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Hábitos diarios que algunos especialistas relacionan con el hígado graso

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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El hígado graso, actualmente denominado por muchos especialistas como enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés), afecta a millones de personas en todo el mundo. En sus primeras etapas suele desarrollarse sin causar síntomas, por lo que puede permanecer sin diagnóstico durante años.

Aunque la predisposición genética influye en su aparición, el estilo de vida desempeña un papel determinante en su desarrollo. De acuerdo con la Asociación Americana para el Estudio de las Enfermedades del Hígado (AASLD), la Asociación Europea para el Estudio del Hígado (EASL) y la Clínica Mayo, existen hábitos cotidianos que favorecen la acumulación de grasa en el hígado y aumentan el riesgo de inflamación y fibrosis. Estos son algunos de los principales.

1. Consumir bebidas azucaradas con frecuencia

Los refrescos, jugos industrializados y otras bebidas con azúcares añadidos contienen altas cantidades de fructosa, cuyo consumo excesivo favorece el depósito de grasa en el hígado. La AASLD recomienda limitar este tipo de bebidas como parte de las medidas para prevenir la enfermedad hepática asociada a alteraciones metabólicas.

2. Incluir habitualmente alimentos ultraprocesados en la dieta

Productos como comida rápida, embutidos, botanas, pan dulce y postres industriales suelen aportar grandes cantidades de azúcares, grasas saturadas y sodio. Diversos estudios han relacionado este patrón alimentario con un mayor riesgo de desarrollar hígado graso y síndrome metabólico.

3. Permanecer sentado durante largos periodos

El sedentarismo disminuye el gasto energético y favorece la resistencia a la insulina, uno de los mecanismos más importantes implicados en la aparición del hígado graso. La Organización Mundial de la Salud recomienda reducir el tiempo que se pasa sentado y combinarlo con actividad física regular.

4. Dormir menos de siete horas de manera habitual

La falta crónica de sueño puede alterar el metabolismo de la glucosa, aumentar el apetito y favorecer el incremento de peso. La Clínica Mayo señala que un descanso insuficiente también puede contribuir al desarrollo de enfermedades metabólicas relacionadas con la salud del hígado.

5. Consumir más calorías de las que el organismo necesita

Mantener un exceso de consumo calórico durante meses o años favorece el almacenamiento de grasa no solo en el tejido adiposo, sino también en órganos como el hígado. Los especialistas destacan que incluso una pérdida moderada de peso puede disminuir la cantidad de grasa acumulada en este órgano.

6. Llevar una alimentación baja en fibra

Una dieta con escaso consumo de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales puede afectar tanto la salud intestinal como el metabolismo. La Asociación Europea para el Estudio del Hígado recomienda aumentar la ingesta de alimentos ricos en fibra como parte de las estrategias para prevenir y controlar el hígado graso.

7. No realizar ejercicio aeróbico ni entrenamiento de fuerza

La combinación de actividad aeróbica y ejercicios de fortalecimiento muscular mejora la sensibilidad a la insulina y contribuye a reducir la grasa acumulada en el hígado. Los especialistas coinciden en que ambos tipos de ejercicio ofrecen beneficios importantes, incluso cuando la pérdida de peso es limitada.

8. Descuidar el control de la glucosa y el colesterol

La diabetes tipo 2, los niveles elevados de triglicéridos y las alteraciones del colesterol se encuentran entre los principales factores relacionados con el desarrollo del hígado graso. Mantener estos parámetros bajo control mediante hábitos saludables y tratamiento médico cuando sea necesario ayuda a disminuir el riesgo de progresión de la enfermedad.

9. Omitir los chequeos médicos por no presentar síntomas

El hígado graso suele evolucionar de forma silenciosa y, en muchos casos, se detecta de manera incidental durante estudios realizados por otros motivos. La AASLD y la Clínica Mayo recomiendan realizar revisiones médicas periódicas, especialmente en personas con obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión o síndrome metabólico, ya que un diagnóstico temprano permite implementar cambios que pueden frenar la progresión de la enfermedad.

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