Cuáles son los hábitos cotidianos que favorecen la pérdida de la audición

La pérdida auditiva puede desarrollarse lentamente y pasar desapercibida durante años. Aunque el envejecimiento es uno de los factores más importantes, la exposición acumulada a sonidos intensos, el uso inadecuado de auriculares, el tabaquismo y determinados medicamentos también pueden contribuir al deterioro de la audición.
El ruido es uno de los principales enemigos
La exposición repetida a sonidos fuertes puede lesionar las estructuras microscópicas del oído interno. El problema es que el daño no necesariamente produce síntomas inmediatamente y puede acumularse con el paso del tiempo.
Conforme aumenta la intensidad del sonido, disminuye el tiempo durante el cual puede considerarse segura la exposición. Por eso, conciertos, fuegos artificiales, herramientas eléctricas, motores y ambientes laborales ruidosos pueden representar un riesgo cuando la exposición es frecuente o prolongada.
Cuidado con los auriculares
Escuchar música o videos a un volumen elevado durante periodos prolongados puede aumentar el riesgo de daño auditivo.
Una regla práctica es mantener el volumen moderado y reducir el tiempo de escucha. Si las personas que están cerca pueden escuchar claramente lo que sale de tus auriculares, probablemente el volumen sea demasiado alto.
Los auriculares con limitador de volumen y aquellos que se ajustan correctamente pueden ayudar a reducir la necesidad de subir demasiado el sonido.
Fumar también puede afectar al oído
El tabaquismo puede perjudicar la circulación sanguínea y afectar las estructuras del oído interno. La exposición al humo de otras personas también puede representar un riesgo, particularmente durante la infancia.
El vapeo tampoco debería considerarse inocuo para la salud auditiva, especialmente cuando implica exposición a nicotina y otras sustancias químicas.
El consumo excesivo de alcohol podría interferir con el procesamiento del sonido
Algunas investigaciones han encontrado asociaciones entre el consumo elevado de alcohol y alteraciones en la capacidad del sistema nervioso para procesar determinados sonidos.
Esto no significa que cualquier consumo ocasional produzca pérdida auditiva, pero sí que el consumo excesivo puede formar parte de un conjunto de factores que afectan la función auditiva.
La edad es otro factor importante
Con el envejecimiento puede aparecer la presbiacusia, una pérdida auditiva progresiva relacionada principalmente con cambios en el oído interno.
El problema suele comenzar de manera gradual. Algunas de las primeras señales son:
Dificultad para entender conversaciones cuando hay ruido de fondo. Necesidad de pedir que otras personas repitan lo que dijeron. Subir constantemente el volumen de la televisión. Percibir algunos sonidos como apagados. Dificultad para distinguir voces. Aparición de zumbidos o tinnitus.
La pérdida auditiva relacionada con la edad es frecuente y puede verse agravada por décadas de exposición a ruido.
Algunos medicamentos también pueden afectar la audición
Existen determinados medicamentos con potencial ototóxico, es decir, capaces de afectar el oído interno. El riesgo depende del fármaco, la dosis, la duración del tratamiento y las características de cada persona.
Por eso, ante la aparición de pérdida auditiva o tinnitus después de comenzar un tratamiento, es importante comentarlo con el médico. No se debe suspender un medicamento por cuenta propia.
La alimentación podría tener alguna relación
Un estudio realizado en adultos mayores encontró asociaciones entre determinados patrones alimentarios y la audición. En esa investigación, un mayor consumo de alimentos como pescado, legumbres, arroz, frutas y té se relacionó con una menor prevalencia de ciertos problemas auditivos.
Sin embargo, estos resultados muestran asociaciones y no demuestran que esos alimentos por sí solos prevengan la pérdida auditiva. Se necesitan estudios adicionales para establecer si existe una relación causal.
No hay que esperar a que la pérdida sea evidente
Uno de los problemas de la pérdida auditiva es que muchas personas se adaptan gradualmente y no reconocen el deterioro hasta que empieza a interferir con las conversaciones o actividades cotidianas.
Por eso, detectar tempranamente dificultades para escuchar, tinnitus persistente o cambios en la percepción de los sonidos puede permitir realizar una evaluación auditiva y determinar si existe un problema.
En resumen: proteger la audición implica reducir la exposición a ruidos intensos, mantener los auriculares a un volumen moderado, evitar el tabaquismo, prestar atención a medicamentos potencialmente ototóxicos y consultar ante los primeros cambios. La prevención es especialmente importante porque parte del daño causado por la exposición prolongada al ruido puede ser permanente.
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