El uso prolongado de un medicamento para la próstata puede aumentar el riesgo de glaucoma

Una investigación internacional identificó una asociación entre el uso continuo de tadalafilo para tratar los síntomas derivados del agrandamiento benigno de la próstata y un aumento en el riesgo de desarrollar glaucoma, una enfermedad que puede dañar de forma irreversible el nervio óptico y provocar pérdida de la visión.
El estudio, publicado en el British Journal of Ophthalmology, analizó la evolución clínica de más de 73.000 hombres y encontró que quienes recibían este medicamento durante períodos prolongados presentaban una mayor probabilidad de desarrollar distintas alteraciones oculares. No obstante, los investigadores enfatizaron que los resultados corresponden a una asociación estadística y no permiten concluir que el fármaco sea la causa directa del glaucoma.
Los autores plantean que esta posible relación podría estar vinculada a los efectos vasodilatadores del medicamento, aunque señalan que aún se requieren más estudios para confirmar esta hipótesis.
Objetivo del estudio
Aunque el tadalafilo es ampliamente conocido por su uso en el tratamiento de la disfunción eréctil, también se prescribe en dosis diarias para aliviar los síntomas del tracto urinario inferior ocasionados por la hiperplasia prostática benigna, una condición frecuente en hombres de mediana edad y adultos mayores.
Con este contexto, los investigadores buscaron determinar si el tratamiento prolongado con tadalafilo se relaciona con un mayor riesgo de desarrollar glaucoma.
Para ello realizaron un estudio de cohorte retrospectivo utilizando la base de datos internacional TriNetX, que reúne información clínica procedente de millones de pacientes atendidos en distintos centros de salud alrededor del mundo.
Cómo se realizó la investigación
El análisis incluyó a 73.854 hombres de 40 años o más que no presentaban antecedentes de glaucoma y cuyos registros médicos correspondían al período comprendido entre 2012 y 2022.
Los participantes fueron divididos en dos grupos. Uno estaba integrado por pacientes tratados con tadalafilo, mientras que el otro incluía hombres que recibían medicamentos alternativos distintos a los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 (PDE5).
Para minimizar posibles sesgos, los investigadores aplicaron un método estadístico conocido como emparejamiento por puntuación de propensión. Esta técnica permitió equilibrar características relevantes entre ambos grupos, como edad, raza, enfermedades preexistentes, función renal y uso simultáneo de otros medicamentos, facilitando una comparación más confiable.
Principales hallazgos
Tras un seguimiento que se extendió hasta cinco años, los investigadores observaron que los hombres tratados con tadalafilo presentaban un 22 % más de riesgo de desarrollar glaucoma en comparación con quienes no utilizaban este tipo de medicamento.
El incremento fue aún mayor para determinadas afecciones relacionadas con la enfermedad. Los usuarios del fármaco registraron un 32 % más de probabilidades de desarrollar hipertensión ocular y un 33 % más de riesgo de ser diagnosticados con glaucoma primario de ángulo abierto, la forma más frecuente de esta patología.
Asimismo, la incidencia acumulada de glaucoma al finalizar los cinco años fue de 3,93 % entre quienes utilizaban tadalafilo, frente al 3,16 % observado en el grupo de comparación.
Según el análisis ajustado, este aumento del riesgo persistió especialmente en hombres mayores de 50 años, personas de raza blanca y pacientes con enfermedades asociadas como diabetes o trastornos cardiovasculares.
Además, quienes recibían tadalafilo tuvieron un 33 % más de probabilidades de requerir tratamiento específico para el glaucoma durante el período de seguimiento.
Posibles explicaciones
Los autores recuerdan que investigaciones anteriores ya habían sugerido una posible relación entre los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 y algunos trastornos oculares, aunque hasta ahora la evidencia sobre el glaucoma había sido limitada e incluso contradictoria.
El investigador principal, Chien-Chih Chou, del Hospital Universitario Nacional de Taiwán, explicó que una posible explicación radica en la acción vasodilatadora del tadalafilo. Si bien el medicamento mejora el flujo sanguíneo en determinados tejidos, también podría modificar la circulación ocular y aumentar la presión en los vasos del ojo, favoreciendo un posible daño del nervio óptico.
El especialista añadió que, a diferencia del tratamiento ocasional para la disfunción eréctil, el uso diario indicado para los síntomas prostáticos implica una exposición continua al medicamento, lo que podría potenciar estos efectos.
Los investigadores también señalaron que algunos estudios previos incluso habían sugerido un posible efecto protector de estos fármacos frente al glaucoma. Sin embargo, consideran que la evidencia disponible sigue siendo insuficiente para establecer conclusiones definitivas.
Limitaciones de la investigación
Los autores reconocen que el trabajo presenta varias limitaciones propias de los estudios observacionales. Debido a su diseño retrospectivo, no es posible demostrar que el tadalafilo sea el responsable directo del aumento del riesgo observado.
Además, el estudio no pudo confirmar con exactitud si los pacientes mantuvieron el tratamiento durante todo el período analizado ni registrar posibles modificaciones en la dosis o en la medicación prescrita.
También destacan que existen numerosos factores capaces de influir en la aparición del glaucoma, por lo que los resultados deben interpretarse con prudencia hasta que sean corroborados mediante investigaciones adicionales.
Recomendaciones para la práctica clínica
A pesar de estas limitaciones, los investigadores consideran que los hallazgos respaldan la conveniencia de realizar una evaluación oftalmológica antes de iniciar un tratamiento prolongado con tadalafilo y efectuar controles periódicos durante su utilización.
Esta recomendación adquiere especial importancia en pacientes que ya presentan factores de riesgo para glaucoma, como antecedentes familiares, hipertensión ocular o miopía de alto grado.
Los autores aclaran que los resultados no justifican suspender ni contraindicar el uso del tadalafilo para tratar los síntomas del tracto urinario inferior. En cambio, proponen reforzar el seguimiento oftalmológico mientras continúan las investigaciones destinadas a comprender mejor esta posible asociación.
Próximos pasos en la investigación
El equipo científico considera indispensable desarrollar nuevos estudios que permitan esclarecer los mecanismos biológicos involucrados y determinar si realmente existe una relación causal entre el uso prolongado de tadalafilo y el aumento del riesgo de glaucoma u otras enfermedades oculares.
Los investigadores sostienen que ampliar este conocimiento contribuirá a optimizar la seguridad de los tratamientos para la hiperplasia prostática benigna, identificar con mayor precisión a los pacientes con mayor riesgo y establecer estrategias preventivas más eficaces mediante un abordaje multidisciplinario.
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