Jugadores profesionales de fútbol muestran signos de encogimiento cerebral

La fiebre por la Copa del Mundo mantiene el fútbol en el centro de la atención en Estados Unidos mientras el torneo se acerca a su gran final.
Sin embargo, un nuevo estudio pone de relieve un aspecto menos visible del deporte: las posibles consecuencias que el fútbol profesional podría tener sobre la salud cerebral de quienes lo practican.
Los investigadores encontraron que exfutbolistas profesionales de mediana edad presentan una mayor reducción del volumen en regiones clave del cerebro en comparación con personas que nunca participaron en deportes de contacto. Los resultados fueron presentados el domingo durante la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer, celebrada en Londres.
Caleigh Grace Lynch, autora principal del estudio e investigadora del Imperial College de Londres, explicó que estos hallazgos sugieren que los exjugadores de fútbol de alto nivel podrían presentar cambios medibles en la estructura cerebral incluso durante la mediana edad, antes de que aparezcan enfermedades neurodegenerativas clínicamente evidentes.
Además de las alteraciones cerebrales, los exfutbolistas reportaron con mayor frecuencia síntomas de depresión y ansiedad, así como dificultades relacionadas con el pensamiento y la toma de decisiones.
Lynch señaló que, aunque las pruebas cognitivas objetivas no mostraron diferencias significativas entre los grupos, sí se observaron cambios importantes tanto en la estructura cerebral como en los síntomas que manifestaban los participantes.
Los investigadores recordaron que el fútbol implica impactos repetitivos en la cabeza, principalmente debido a los remates de cabeza, una técnica utilizada para dirigir el balón mediante golpes con la frente.
En otros deportes de contacto, este tipo de traumatismos repetidos se ha asociado con la encefalopatía traumática crónica (CTE), una enfermedad neurodegenerativa relacionada con las conmociones cerebrales y otros traumatismos craneales.
Para llevar a cabo el estudio, el equipo comparó a 142 exjugadores profesionales de fútbol con un grupo de 56 personas que habían prestado servicio militar, pero que no tenían antecedentes de deportes de contacto ni de golpes repetitivos en la cabeza.
El grupo de futbolistas estuvo integrado por 126 hombres que habían mantenido contratos profesionales de tiempo completo durante al menos tres años y 16 mujeres que habían competido profesionalmente en el Reino Unido. Todos tenían entre 30 y 60 años.
Los resultados mostraron que el 31 % de los exjugadores presentaba síntomas de depresión clínicamente significativos, frente al 9 % observado en el grupo de comparación.
Asimismo, el 42 % de los exfutbolistas mostró síntomas importantes de ansiedad, mientras que esta proporción fue del 25 % entre los participantes del grupo de control.
Las imágenes obtenidas mediante estudios cerebrales revelaron una disminución de la materia gris en diversas regiones relacionadas con funciones como la memoria, la atención, la toma de decisiones y la regulación de las emociones.
En términos generales, los exjugadores presentaban un menor volumen cerebral que las personas del grupo de comparación.
Los investigadores tienen previsto continuar siguiendo a estos participantes durante los próximos años para determinar si estos cambios cerebrales aumentan el riesgo de desarrollar encefalopatía traumática crónica, demencia o enfermedad de Alzheimer.
Thomas Parker, investigador principal del estudio, profesor clínico y neurólogo consultor del Imperial College de Londres, explicó que el seguimiento a largo plazo permitirá comprender mejor cómo los impactos repetitivos en la cabeza pueden afectar la salud cerebral con el paso del tiempo y contribuir al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas. También señaló que estos conocimientos podrían servir para diseñar estrategias que hagan el fútbol más seguro para las futuras generaciones.
Por su parte, María Carrillo, directora científica y responsable de asuntos médicos de la Asociación de Alzheimer, afirmó que investigaciones como esta ayudan a comprender mejor los factores que influyen en la salud cerebral a lo largo de la vida y refuerzan la importancia de prevenir y vigilar las lesiones en la cabeza.
Carrillo añadió que estos resultados pueden ayudar tanto a jugadores como a médicos y organizaciones deportivas a comprender mejor los riesgos asociados con los deportes de contacto y a desarrollar medidas que permitan practicarlos de una forma más segura.
Los autores recordaron que estos hallazgos deben considerarse preliminares, ya que fueron presentados en un congreso científico y todavía no han sido publicados en una revista científica sometida a revisión por pares.
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