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Estrés emocional y salud cardiovascular: cómo un disgusto intenso puede afectar

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo

La expresión «morir de un disgusto» suele utilizarse para describir el impacto de una experiencia emocional devastadora.

Sin embargo, existe una explicación médica detrás de esta frase: las emociones intensas pueden desencadenar cambios fisiológicos que afectan al sistema cardiovascular y, en determinadas circunstancias, provocar complicaciones graves.

Una discusión muy fuerte, la pérdida inesperada de un ser querido o una noticia traumática pueden modificar la frecuencia cardíaca, la presión arterial y el funcionamiento de los vasos sanguíneos.

Aunque la mayoría de las personas no sufrirá un evento cardíaco después de una experiencia desagradable, el estrés emocional intenso puede actuar como desencadenante de un infarto o de otras alteraciones cardíacas, especialmente en quienes tienen factores de riesgo o enfermedades cardiovasculares previas.

Qué sucede en el organismo ante una emoción intensa

Cuando una persona experimenta miedo, angustia o una situación emocional extrema, el cerebro activa el sistema nervioso simpático, encargado de preparar al organismo para responder ante una amenaza.

Esta reacción, conocida como respuesta de lucha o huida, provoca la liberación de sustancias como la adrenalina y la noradrenalina.

Como resultado, el corazón comienza a latir con mayor rapidez, la presión arterial aumenta y se producen cambios en la circulación sanguínea. Estas respuestas pueden incrementar la demanda de oxígeno del músculo cardíaco y modificar el funcionamiento de las arterias coronarias.

En personas con una enfermedad cardiovascular preexistente, estos cambios pueden contribuir a desencadenar un episodio agudo.

Cómo el estrés emocional puede favorecer un infarto

El infarto de miocardio ocurre cuando el flujo de sangre que llega a una parte del corazón disminuye considerablemente o se interrumpe, ocasionando daño en el músculo cardíaco.

Una de las causas más frecuentes es la ruptura de una placa de aterosclerosis en una arteria coronaria, que puede favorecer la formación de un coágulo y obstruir el paso de la sangre.

Un episodio de estrés emocional intenso puede actuar como desencadenante mediante el aumento repentino de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, además de otros cambios en la actividad cardiovascular.

Sin embargo, el estrés no es la única causa de un infarto. También intervienen factores como la hipertensión arterial, el tabaquismo, el colesterol elevado y la diabetes, que contribuyen al desarrollo de enfermedades coronarias.

Síndrome del corazón roto: cuando el estrés altera la función cardíaca

Otra afección relacionada con las emociones intensas es la miocardiopatía de takotsubo, conocida popularmente como síndrome del corazón roto.

Se trata de una alteración temporal de la capacidad del corazón para bombear sangre. En su presentación más característica, una parte del ventrículo izquierdo, generalmente su punta, se dilata y pierde fuerza de contracción, mientras otras regiones mantienen su actividad.

El término takotsubo proviene de una trampa japonesa utilizada para capturar pulpos, cuya forma se asemeja a la que puede adoptar el corazón durante este trastorno.

A diferencia de un infarto convencional, el síndrome generalmente no se produce por la obstrucción de una arteria coronaria. Puede aparecer después de una experiencia emocional muy intensa, como una pérdida o una noticia traumática, aunque también puede desencadenarse por situaciones físicas, entre ellas una enfermedad grave o una cirugía.

¿Puede ser mortal el síndrome del corazón roto?

Sus manifestaciones pueden parecerse mucho a las de un infarto. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:

Dolor repentino en el pecho.

Dificultad para respirar.

Palpitaciones.

Mareos o desmayos.

Muchas personas recuperan la función cardíaca de manera progresiva en un periodo de días o semanas. No obstante, esta afección no debe considerarse inofensiva, ya que puede ocasionar complicaciones como arritmias, insuficiencia cardíaca e incluso shock cardiogénico, una condición en la que el corazón no consigue bombear suficiente sangre para satisfacer las necesidades del organismo.

El síndrome se identifica con mayor frecuencia en mujeres mayores de 50 años, aunque también puede presentarse en hombres y personas de menor edad.

El estrés crónico también representa un riesgo

Los efectos del estrés sobre el corazón no se limitan a acontecimientos repentinos. Mantener una tensión emocional elevada durante periodos prolongados puede contribuir al desarrollo de hipertensión y favorecer conductas que perjudican la salud cardiovascular.

Entre ellas se encuentran dormir de manera insuficiente, disminuir la actividad física, fumar y mantener hábitos alimentarios poco saludables.

Por esta razón, el cuidado cardiovascular también debe incluir estrategias para manejar las preocupaciones, conservar relaciones sociales de apoyo y buscar orientación profesional cuando la tensión emocional afecta la vida cotidiana.

En conclusión, las emociones y el funcionamiento del corazón mantienen una relación estrecha. Un disgusto no provoca necesariamente un infarto, pero una situación de estrés extremo puede convertirse en un desencadenante de complicaciones cardiovasculares en determinadas personas.

Ante la aparición repentina de dolor en el pecho, dificultad para respirar o desmayo, es indispensable solicitar atención médica de emergencia, incluso cuando los síntomas comienzan después de una experiencia emocional intensa. No debe asumirse que se trata únicamente de una reacción al estrés.

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