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Con el regreso a clases llega una rutina que no siempre resulta sencilla para los padres: conseguir que sus hijos desayunen adecuadamente antes de salir de casa. Una nueva encuesta de la Universidad de Michigan revela que cerca de tres de cada cuatro padres estadounidenses enfrentan dificultades para lograrlo.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud Infantil de la Universidad de Michigan Health C.S. Mott Children's Hospital, entre los principales obstáculos se encuentran los hábitos alimentarios selectivos de los niños, señalados por el 44% de los padres; la lentitud o el mal humor al despertar, mencionados por el 33%; y la falta de tiempo antes de salir de casa, reportada por el 30%.
La calidad nutricional también representa un desafío. Cerca de uno de cada cinco padres afirma que el desayuno de su hijo pocas veces contiene algunos de los nutrientes considerados importantes para comenzar el día.
La Dra. Susan Woolford, codirectora de la encuesta y pediatra del Mott Children's Hospital, explicó que el desayuno representa una oportunidad para proporcionar a los niños alimentos que les ayuden a sentirse satisfechos y preparados para las actividades escolares. Sin embargo, reconoció que las familias suelen disponer de muy poco tiempo para hacerlo.
Por ello, señaló que no es necesario buscar un desayuno perfecto todos los días. Incorporar modificaciones sencillas, como añadir alguna fuente de proteína, fibra o fruta a alimentos que los niños ya consumen y disfrutan, puede mejorar su valor nutricional.
Para realizar el estudio, los investigadores entrevistaron a 1.037 padres estadounidenses que tenían al menos un hijo de entre 6 y 12 años.
Los resultados indican que aproximadamente dos de cada tres niños suelen desayunar en casa, mientras que casi uno de cada cuatro lo hace en la escuela. Una proporción menor desayuna durante el trayecto hacia el colegio o habitualmente se salta esta comida.
Para quienes comen en casa, el tiempo disponible suele ser bastante limitado. Un tercio de los padres indicó que sus hijos cuentan con 15 minutos o menos para desayunar, mientras que cerca de la mitad dispone de entre 15 y 25 minutos. Solo alrededor de uno de cada cinco niños tiene 30 minutos o más para comer.
La encuesta también mostró deficiencias en algunos componentes nutricionales. Menos de la mitad de los padres afirmó que el desayuno de sus hijos incluye proteínas, fibra o fruta entera o cortada durante la mayoría de los días de la semana. Asimismo, solo alrededor de un tercio señaló que sus hijos suelen consumir desayunos con poca cantidad de azúcares añadidos.
A la hora de elegir los alimentos, los padres suelen priorizar que sus hijos acepten y disfruten lo que comen. Más de dos tercios consideran muy importante ofrecer alimentos que sean del agrado del niño, mientras que dos de cada cinco valoran especialmente que sean rápidos y fáciles de preparar. Además, aproximadamente uno de cada cuatro considera importante que el menor pueda preparar su propio desayuno.
En el caso de los cereales, las preferencias del niño suelen ocupar el primer lugar entre los criterios de compra de los padres. Después aparecen aspectos relacionados con la nutrición, como la cantidad de proteínas y fibra, las calorías, los azúcares añadidos y la presencia de colorantes artificiales.
Sin embargo, permitir que los niños tengan un papel predominante en la elección del menú podría dificultar una alimentación más equilibrada. Los padres cuyos hijos tienen mayor control sobre lo que se sirve reportaron menos días en los que el desayuno contiene proteínas, fibra o fruta, así como menos ocasiones en las que se trata de una comida baja en azúcares añadidos.
Woolford destacó que permitir que los niños participen en las decisiones sobre su alimentación puede favorecer su independencia, pero los padres todavía pueden controlar qué alternativas tienen disponibles. En lugar de convertir el desayuno en una discusión, recomendó ofrecer varias opciones saludables y permitir que el niño elija entre ellas.
Además, mejorar el desayuno no necesariamente implica dedicar más tiempo a su preparación. Algunas alternativas sencillas incluyen tener fruta disponible, sustituir el pan blanco por opciones integrales o agregar mantequilla de cacahuete a las tostadas. Los batidos preparados con fruta entera o cortada también pueden ser una alternativa al zumo.
La especialista subrayó que las familias no necesitan cambiar completamente sus hábitos para mejorar la alimentación de los niños. Pequeñas modificaciones, como elegir un cereal con mayor contenido de fibra, incorporar verduras a una tortilla o acompañar el desayuno habitual con una pieza de fruta, pueden aumentar su aporte nutricional.
El desayuno también puede convertirse en un momento para convivir en familia. Cerca de dos tercios de los padres indicaron que sus hijos suelen desayunar con algún hermano, mientras que aproximadamente la mitad señaló que lo hacen acompañados por uno de sus padres. Solo alrededor de uno de cada seis niños suele desayunar solo.
Para ganar tiempo durante las mañanas, Woolford sugirió, cuando sea posible, preparar algunos alimentos con anticipación.
La especialista enfatizó que no existe una rutina de desayuno universal que funcione para todas las familias. El objetivo debería ser encontrar alimentos que se adapten al horario familiar, proporcionen nutrientes importantes y, sobre todo, sean alimentos que el niño realmente esté dispuesto a consumir.
La encuesta fue realizada durante julio y sus resultados tienen un margen de error de entre más o menos 1 y 4 puntos porcentuales.
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