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Demencia: OMS revela 14 factores de riesgo y cómo reducir hasta 45% los casos

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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La demencia afecta actualmente a más de 57 millones de personas en todo el mundo, mientras que cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos.

Ante este escenario, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Comisión Lancet han reforzado sus recomendaciones de prevención, destacando la posibilidad de actuar sobre 14 factores de riesgo modificables a lo largo de la vida para reducir o retrasar una proporción importante de los casos.

La Comisión Lancet actualizó su lista en 2024, pasando de 12 a 14 factores después de incorporar la pérdida de visión no tratada y los niveles elevados de colesterol LDL, conocido popularmente como colesterol "malo". Estas modificaciones forman parte de las recomendaciones de la OMS de 2026, cuyo objetivo es proporcionar a los sistemas de salud estrategias respaldadas por evidencia para proteger la salud cognitiva.

En México, donde la demencia representa un desafío cada vez mayor, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha respaldado la implementación de estrategias nacionales relacionadas con esta enfermedad y alineadas con las recomendaciones internacionales.

¿Cuáles son los 14 factores de riesgo?

De acuerdo con la OMS y la Comisión Lancet, existen 14 factores modificables que pueden influir en el riesgo de desarrollar demencia. Si se abordan de manera adecuada durante las distintas etapas de la vida, podrían contribuir a prevenir o retrasar hasta 45% de los casos a nivel poblacional.

Los factores identificados son:

Educación insuficiente durante la infancia.

Pérdida auditiva durante la mediana edad.

Hipertensión arterial en la mediana edad.

Obesidad durante la mediana edad.

Diabetes.

Falta de actividad física.

Tabaquismo.

Consumo excesivo de alcohol.

Depresión durante la mediana edad.

Traumatismos craneoencefálicos.

Colesterol LDL elevado.

Aislamiento social durante la vejez.

Exposición a la contaminación del aire.

Pérdida de visión no tratada en la vejez.

No todos estos factores tienen el mismo peso dentro del riesgo poblacional. Por ejemplo, el colesterol LDL elevado durante la mediana edad representa aproximadamente 7% del riesgo poblacional, mientras que la pérdida de visión no tratada en etapas avanzadas de la vida representa cerca de 2%.

¿Cómo se pueden reducir estos riesgos?

La prevención debe contemplarse como una estrategia que comienza desde los primeros años de vida y continúa durante la adultez y la vejez. Los especialistas destacan que nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para adoptar medidas que favorezcan la salud cerebral.

Entre las principales recomendaciones se encuentran:

Realizar actividad física regularmente y reducir el tiempo dedicado al sedentarismo.

Evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol.

Mantener bajo control la presión arterial, el colesterol y la glucosa.

Seguir una alimentación equilibrada y procurar un peso saludable.

Detectar y tratar oportunamente los problemas de audición y visión.

Favorecer la educación y mantener una adecuada estimulación cognitiva.

Conservar una vida social activa y evitar el aislamiento.

Disminuir, cuando sea posible, la exposición a la contaminación ambiental.

La relación entre el corazón y el cerebro también resulta fundamental. Mantener una buena salud cardiovascular puede contribuir a proteger la función cerebral, por lo que controlar los factores cardiometabólicos constituye una parte importante de la prevención.

¿Los suplementos ayudan a prevenir la demencia?

Las recomendaciones actuales de la OMS no respaldan el uso de determinados suplementos exclusivamente con el objetivo de prevenir la demencia. En particular, no se recomienda tomar de manera rutinaria vitaminas B o E, omega-3 ni complejos de vitaminas y minerales para evitar el deterioro cognitivo, a menos que exista una deficiencia identificada que justifique su utilización.

Hasta ahora, los ensayos clínicos no han proporcionado evidencia suficientemente sólida de que estos suplementos prevengan la demencia en personas sin una deficiencia nutricional.

En el caso de la pérdida auditiva, existe evidencia que apunta a que los audífonos pueden ayudar a disminuir el ritmo del deterioro cognitivo en determinados adultos mayores con mayor riesgo. En cambio, aunque corregir los problemas visuales es importante para mantener una buena salud general, todavía no existe evidencia suficiente para establecer que tratar la pérdida de visión reduzca específicamente el riesgo de demencia.

¿Qué limitaciones tienen estas recomendaciones?

La cifra de que hasta 45% de los casos podrían prevenirse o retrasarse corresponde a una estimación para la población en general. No significa que una persona pueda reducir exactamente 45% su riesgo individual al modificar estos factores.

También existen circunstancias que no dependen únicamente de las decisiones personales. Elementos como la pobreza, las desigualdades económicas y las condiciones sociales pueden influir en la exposición a algunos factores de riesgo y no siempre están contemplados completamente en los modelos utilizados.

Lo mismo ocurre con aspectos como la educación durante la infancia o la contaminación del aire, cuya modificación requiere políticas públicas y acciones colectivas, además de esfuerzos individuales.

¿Por qué es importante prevenir?

Con millones de personas viviendo con demencia y un número considerable de nuevos diagnósticos cada año, incluso conseguir que una parte de los casos aparezca más tarde podría representar un beneficio importante.

Retrasar la aparición de la enfermedad puede favorecer durante más tiempo la independencia, la calidad de vida y el bienestar de las personas, además de disminuir la presión sobre las familias y los sistemas de salud.

La prevención también tiene una ventaja adicional: muchas de las medidas que protegen al cerebro contribuyen simultáneamente a mejorar la salud cardiovascular y metabólica.

¿Qué pueden hacer las personas y los sistemas de salud?

La prevención de la demencia requiere la participación de distintos sectores:

Las personas: mantener una vida físicamente activa, cuidar la alimentación, controlar la presión arterial, el colesterol y la glucosa, evitar el tabaco, mantener vínculos sociales y atender problemas de audición o visión.

Los profesionales de la salud: identificar los factores de riesgo de cada paciente y recomendar estrategias de prevención adaptadas a sus necesidades.

Los gobiernos y sistemas sanitarios: facilitar el acceso a educación, atención médica preventiva, tratamientos para problemas sensoriales y medidas destinadas a disminuir la contaminación ambiental.

La evidencia disponible indica que la demencia no puede prevenirse por completo, pero intervenir sobre estos 14 factores puede ayudar a disminuir o retrasar una proporción relevante de los casos a nivel poblacional.

Más que una estrategia enfocada exclusivamente en la vejez, la prevención debe comenzar desde etapas tempranas y mantenerse durante toda la vida. Cuidar la presión arterial, la salud metabólica, la actividad física, la audición, la visión y las relaciones sociales no solo puede beneficiar al cerebro, sino también contribuir a una mejor salud general.

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