¿El Mundial “rompe corazones”? La advertencia clave para personas con riesgo

La próxima Copa Mundial de Fútbol 2026 genera una enorme expectativa entre los aficionados, pero también vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre el impacto que los partidos de alta intensidad emocional pueden tener en la salud cardiovascular.
Más que afirmar que un Mundial provoca infartos o "rompe corazones", los especialistas advierten que las personas con enfermedades cardíacas o factores de riesgo deben evitar que la tensión emocional se combine con hábitos perjudiciales como el consumo excesivo de alcohol, comidas abundantes, falta de descanso o la suspensión de sus tratamientos médicos.
La evidencia científica ofrece resultados mixtos
El cardiólogo Fernando Botto, del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), revisó investigaciones relacionadas con partidos de fútbol, terremotos, guerras y crisis económicas para evaluar cómo estos acontecimientos influyen sobre el sistema cardiovascular. Según explicó, existe evidencia científica sobre el tema, aunque su solidez es menor de lo que suele reflejar la difusión pública.
Uno de los estudios más conocidos, publicado en 2008 en The New England Journal of Medicine, analizó las emergencias cardiovasculares registradas en la región de Múnich durante el Mundial de Alemania 2006. Los investigadores encontraron que, durante los partidos de la selección alemana, las emergencias cardíacas fueron 2,66 veces más frecuentes, con un aumento de 2,49 veces en los infartos agudos de miocardio con elevación del segmento ST y de 3,07 veces en las arritmias sintomáticas.
Sin embargo, Botto destacó que ese trabajo utilizó un diseño ecológico de comparación entre períodos y no consideró variables que también podrían influir, como el consumo de alcohol o tabaco. Según señaló, cuando estos resultados se difunden en congresos, medios de comunicación o redes sociales, suele mencionarse únicamente la cifra del aumento, sin explicar las limitaciones metodológicas del estudio.
Posteriormente, el mismo grupo de investigadores analizó la mortalidad por infarto agudo de miocardio en Baviera durante ese mismo Mundial y no detectó un incremento en las muertes respecto al período de referencia. Para Botto, este hallazgo sugiere que el aumento observado inicialmente podría deberse a una mayor demanda de atención médica o a un incremento en los diagnósticos, más que a un verdadero aumento de infartos provocados por la emoción.
La derrota parece influir más que el propio partido
Otro estudio, publicado en The BMJ, evaluó los ingresos hospitalarios en Inglaterra durante el Mundial de Francia 1998. De los cuatro encuentros analizados, únicamente uno mostró un incremento significativo: la derrota de Inglaterra frente a Argentina en la definición por penales.
Ese día se registraron 91 ingresos por infarto agudo de miocardio, frente a los 72 esperados, mientras que en las dos jornadas siguientes también se observaron cifras superiores a las habituales. Los autores concluyeron que las emociones intensas pueden actuar como desencadenantes de un infarto en personas predispuestas.
No obstante, Botto señaló que el estudio no pudo separar el efecto emocional de la derrota de otros factores presentes esa noche, como el consumo de alcohol, tabaco, la falta de sueño y el estrés acumulado.
Otro análisis, también publicado en The BMJ, evaluó la eliminación de Países Bajos frente a Francia en la Eurocopa de 1996 y encontró un incremento del riesgo de mortalidad cardiovascular entre hombres mayores de 45 años. En términos absolutos, se registraron 41 muertes frente a un promedio habitual de 27,2, es decir, 14 fallecimientos adicionales en una población cercana a los 9,8 millones de hombres de esa edad.
Botto destacó un aspecto llamativo: mientras los neerlandeses mostraron un aumento de mortalidad tras la derrota, en Francia ocurrió el efecto contrario. Según explicó, estos resultados indican que perder un partido podría generar un impacto emocional mayor que el simple hecho de vivir un encuentro de alta tensión.
Las limitaciones de la evidencia
El especialista explicó que gran parte de las investigaciones disponibles presentan tres problemas principales: sesgo de publicación, reducido número de eventos observados y ausencia de control sobre múltiples factores que pueden influir en los resultados.
También citó un metaanálisis publicado en 2019 en Journal of Sports Sciences, que reunió 13 estudios observacionales. El análisis encontró un riesgo relativo de 1,06 para mortalidad cardiovascular y de 1,24 para eventos cardiovasculares no fatales. Sin embargo, la elevada heterogeneidad entre los estudios (I² del 95%) indica que los trabajos analizados presentan diferencias importantes, lo que limita la utilidad de un promedio general.
Como contraste, un amplio estudio italiano que analizó 25.159 internaciones por infarto durante tres torneos internacionales no encontró un aumento significativo del riesgo, con un riesgo relativo de 1,01. Tampoco observó incrementos en hombres menores de 65 años, durante partidos nocturnos ni en fases eliminatorias. Incluso la final del Mundial de 2006 entre Italia y Francia, seguida por millones de espectadores, no modificó los registros de internaciones.
Otro trabajo realizado durante el Mundial de Brasil 2014 detectó 685 internaciones adicionales por infarto a lo largo de los 31 días del torneo respecto al mismo período del año anterior, con una razón de posibilidades de 1,07. Sin embargo, la mortalidad hospitalaria permaneció estable en 8,3%, y al comparar exclusivamente los partidos de la selección alemana con el resto del campeonato no se encontraron diferencias significativas.
Los hábitos representan el mayor riesgo durante los partidos
Más allá del posible efecto del estrés emocional, los especialistas coinciden en que el mayor peligro durante los encuentros deportivos proviene del abandono de hábitos saludables y de los tratamientos médicos.
La Federación Argentina de Cardiología informó que durante los días de partidos importantes disminuye considerablemente la adherencia a los tratamientos. Solo la mitad de las personas con hipertensión toma correctamente su medicación, frente al 66% registrado en días habituales. En pacientes con diabetes, la adherencia desciende del 60% al 44%, mientras que entre quienes reciben medicamentos para controlar el colesterol cae del 70% al 50%.
Por ello, la entidad recomienda mantener los tratamientos sin interrupciones, evitar el consumo excesivo de alcohol, moderar las comidas con alto contenido de grasas y sal, optar por alimentos frescos, mantenerse bien hidratado y limitar el consumo de café o mate para evitar un exceso de cafeína.
Finalmente, Botto señaló que el estrés agudo puede actuar como desencadenante de un evento cardiovascular en personas que ya presentan una enfermedad subyacente, pero eso no significa necesariamente que genere nuevos casos que no hubieran ocurrido de otra manera.
Como conclusión, sostuvo que muchos estudios probablemente reflejan una combinación de factores, entre ellos una mayor demanda de atención médica, el adelantamiento temporal de algunos eventos y el descuido de los tratamientos habituales. A su juicio, la evidencia científica disponible aún no permite afirmar con certeza que los partidos de fútbol, por sí solos, aumenten de forma importante el riesgo cardiovascular, pese a que esta idea continúa siendo ampliamente difundida.
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