Investigadores desmienten un ‘estudio’ antivacunas que se hizo viral

Investigadores de distintas partes del mundo publicaron un análisis en el que ponen en duda la solidez científica de un estudio que ha sido ampliamente difundido por grupos antivacunas.
Los expertos advierten que la difusión de investigaciones preliminares que no han sido sometidas a revisión por pares puede resultar especialmente peligrosa cuando son presentadas públicamente como pruebas definitivas. Además, plantean recomendaciones destinadas a combatir la desinformación y recuperar la confianza en las vacunas, al considerar que el crecimiento de los movimientos antivacunas constituye un desafío para la salud pública.
El trabajo, titulado Vaccines, Bias, and the Perils of Non-peer-reviewed Studies: Fueling Misinformation and Vaccine Hesitancy (Vacunas, sesgos y los peligros de los estudios no revisados por pares: alimentando la desinformación y la reticencia a la vacunación), fue desarrollado por especialistas internacionales en vacunología, pediatría, enfermedades infecciosas, epidemiología y bioestadística. El equipo estuvo encabezado por investigadores del King's College London y de la Universidad de La Sabana.
Los autores explican que su análisis surgió debido a la gran difusión que tuvo un borrador elaborado alrededor de 2020 por el Dr. Marcus Zervos. Dicho documento nunca fue sometido a revisión por pares ni llegó a publicarse en una revista científica, pero posteriormente fue utilizado por sectores antivacunas para cuestionar la seguridad de las vacunas.
El estudio original pretendía comparar la frecuencia de enfermedades crónicas entre menores vacunados y no vacunados. Para ello utilizó información histórica de 18.468 niños nacidos entre 2000 y 2016, pertenecientes a un mismo sistema sanitario estadounidense. A pesar de no haber pasado por los mecanismos habituales de validación científica, el documento fue presentado ante un comité del Senado de Estados Unidos y posteriormente incluido en el documental An Inconvenient Study. Esto contribuyó a su propagación en redes sociales y a su difusión por parte de influencers y creadores de contenido relacionados con el movimiento antivacunas.
Ante esta situación, los investigadores señalan que el borrador presenta diversas deficiencias metodológicas y posibles sesgos que impiden establecer una relación causal entre la vacunación y el desarrollo de enfermedades crónicas.
El nuevo análisis, dirigido por el Dr. Daniel Munblit y el Dr. Luis Felipe Reyes, identifica varios problemas que, de acuerdo con los especialistas, disminuyen considerablemente la confiabilidad de las conclusiones del documento original.
Uno de los principales problemas detectados es el llamado sesgo de detección. Los niños vacunados acudían, en promedio, siete veces al año a consultas médicas, mientras que los menores no vacunados lo hacían alrededor de dos veces. Esta diferencia en la frecuencia de atención médica podía incrementar las posibilidades de detectar y registrar enfermedades entre los niños vacunados, sin que necesariamente significara que presentaran una mayor incidencia real de esas patologías.
Los investigadores también encontraron una clasificación incorrecta del estado de vacunación a lo largo del tiempo. El estudio original consideró la condición de vacunado como si permaneciera constante desde el inicio del seguimiento, aunque los niños pueden pasar progresivamente de no estar vacunados a recibir algunas vacunas y posteriormente completar sus esquemas. Debido a este procedimiento, algunas enfermedades que ocurrieron antes de la aplicación de las vacunas pudieron terminar contabilizándose dentro del grupo de niños vacunados.
Otro aspecto cuestionado fue la diferencia en el tiempo de seguimiento. Los niños vacunados fueron observados durante una mediana de 970 días, mientras que los no vacunados tuvieron un seguimiento de aproximadamente 461 días. Según los investigadores, esta desigualdad aumentaba la posibilidad de identificar entre los vacunados enfermedades que suelen manifestarse en etapas posteriores de la infancia, entre ellas el asma, determinados trastornos del neurodesarrollo y algunas enfermedades autoinmunes.
El análisis también señala que el estudio no realizó los ajustes estadísticos necesarios para compensar la gran cantidad de resultados y subgrupos analizados. Al efectuar numerosas comparaciones sin aplicar las correcciones correspondientes, algunos resultados pueden alcanzar significación estadística simplemente debido al azar.
Para los autores, estas deficiencias demuestran que las asociaciones encontradas en el borrador no pueden interpretarse como evidencia de que las vacunas provoquen enfermedades. Más bien, consideran que el caso ejemplifica cómo una investigación preliminar, sin revisión independiente y posteriormente amplificada a través de las redes sociales, puede generar conclusiones que parecen convincentes, pero que no cuentan con suficiente respaldo científico.
El Dr. Luis Felipe Reyes, profesor de enfermedades infecciosas de la Facultad de Medicina y director del Unisabana Center for Translational Science de la Universidad de La Sabana, señaló que cuestionar la seguridad de las vacunas es una inquietud legítima que debe recibir respuestas basadas en evidencia.
El especialista aclaró que los estudios preliminares no son necesariamente problemáticos, ya que los preprints forman parte del proceso científico. Sin embargo, advirtió que el problema aparece cuando investigaciones que todavía no han sido evaluadas de manera independiente son presentadas en espacios políticos o en internet como si constituyeran evidencia científica definitiva.
El análisis también destaca que las vacunas representan uno de los mayores avances de la salud pública. Su objetivo es estimular al sistema inmunológico mediante una versión segura o un componente del agente que causa una enfermedad, permitiendo desarrollar anticuerpos y memoria inmunológica sin provocar la infección. Además de proteger a quienes reciben las vacunas, una alta cobertura de inmunización puede contribuir a proteger a personas vulnerables mediante la denominada inmunidad colectiva.
En este contexto, el Dr. Reyes considera que la propagación de información falsa o engañosa y el crecimiento de los movimientos antivacunas constituyen actualmente un problema de salud pública. De acuerdo con el investigador, las vacunas fueron fundamentales para enfrentar la emergencia provocada por el COVID-19 y, durante el último siglo, han contribuido a evitar millones de muertes.
Sin embargo, los expertos advierten que la disminución de la confianza en la vacunación puede favorecer nuevamente la aparición de enfermedades que habían sido controladas durante décadas, lo que demuestra la importancia de evaluar críticamente la evidencia científica antes de utilizarla para cuestionar la seguridad o eficacia de las vacunas.
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