Infección urinaria y de vejiga: cuál es la diferencia y cuándo consultar

La sensación de ardor al orinar, la necesidad frecuente de ir al baño y la emisión de pequeñas cantidades de orina suelen hacer pensar en una infección urinaria. Sin embargo, muchas personas utilizan este término como sinónimo de infección de vejiga, cuando en realidad no siempre describen exactamente la misma situación.
Tanto la Mayo Clinic como la Cleveland Clinic explican que las infecciones urinarias pueden afectar distintas partes del sistema urinario. En algunos casos permanecen limitadas a la uretra o la vejiga, mientras que en otros pueden extenderse hacia los riñones, lo que representa un cuadro de mayor gravedad y requiere atención médica oportuna.
Síntomas de una infección de vejiga y señales de alarma
Cuando la infección se localiza únicamente en la vejiga, los síntomas más habituales incluyen una necesidad urgente y constante de orinar, sensación de ardor durante la micción, aumento de la frecuencia urinaria con escasa cantidad de orina y molestias o presión en la parte inferior del abdomen.
La Mayo Clinic también señala que la orina puede adquirir un color rojizo, rosado intenso o marrón oscuro, un cambio que puede indicar la presencia de sangre.
En cambio, cuando aparecen fiebre, escalofríos, dolor en la espalda baja o en uno de los costados, además de náuseas o vómitos, existe la posibilidad de que la infección haya alcanzado los riñones. Estos síntomas requieren una valoración médica rápida, ya que pueden corresponder a una infección urinaria más compleja.
En las personas mayores, estas infecciones pueden manifestarse de manera menos evidente e incluso confundirse con otros problemas de salud, lo que dificulta su identificación.
Cómo se originan las infecciones urinarias
Ambas instituciones coinciden en que la mayoría de estas infecciones comienzan cuando bacterias ingresan al organismo a través de la uretra, el conducto encargado de transportar la orina desde la vejiga hacia el exterior. A partir de allí, los microorganismos pueden ascender por el tracto urinario y provocar la infección.
La bacteria que con mayor frecuencia está involucrada es Escherichia coli (E. coli), un microorganismo que normalmente forma parte de la flora intestinal y también puede encontrarse en la piel y en las zonas cercanas al recto y los genitales.
Factores que aumentan el riesgo
Las mujeres presentan un mayor riesgo de desarrollar infecciones urinarias debido a que su uretra es más corta y se encuentra más próxima al recto, lo que facilita el paso de bacterias hacia las vías urinarias.
Además, durante la perimenopausia y la menopausia disminuyen los niveles de estrógeno, lo que modifica el equilibrio de la microbiota vaginal y puede favorecer la aparición de estas infecciones.
Emily Slopnick, uróloga de la Cleveland Clinic, explica que todavía no se comprende completamente por qué algunas personas son más propensas que otras a padecer infecciones urinarias. Sin embargo, existen diversos factores que incrementan el riesgo, como los cambios hormonales, la diabetes, las relaciones sexuales, el uso de diafragmas o espermicidas, las dificultades para vaciar completamente la vejiga y una ingesta insuficiente de líquidos.
La Mayo Clinic añade otros factores predisponentes, entre ellos el estreñimiento, algunas anomalías congénitas del aparato urinario, los cálculos renales, el agrandamiento de la próstata, el uso prolongado de sondas urinarias y determinados procedimientos médicos realizados sobre las vías urinarias.
Asimismo, considera recurrentes las infecciones que aparecen al menos dos veces en un período de seis meses o tres o más episodios durante un año.
Cómo se confirma el diagnóstico
Aunque los síntomas orientan hacia una posible infección urinaria, por sí solos no son suficientes para confirmar el diagnóstico.
La Cleveland Clinic explica que el profesional de la salud realiza una evaluación clínica que incluye la revisión de los síntomas, un examen físico y la solicitud de estudios de orina.
Según la uróloga Emily Slopnick, existen diversas enfermedades que pueden producir irritación de la vejiga y síntomas similares sin tratarse realmente de una infección. Por ese motivo, señala que el diagnóstico se confirma únicamente cuando el cultivo de orina demuestra la presencia y el crecimiento de bacterias responsables de la infección.
Este estudio permite diferenciar una infección urinaria verdadera de otros trastornos con síntomas parecidos y facilita la elección del tratamiento más adecuado.
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