Edulcorantes bajos en calorías podrían relacionarse con un deterioro más rápido de la memoria

Los edulcorantes artificiales y otros sustitutos del azúcar son consumidos por millones de personas como una alternativa para disminuir la ingesta de azúcar y reducir el consumo de calorías. Sin embargo, una investigación reciente plantea interrogantes sobre los posibles efectos que estos productos podrían tener en la salud del cerebro a largo plazo.
Un estudio publicado en la revista científica Neurology, de la Academia Estadounidense de Neurología, encontró que las personas que consumían mayores cantidades de ciertos edulcorantes bajos o sin calorías experimentaban un deterioro más acelerado de sus funciones cognitivas en comparación con quienes ingerían cantidades menores.
La investigación siguió durante aproximadamente ocho años a casi 13 mil adultos y evaluó cambios en la memoria, la velocidad para procesar información y otras capacidades cognitivas. No obstante, los autores enfatizan que los resultados muestran únicamente una asociación estadística y no demuestran que los edulcorantes sean la causa directa del deterioro cognitivo.
Investigadores analizaron siete sustitutos del azúcar
El estudio evaluó siete edulcorantes ampliamente utilizados en alimentos y bebidas bajos en calorías o libres de azúcar:
Aspartame Sacarina Acesulfame K Eritritol Xilitol Sorbitol Tagatosa
Estos ingredientes suelen estar presentes en refrescos sin azúcar, bebidas saborizadas, bebidas energéticas, yogures, postres procesados y otros alimentos ultraprocesados. También se comercializan como edulcorantes de mesa para endulzar bebidas como café o té, además de utilizarse en la preparación de alimentos y productos horneados.
La autora principal del estudio, Claudia Kimie Suemoto, doctora en Medicina y Filosofía de la Universidad de São Paulo, explicó que estos productos suelen considerarse una alternativa más saludable al azúcar convencional. Sin embargo, señaló que los resultados obtenidos indican que algunos de ellos podrían tener efectos que merecen ser investigados con mayor profundidad.
Seguimiento durante ocho años permitió evaluar el funcionamiento cognitivo
La investigación incluyó a 12 mil 772 adultos residentes en Brasil, cuya edad promedio era de 52 años al inicio del estudio.
Antes de comenzar el seguimiento, todos los participantes respondieron cuestionarios detallados sobre su alimentación y las bebidas consumidas durante el año previo. Posteriormente, fueron clasificados en tres grupos según la cantidad total de edulcorantes ingeridos diariamente.
El grupo con menor consumo registró una ingesta cercana a los 20 miligramos por día, mientras que el grupo con mayor consumo alcanzó aproximadamente 191 miligramos diarios. En el caso del aspartame, esta cantidad equivale aproximadamente al contenido presente en una lata de refresco de dieta.
Entre todos los productos evaluados, el sorbitol fue el edulcorante consumido con mayor frecuencia, con un promedio de 64 miligramos diarios.
Durante los ocho años de seguimiento, los participantes realizaron pruebas cognitivas en tres momentos: al inicio del estudio, a mitad del periodo de observación y al finalizar la investigación. Estas evaluaciones analizaron aspectos como la memoria de trabajo, la fluidez verbal, la capacidad para recordar palabras y la velocidad de procesamiento de la información.
Un mayor consumo se asoció con un deterioro cognitivo más rápido
Después de ajustar los resultados considerando factores como la edad, el sexo, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares y otras condiciones de salud, los investigadores identificaron diferencias entre los distintos grupos.
Las personas que consumían las mayores cantidades de edulcorantes presentaron una disminución de sus capacidades cognitivas generales y de la memoria un 62 % más rápida que aquellas con el menor consumo.
Según los investigadores, esta diferencia equivale aproximadamente a 1.6 años adicionales de envejecimiento cerebral.
Por su parte, quienes pertenecían al grupo de consumo intermedio experimentaron un deterioro cognitivo un 35 % más acelerado que el grupo con menor ingesta, lo que corresponde aproximadamente a 1.3 años adicionales de envejecimiento del cerebro.
El efecto fue más evidente en personas menores de 60 años y en pacientes con diabetes
Los resultados también mostraron diferencias según la edad de los participantes.
Entre los adultos menores de 60 años, quienes consumían mayores cantidades de edulcorantes presentaron una reducción más marcada en la fluidez verbal y en el rendimiento cognitivo general.
En cambio, esta asociación no se observó de manera significativa entre los participantes mayores de 60 años.
Asimismo, la relación entre el consumo de sustitutos del azúcar y el deterioro cognitivo fue más intensa en personas con diabetes. Los investigadores sugieren que esto podría deberse a que quienes padecen esta enfermedad suelen utilizar con mayor frecuencia estos productos para reducir el consumo de azúcar y controlar sus niveles de glucosa.
Seis de los siete edulcorantes mostraron asociación con alteraciones cognitivas
Al analizar cada uno de los edulcorantes de forma individual, los investigadores encontraron que seis de los siete productos estudiados se asociaban con un deterioro más acelerado de la memoria y otras funciones cognitivas.
Los edulcorantes relacionados con estos cambios fueron:
Aspartame Sacarina Acesulfame K Eritritol Sorbitol Xilitol
La tagatosa fue el único compuesto que no mostró una asociación significativa con el deterioro cognitivo dentro de esta investigación.
Los investigadores recomiendan interpretar los resultados con cautela
Los autores destacaron varias limitaciones del estudio.
En primer lugar, la investigación no incluyó todos los sustitutos del azúcar disponibles en el mercado, por lo que los resultados no pueden extrapolarse automáticamente a todos los tipos de edulcorantes.
Además, la información sobre la alimentación fue obtenida mediante cuestionarios respondidos por los propios participantes, un método que puede verse afectado por errores de memoria o por estimaciones imprecisas sobre las cantidades realmente consumidas.
La principal limitación, según los investigadores, es que se trata de un estudio observacional. Esto significa que únicamente identificó una asociación entre un mayor consumo de edulcorantes y un deterioro cognitivo más rápido, sin poder demostrar que estos productos sean la causa directa de los cambios observados.
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