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Cuánto sodio necesita el cuerpo por día y cuál es el límite recomendado

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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El sodio es un mineral que se encuentra en gran parte de los alimentos que consumimos diariamente. Su presencia en el organismo es fundamental, ya que participa en la regulación de líquidos, facilita la comunicación entre las células nerviosas y permite el funcionamiento adecuado de los músculos.

Sin embargo, existe una diferencia importante entre la cantidad necesaria para mantener estas funciones y la cantidad que la mayoría de las personas ingiere habitualmente. Este exceso se relaciona con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, problemas renales y accidentes cerebrovasculares.

Diversas instituciones de salud advierten que consumir demasiado sodio puede aumentar la presión arterial y favorecer la aparición de complicaciones como infartos, derrames cerebrales e insuficiencia renal. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el consumo promedio de sodio en adultos a nivel mundial llegó a 4.278 mg diarios en 2021, una cifra superior a los límites aconsejados.

¿Cuánto sodio necesita una persona?

Los especialistas señalan que no existe una cantidad exacta que sea igual para todos, ya que las necesidades dependen de factores como la edad, el estado de salud, el nivel de actividad física y las condiciones particulares de cada individuo.

En adultos sanos, la Asociación Americana del Corazón recomienda no consumir más de 2.300 mg de sodio al día y establece como meta ideal limitarlo a 1.500 mg diarios para la mayoría de las personas. De forma similar, el Instituto de Medicina de Estados Unidos considera los 1.500 mg como un objetivo adecuado.

En contraste, la cantidad mínima que requiere el cuerpo para funcionar correctamente es mucho menor: menos de 500 mg al día, equivalente a menos de un cuarto de cucharadita de sal.

Los niños y adolescentes tienen necesidades diferentes. El límite de 2.300 mg diarios se aplica a partir de los 14 años, mientras que en edades menores las recomendaciones disminuyen y varían según el desarrollo físico. En general, las personas con menor peso corporal y menor masa muscular requieren cantidades inferiores.

Por otro lado, algunos grupos pueden necesitar una mayor cantidad de sodio. Los atletas de alto rendimiento y quienes trabajan en ambientes con temperaturas elevadas pueden perder grandes cantidades de sales a través del sudor, por lo que las recomendaciones habituales pueden no ser suficientes para ellos.

La relación entre sodio e hipertensión

El consumo elevado de sodio tiene una relación directa con la presión arterial. Este mineral favorece que el organismo retenga agua, lo que aumenta el volumen de sangre circulante y obliga al corazón a realizar un mayor esfuerzo para bombearla.

Con el paso del tiempo, esta presión constante puede deteriorar las arterias y elevar la probabilidad de sufrir problemas cardiovasculares graves.

En personas con hipertensión, reducir el sodio no representa solo una recomendación preventiva, sino una medida terapéutica importante. Johns Hopkins Medicine señala que quienes tienen presión arterial elevada deberían mantener un consumo bajo, con un límite superior de aproximadamente 2.300 mg diarios, aunque muchos especialistas sugieren cantidades aún menores.

La evidencia científica respalda estos beneficios. Una revisión publicada en 2024 en la revista Critical Reviews in Food Science and Nutrition analizó diversos estudios y encontró que disminuir la ingesta de sodio puede reducir la presión arterial entre 2 y casi 9 puntos en diferentes grupos de riesgo cardiovascular. Además, indicó que los sustitutos de sal pueden generar reducciones moderadas pero significativas en la mortalidad general y cardiovascular.

La sensibilidad a la sal

Otro factor importante es la llamada sensibilidad a la sal, una condición en la que algunas personas presentan aumentos más marcados de la presión arterial cuando consumen mayores cantidades de sodio.

Se estima que aproximadamente la mitad de las personas con hipertensión y una cuarta parte de quienes tienen presión arterial normal presentan esta característica. Esto significa que el efecto del sodio no es igual en todos los organismos.

¿De dónde proviene el sodio que consumimos?

Uno de los errores más comunes es pensar que el exceso de sodio proviene únicamente de agregar sal a los alimentos. En realidad, la mayor parte del consumo diario procede de productos procesados, comidas preparadas y alimentos adquiridos en restaurantes.

Según la Asociación Americana del Corazón, más del 70% del sodio que se consume proviene de productos como pan, carnes procesadas, quesos, sopas, aperitivos envasados y alimentos preparados.

Algunos productos contienen cantidades elevadas aunque no tengan un sabor extremadamente salado. Por ejemplo, una cucharada de salsa de soja puede aportar alrededor de 1.000 mg de sodio, cerca de la mitad del límite diario recomendado para un adulto sano.

Además, la Clínica Mayo señala que ciertos aditivos utilizados en alimentos procesados también aumentan el consumo total de sodio. Entre ellos se encuentran compuestos como nitrato de sodio, citrato de sodio, glutamato monosódico y benzoato de sodio.

Cómo reducir el consumo de sodio

Para disminuir la cantidad de sodio en la dieta, Johns Hopkins Medicine recomienda elegir alimentos frescos o congelados sin aditivos, limitar el consumo de aperitivos y salsas con alto contenido de sodio y revisar cuidadosamente las etiquetas nutricionales.

Como referencia, sugiere buscar productos con menos de 200 mg de sodio por porción en el caso de snacks y evitar que las comidas preparadas superen aproximadamente los 600 mg.

Leer las etiquetas permite conocer cuánto sodio contiene realmente cada alimento y tomar mejores decisiones. De acuerdo con estimaciones de la OMS, el consumo excesivo de sodio estuvo relacionado con alrededor de 1,7 millones de muertes en 2023, lo que refleja la importancia de moderar su ingesta para proteger la salud cardiovascular.

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