¿Envejecer no es sinónimo de deterioro? No

Durante mucho tiempo, el envejecimiento se entendió como un proceso inevitable de deterioro físico y mental. Esta percepción, profundamente arraigada tanto en la ciencia como en la cultura popular, influyó en las expectativas sobre la salud y la calidad de vida en la vejez.
No obstante, investigaciones recientes plantean una perspectiva diferente: para muchas personas mayores, los años avanzados también pueden traer mejoras en capacidades físicas o cognitivas.
Un estudio liderado por la Yale University y publicado en la revista Geriatrics reveló que el 45% de los adultos de 65 años o más experimentó mejoras objetivas en al menos una función —física, cognitiva o ambas— durante un seguimiento que se extendió hasta 12 años.
Los resultados se basan en el análisis de una cohorte representativa de más de 11.000 personas en Estados Unidos, lo que cuestiona la idea generalizada de que el envejecimiento implica necesariamente un declive constante. Además, el estudio destaca que las creencias positivas sobre la edad pueden influir significativamente en estos resultados.
El mito del deterioro inevitable
Tradicionalmente, gran parte de la sociedad y del ámbito médico ha asociado la vejez con una pérdida progresiva de capacidades. Muchos modelos difundidos en medios y políticas públicas parten de la premisa de que la edad avanzada conduce a fragilidad, dependencia y reducción del bienestar.
Según explicó la investigadora Becca R. Levy, profesora de ciencias sociales y del comportamiento en la Escuela de Salud Pública de Yale y autora principal del estudio, muchas personas consideran que envejecer implica un deterioro continuo de la mente y el cuerpo.
Sin embargo, el análisis de datos a largo plazo muestra que las mejoras en la vejez no son casos aislados, sino que ocurren con una frecuencia considerable.
Evidencia de mejoras en adultos mayores
El equipo de investigación analizó durante más de una década los datos del Estudio de Salud y Jubilación, un amplio proyecto nacional financiado por el gobierno estadounidense.
Para medir la función cognitiva se utilizaron pruebas de rendimiento global, mientras que la función física se evaluó a partir de la velocidad al caminar, un indicador que los geriatras consideran un “signo vital” debido a su relación con la discapacidad y la mortalidad.
Los resultados mostraron que:
El 45% de los participantes mejoró en al menos un área evaluada.
El 32% registró avances en capacidades cognitivas.
El 28% mostró progresos en la función física.
En conjunto, más de la mitad de los participantes —incluyendo quienes mantuvieron sus capacidades estables— contradijo la idea de que la vejez implica un deterioro constante.
El cardiólogo e investigador Eric Topol destacó estos hallazgos en redes sociales, señalando su relevancia para comprender mejor el envejecimiento saludable.
La influencia de las creencias sobre la edad
Uno de los descubrimientos más relevantes del estudio es el papel que juegan las percepciones personales sobre el envejecimiento. Las personas que tenían una visión positiva de su propia edad mostraron mayor probabilidad de mejorar tanto en el plano físico como en el cognitivo.
Este efecto se mantuvo incluso al considerar factores como edad, sexo, nivel educativo, enfermedades crónicas y duración del seguimiento.
Investigaciones previas del equipo de Levy ya habían demostrado que los estereotipos negativos sobre la vejez pueden acelerar el deterioro de la memoria, reducir la velocidad al caminar y aumentar el riesgo cardiovascular.
Según la investigadora, los resultados sugieren que muchas personas conservan una reserva de capacidad para mejorar incluso en etapas avanzadas de la vida. Además, como las creencias sobre la edad pueden modificarse, existe margen para intervenir tanto a nivel individual como social.
Implicaciones para la salud pública
Los autores del estudio sostienen que el envejecimiento debería redefinirse para incluir no solo la posibilidad de pérdida, sino también la capacidad de desarrollo y recuperación.
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