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Formas en que el azúcar añadida podría estar dañando tu hígado

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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El azúcar añadida se encuentra en numerosos alimentos y bebidas, como refrescos, jugos industrializados, cereales, yogures, salsas y postres. Consumirla de manera ocasional no implica un daño para el hígado, pero una ingesta elevada y mantenida durante largos periodos puede favorecer la aparición de alteraciones metabólicas.

Diversos estudios han asociado el consumo excesivo de azúcares añadidos, especialmente los que contienen altas cantidades de fructosa, con un mayor riesgo de desarrollar enfermedad por hígado graso asociada a disfunción metabólica (MASLD), una afección cuya prevalencia continúa aumentando a nivel mundial. Estas son nueve maneras en que el exceso de azúcar añadida puede afectar la salud hepática y por qué es recomendable moderar su consumo.

1. Favorece la acumulación de grasa en el hígado

El exceso de fructosa procedente de los azúcares añadidos puede ser convertido por el hígado en grasa mediante un proceso llamado lipogénesis de novo. Cuando este mecanismo ocurre de forma constante y se acompaña de un exceso de calorías, aumenta la probabilidad de que se acumule grasa en las células hepáticas. La American Association for the Study of Liver Diseases reconoce que la alimentación desempeña un papel importante en el desarrollo del hígado graso asociado a disfunción metabólica.

2. Puede contribuir a la resistencia a la insulina

Una dieta rica en azúcares añadidos puede favorecer la aparición de resistencia a la insulina, una condición en la que las células responden de forma menos eficiente a esta hormona. Este trastorno está estrechamente relacionado con el hígado graso y el síndrome metabólico. No obstante, su desarrollo también depende de factores como el exceso de peso, el sedentarismo y otros hábitos de vida. Reducir el consumo de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados puede formar parte de las estrategias para mejorar la salud metabólica.

3. Incrementa la producción de triglicéridos

Cuando el organismo recibe más azúcar de la que necesita para obtener energía inmediata, parte de ese excedente puede transformarse en triglicéridos. Con el tiempo, niveles elevados de estas grasas en la sangre favorecen alteraciones metabólicas y aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Además, es frecuente que los triglicéridos elevados estén presentes en personas con hígado graso. Mantener una alimentación equilibrada y limitar el consumo habitual de bebidas azucaradas puede ayudar a controlar este factor de riesgo.

4. Puede favorecer la inflamación del hígado

La acumulación de grasa en el hígado puede desencadenar procesos inflamatorios en algunas personas. Aunque no todos los pacientes con hígado graso desarrollan inflamación, cuando esta aparece aumenta el riesgo de que la enfermedad evolucione hacia formas más graves. El National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases señala que la inflamación es uno de los cambios que pueden presentarse durante la progresión de la enfermedad hepática.

5. Contribuye al aumento de peso y la obesidad

El consumo frecuente de alimentos y bebidas con altas cantidades de azúcar añadida puede incrementar la ingesta calórica total y favorecer el aumento de peso cuando existe un balance energético positivo de forma sostenida. La obesidad constituye uno de los principales factores de riesgo para desarrollar hígado graso. Sin embargo, el aumento de peso depende del conjunto de la alimentación, el nivel de actividad física y otros factores, por lo que el azúcar no es el único responsable.

6. Puede acelerar la progresión del hígado graso

En personas que ya presentan acumulación de grasa en el hígado, mantener una dieta rica en bebidas azucaradas y productos con elevados niveles de azúcar añadida puede dificultar el control de la enfermedad. Diversas guías clínicas recomiendan reducir especialmente el consumo de refrescos y otras bebidas azucaradas como parte del tratamiento no farmacológico, junto con una pérdida gradual de peso, actividad física regular y una alimentación equilibrada.

7. Puede favorecer la aparición de fibrosis hepática

Si la inflamación persiste durante años, algunas personas pueden desarrollar fibrosis hepática, un proceso en el que el tejido sano del hígado es reemplazado progresivamente por tejido cicatricial. Aunque no todas las personas con hígado graso evolucionan hacia esta etapa, controlar los factores de riesgo metabólicos puede disminuir la probabilidad de progresión. En sus fases iniciales, la fibrosis suele avanzar lentamente y sin causar síntomas evidentes.

8. Puede alterar el metabolismo sin producir síntomas

Una característica del hígado graso es que puede progresar durante años sin generar molestias. Mientras tanto, pueden desarrollarse alteraciones relacionadas con el metabolismo de la glucosa, los lípidos y la función hepática. Por esta razón, una persona puede sentirse completamente bien y, aun así, presentar acumulación de grasa en el hígado. Cuando el médico lo considera necesario, los análisis de sangre y los estudios de imagen permiten detectar esta condición.

9. Favorece hábitos alimentarios menos saludables

El principal problema suele estar en el patrón alimentario general más que en un alimento específico. Las personas que consumen grandes cantidades de azúcar añadida con frecuencia también tienden a ingerir menos frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, sustituyendo alimentos de mayor valor nutricional. La Organización Mundial de la Salud recomienda limitar el consumo de azúcares libres para promover una mejor salud metabólica. Reducir el azúcar añadida dentro de una alimentación equilibrada puede beneficiar tanto al hígado como al organismo en su conjunto.

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