emocional del país. Cada partido de la selección nacional moviliza sentimientos intensos capaces de influir en el estado de ánimo colectivo.

La reciente clasificación a la final del Mundial 2026, conseguida tras una agónica victoria frente a Inglaterra gracias a un cabezazo de Lautaro Martínez en los minutos finales, desató una celebración masiva. Sumada al dramático triunfo previo ante Egipto, esta campaña convirtió cada encuentro en una auténtica prueba emocional para millones de aficionados.

Especialistas en psicología y diversos estudios científicos coinciden en que la pasión por el fútbol puede generar reacciones físicas y mentales que van desde la euforia hasta un profundo agotamiento, con efectos que perduran mucho después del silbatazo final.

La identificación con el equipo: vivir el partido como propio

El psicoanalista Ricardo A. Rubinstein, integrante de la Asociación Psicoanalítica Argentina, explicó que los aficionados suelen identificarse profundamente con la selección nacional, al punto de experimentar el partido como si ellos mismos estuvieran en el campo de juego.

Según el especialista, el destino del equipo se convierte en una experiencia personal, lo que hace que cada triunfo o derrota implique una importante inversión de energía emocional.

Por su parte, el psicoanalista Jorge Catelli señaló que el fútbol funciona como una forma de catarsis colectiva. Desde esta perspectiva, el partido se transforma en un escenario simbólico donde los aficionados viven emociones intensas, sufren, disfrutan y celebran como parte de una experiencia compartida. Expresiones como "ganamos" o "perdimos" reflejan esa identificación emocional con el equipo.

La ciencia también ofrece una explicación para este fenómeno. Una investigación publicada por Medical Daily destaca el papel de las neuronas espejo, células cerebrales que permiten que los espectadores experimenten respuestas similares a las de los propios jugadores. Gracias a este mecanismo, al observar un penal, una jugada de peligro o un gol decisivo, el organismo del aficionado puede responder con aumento de la frecuencia cardíaca, cambios en la respiración y otras reacciones fisiológicas comparables a las que viviría un deportista en competencia.

Del estrés a la euforia: el impacto físico del fútbol

La psicóloga deportiva Laura Spaccarotella explicó que los partidos de alta tensión activan la respuesta fisiológica conocida como "lucha o huida". Durante el encuentro aparecen emociones como ansiedad, miedo, expectativa e ilusión, que pueden manifestarse mediante sudoración, palpitaciones, tensión muscular o sensación de nudo en el estómago.

Gran parte de estas respuestas se relaciona con la liberación de hormonas como el cortisol y la adrenalina. Investigadores del Centro para el Estudio de la Cohesión Social de la Universidad de Oxford encontraron que los aficionados con un fuerte vínculo emocional con su equipo presentan niveles significativamente más altos de estrés durante los partidos, especialmente cuando el resultado es incierto o desfavorable.

La investigadora Martha Newson explicó que los niveles de cortisol aumentan considerablemente durante los encuentros en vivo entre quienes sienten una mayor identificación con su selección, alcanzando sus niveles más altos en los momentos de mayor tensión deportiva.

Además del impacto psicológico, algunos estudios han documentado efectos físicos. Una investigación publicada en el New England Journal of Medicine mostró que presenciar partidos especialmente estresantes puede duplicar el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares menores en personas susceptibles. La tensión sostenida favorece la vasoconstricción y eleva la presión arterial, aumentando temporalmente la carga sobre el sistema cardiovascular.

Cuando finalmente llega un desenlace favorable, como el gol decisivo de Lautaro Martínez frente a Inglaterra, el organismo experimenta un alivio inmediato. Sin embargo, la energía física y emocional invertida durante el partido no se recupera de manera instantánea. Diversos trabajos recopilados en PubMed indican que la intensa exigencia mental también puede generar fatiga psicológica en los espectadores, provocando agotamiento y dificultades para retomar las actividades habituales tras el encuentro.

Celebrar también forma parte de la recuperación

Los especialistas señalan que los rituales posteriores al partido desempeñan un papel importante en el procesamiento de las emociones vividas.

Rubinstein explica que celebrar, conversar sobre el encuentro, compartir memes, analizar las jugadas o festejar en grupo permite canalizar la tensión acumulada y facilita la recuperación emocional.

Esta dimensión social también ha sido respaldada por la investigación científica. Un estudio publicado en Frontiers in Psychology encontró que ver eventos deportivos en compañía fortalece las relaciones sociales y aumenta la sensación de bienestar. Según los investigadores, la interacción con otras personas explica una parte importante del efecto positivo que tiene el deporte sobre la felicidad, más allá del entretenimiento que ofrece el propio espectáculo.

Desde el punto de vista neurobiológico, una investigación publicada en Sport Management Review señala que observar competencias deportivas activa los circuitos cerebrales relacionados con la recompensa y favorece la liberación de dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer, la motivación y la sensación de bienestar. Este efecto suele intensificarse durante acontecimientos de gran relevancia cultural, como una Copa del Mundo.

Una pasión que deja huella

El psicoanalista Jorge Catelli sostiene que el cansancio que muchas personas experimentan después de un partido se debe a que el cerebro no distingue por completo entre una amenaza física y una amenaza simbólica cuando la experiencia emocional es muy intensa.

Por ello, incluso después del festejo, el organismo continúa procesando el estrés vivido, mientras la mente repasa una y otra vez las jugadas decisivas y anticipa el siguiente compromiso de la selección.

La fatiga que acompaña a la alegría de una victoria representa, en cierto modo, el costo emocional de una pasión compartida. En Argentina, el fútbol no se limita al terreno de juego: también se vive en los hogares, en las calles y en cada conversación, convirtiéndose en una experiencia colectiva que une, emociona y deja una profunda huella tanto en la mente como en el cuerpo.

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