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Impacto de la deshidratación: ¿Qué les ocurre a tus riñones cuando falta agua?

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Agencias / El Tiempo
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Cómo afecta la deshidratación al funcionamiento de los riñones

El organismo necesita mantener un equilibrio adecuado de agua para garantizar el funcionamiento de sus órganos vitales. Los riñones desempeñan un papel esencial en esta regulación, ya que ajustan la cantidad de líquido que se conserva o elimina a través de la orina. Cuando se presenta deshidratación, disminuye el volumen de sangre circulante y se reduce el aporte de sangre a estos órganos, lo que puede comprometer su capacidad para filtrar y eliminar sustancias de desecho.

Si la falta de líquidos es intensa o se prolonga, pueden activarse mecanismos hormonales y fisiológicos que buscan preservar el agua disponible. Aunque estas respuestas son necesarias para mantener la estabilidad del organismo, una disminución persistente del flujo sanguíneo renal puede ocasionar lesiones en los tejidos, acumulación de productos de desecho y alteraciones importantes de la función renal. Por ello, conocer la participación de las diferentes estructuras del riñón permite comprender mejor las consecuencias de una hidratación insuficiente.

Disminución de la filtración glomerular

El glomérulo de Malpighi es una red de capilares donde comienza la filtración de la sangre. Durante la deshidratación, la reducción del volumen sanguíneo y del flujo que llega al riñón puede disminuir la tasa de filtración glomerular. Como resultado, el organismo filtra menos líquido y puede retener productos de desecho, como la urea y la creatinina, especialmente cuando la deshidratación es grave. Si esta situación persiste, puede producirse una lesión renal aguda.

Activación de los mecanismos de conservación de agua

Ante la disminución de agua corporal, la hipófisis posterior libera vasopresina, también conocida como hormona antidiurética. Esta hormona actúa sobre los conductos colectores del riñón y aumenta su permeabilidad al agua, favoreciendo que una mayor cantidad de líquido regrese a la circulación sanguínea. De esta manera, se reduce la cantidad de agua eliminada por la orina y esta se vuelve más concentrada y oscura. Este mecanismo es una respuesta de protección frente a la deshidratación, no un proceso que genere toxinas por sí mismo.

Reabsorción de sodio y agua en el túbulo proximal

El túbulo contorneado proximal es el segmento de la nefrona donde se reabsorbe la mayor parte del agua y del sodio filtrados, además de nutrientes y otras sustancias. Cuando existe una disminución del volumen circulante, los mecanismos hormonales y renales favorecen la retención de sodio y agua. Esta respuesta ayuda a recuperar el volumen sanguíneo, aunque una reducción intensa y prolongada del flujo renal puede limitar el aporte de oxígeno a las células tubulares y aumentar el riesgo de lesión.

Concentración de la orina en el asa de Henle

El asa de Henle participa en la formación del gradiente osmótico de la médula renal, indispensable para concentrar la orina. En condiciones de deshidratación, la acción conjunta del asa de Henle, los conductos colectores y la vasopresina permite recuperar más agua del filtrado urinario. La elevada concentración de solutos en la médula es parte de su funcionamiento normal; sin embargo, una alteración intensa del flujo sanguíneo y de la osmolaridad puede favorecer el daño celular en situaciones graves.

Liberación de renina ante la disminución de la presión arterial

El aparato yuxtaglomerular detecta cambios en la presión y en el flujo sanguíneo que llegan al riñón. Cuando la deshidratación provoca una reducción del volumen circulante, estas células liberan renina, iniciando el sistema renina-angiotensina-aldosterona. Esta respuesta favorece la contracción de los vasos sanguíneos y la retención de sodio y agua, con el objetivo de recuperar la presión arterial. Si el déficit de volumen es severo, la disminución persistente del flujo renal puede contribuir a una lesión por falta de oxígeno.

Reducción del flujo de filtrado y retención de desechos

La cápsula de Bowman rodea al glomérulo y recibe el líquido filtrado que posteriormente pasa al sistema tubular. La deshidratación no provoca que este espacio se llene de toxinas ni que los desechos se estanquen necesariamente en su interior. Sin embargo, cuando el flujo sanguíneo renal y la filtración disminuyen de manera importante, el organismo puede eliminar con menor eficacia sustancias como la urea y la creatinina. Su acumulación en la sangre es un indicador de alteración de la función renal y puede presentarse en la lesión renal aguda.

Médula renal y cambios osmóticos

La médula renal contiene estructuras especializadas en la concentración de la orina. Durante la deshidratación, aumenta la actividad de los mecanismos que conservan agua y se modifica la concentración de solutos en esta región. Las células medulares están adaptadas a un ambiente con alta osmolaridad, pero la combinación de deshidratación intensa, falta de oxígeno y alteraciones del equilibrio electrolítico puede ocasionar daño tisular. La necrosis papilar es una complicación grave que puede asociarse con diferentes factores, entre ellos la isquemia renal.

Mayor riesgo de formación de cálculos renales

La pelvis renal recoge la orina y la conduce hacia los uréteres. Cuando una persona está deshidratada, disminuye el volumen de orina y aumenta la concentración de sustancias que pueden formar cristales, como el calcio y el oxalato. Esta mayor concentración favorece la cristalización en personas susceptibles y puede contribuir a la formación de cálculos renales. Estas estructuras pueden obstruir el flujo urinario y producir dolor intenso, además de complicaciones cuando existe una obstrucción importante.

Arteria renal y disminución del aporte sanguíneo

La arteria renal lleva sangre oxigenada al riñón. Cuando el volumen circulante disminuye, el sistema nervioso simpático y otros mecanismos reguladores favorecen la vasoconstricción para mantener la presión arterial y dirigir el flujo sanguíneo hacia órganos esenciales. Como consecuencia, puede reducirse el aporte de sangre a los riñones. Si la disminución es grave o prolongada, el tejido renal puede sufrir isquemia y desarrollar una lesión renal aguda, que requiere atención médica oportuna.

En conclusión, la deshidratación afecta a los riñones mediante la disminución del flujo sanguíneo, la reducción de la filtración y la activación de mecanismos que retienen agua y sodio. Estas respuestas permiten conservar líquidos, pero cuando el déficit es intenso pueden resultar insuficientes y ocasionar complicaciones como alteraciones electrolíticas, acumulación de desechos y daño renal. Mantener una hidratación adecuada es fundamental para preservar la función de estos órganos.

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