Dormir siesta todos los días: qué dicen los expertos sobre sus beneficios

Dormir una siesta corta durante el día puede ayudar a recuperar energía, mejorar la atención y reducir temporalmente la sensación de cansancio. Sin embargo, sus beneficios dependen principalmente de cuánto tiempo se duerme y a qué hora se hace.
¿Cuánto debería durar una siesta?
Para la mayoría de los adultos, una siesta de 10 a 20 minutos puede ser suficiente para obtener un impulso de alerta sin entrar en fases profundas del sueño.
Cuando la siesta se prolonga demasiado, aumenta la posibilidad de experimentar inercia del sueño, es decir, despertar con sensación de aturdimiento, lentitud o dificultad para concentrarse.
Además, las siestas largas pueden disminuir la necesidad de dormir durante la noche y dificultar conciliar el sueño posteriormente.
El horario también es importante
El momento más conveniente suele ser durante las primeras horas de la tarde, cuando naturalmente disminuye el nivel de alerta.
Dormir demasiado tarde puede reducir la presión de sueño que se acumula durante el día y, en algunas personas, provocar que el sueño nocturno se retrase o sea menos continuo.
Por ello, una estrategia práctica es procurar que la siesta sea breve y antes de las 14:00 o 15:00 horas, especialmente si existen dificultades para dormir por la noche.
Una siesta no sustituye al sueño nocturno
Aunque una siesta puede ser útil después de una noche de descanso insuficiente, no debe utilizarse como sustituto habitual de un sueño nocturno adecuado.
En adultos, generalmente se recomienda dormir al menos 7 horas por noche de manera regular. Si una persona necesita dormir todos los días durante el día para poder funcionar normalmente, conviene investigar por qué existe ese cansancio.
La somnolencia diurna persistente puede estar relacionada con sueño insuficiente, insomnio, apnea del sueño u otros trastornos del descanso.
¿Cuándo puede ser una señal de alerta?
Una siesta merece mayor atención cuando:
Se necesita dormir durante el día prácticamente todos los días. La persona despierta constantemente sin sentirse descansada. Existe somnolencia intensa durante las actividades cotidianas. Hay ronquidos frecuentes o pausas respiratorias durante el sueño. Las siestas dificultan conciliar el sueño por la noche. Al despertar aparece un aturdimiento intenso y prolongado.
En estos casos, el problema puede no ser la siesta en sí, sino la existencia de un descanso nocturno insuficiente o de algún trastorno del sueño.
¿Cómo hacer una siesta más beneficiosa?
Una estrategia sencilla consiste en:
Limitarla a unos 10-20 minutos. Hacerla preferentemente a comienzos de la tarde. Utilizar un lugar tranquilo, oscuro y confortable. Poner una alarma para evitar prolongarla accidentalmente. Mantener horarios relativamente constantes para dormir y despertar. Priorizar un buen descanso nocturno.
En resumen, una siesta breve puede ser una herramienta útil para recuperar temporalmente la energía, pero una siesta larga, tardía o necesaria todos los días puede terminar afectando el sueño nocturno o ser una señal de que existe un problema de descanso que conviene evaluar.
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