¿Hablando con tu bebé? El contacto visual es clave para el desarrollo del lenguaje

Si quieres favorecer el aprendizaje de idiomas en tu bebé, mantener el contacto visual mientras le hablas puede marcar una gran diferencia, de acuerdo con un estudio reciente.
Los investigadores descubrieron que mirar a los ojos al bebé le ayuda a identificar qué información es relevante. Este gesto funciona como una señal que sincroniza las ondas cerebrales del niño con las de la persona que le habla, facilitando el proceso de aprendizaje. Los hallazgos fueron publicados en la revista Nature Communications.
Victoria Leong, profesora afiliada a la Universidad de Cambridge, explicó que los padres deben aprovechar señales sociales como el contacto visual o llamar al niño por su nombre, ya que estas no solo captan su atención, sino que también ponen en marcha los mecanismos cerebrales relacionados con el aprendizaje.
La investigadora señaló que intentar enseñar algo mientras se está distraído con el teléfono móvil reduce las posibilidades de que el bebé preste atención y retenga la información. En cambio, dejar a un lado las distracciones y establecer contacto visual transmite al niño que el mensaje es importante y merece su atención.
Estudios anteriores ya habían demostrado que, cuando un adulto y un bebé se miran a los ojos, sus patrones de actividad cerebral tienden a sincronizarse. Sin embargo, hasta ahora no se sabía con certeza si esa sincronización influía directamente en el aprendizaje.
Para comprobarlo, los investigadores estudiaron a 42 bebés de aproximadamente nueve meses de edad, procedentes de Singapur y el Reino Unido. Durante el experimento, los pequeños escucharon tres idiomas ficticios mientras observaban en una pantalla a distintos hablantes que utilizaban gafas.
En una de las condiciones, las gafas permitían ver claramente los ojos del hablante, mientras que en las otras dos estaban parcialmente oscurecidas o completamente oscuras, dificultando o impidiendo el contacto visual.
Posteriormente, los bebés escucharon frases y palabras inventadas pertenecientes a esos idiomas ficticios. Los investigadores esperaban que mostraran mayor interés por los idiomas que no habían aprendido, permaneciendo más tiempo observándolos.
Los registros de actividad cerebral revelaron que la sincronización entre el bebé y el hablante solo ocurría cuando los ojos del adulto eran completamente visibles. Además, esa sincronización era más intensa cuando el bebé estaba aprendiendo activamente uno de los idiomas presentados.
Según Leong, los resultados demostraron que los bebés no absorben toda la información de forma pasiva. Aunque estuvieron expuestos a los tres idiomas, solo aprendieron aquel que escucharon mientras podían mantener contacto visual con el hablante.
De hecho, el grado de sincronización entre las ondas cerebrales del bebé y del adulto resultó ser un mejor indicador del aprendizaje que la actividad cerebral individual de los propios bebés.
Por su parte, Kaili Clackson, profesora asistente de Psiquiatría de la Universidad de Cambridge y coautora del estudio, explicó que incluso cuando los bebés parecían prestar atención a la pantalla, la información no se procesaba de la misma manera si no existía contacto visual. Según la investigadora, la sincronización cerebral actúa como un mecanismo que selecciona qué información merece ser aprendida.
Los resultados fueron consistentes tanto en Cambridge como en Singapur, lo que sugiere que este mecanismo podría ser una característica universal del desarrollo humano y no depender de una cultura específica.
No obstante, los investigadores señalaron que el contacto visual no es la única señal que favorece el aprendizaje. Gestos como sonreír, señalar objetos o llamar al bebé por su nombre también pueden indicarle que debe prestar atención.
Añadieron que estas señales podrían tener un papel aún más importante en aquellas culturas donde el contacto visual entre adultos y niños es menos habitual o incluso se considera inapropiado, como sucede en algunas sociedades árabes.
Clackson concluyó que estas señales sociales son especialmente eficaces porque ayudan al bebé a identificar cuándo la información que está recibiendo es relevante y merece ser aprendida.
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