Concluye un estudio que es seguro el embarazo para mujeres con miastenia

Las mujeres que padecen miastenia gravis pueden embarazarse sin que esto implique consecuencias negativas importantes, según revela una nueva investigación.
De acuerdo con el estudio, publicado el 13 de mayo en Neurology, el embarazo no se asocia con un mayor riesgo de crisis graves ni con un empeoramiento de los síntomas en pacientes con esta enfermedad.
La investigadora principal, la Dra. Anna Rostedt Punga, de la Universidad de Uppsala en Suecia, destacó que estos resultados son alentadores, ya que estudios previos más pequeños habían mostrado conclusiones inconsistentes. Debido a esa incertidumbre, muchas mujeres optaban por no tener hijos por temor a que su condición empeorara durante o después del embarazo.
También señaló que resulta tranquilizador comprobar que no hubo un incremento significativo de brotes severos durante la gestación y que, en la mayoría de los casos, esta estabilidad se mantuvo en los meses posteriores al parto.
La miastenia gravis es un trastorno autoinmune que afecta los músculos voluntarios, provocando debilidad. Entre sus manifestaciones se encuentran párpados caídos, visión doble, dificultad para hablar, masticar o tragar, así como debilidad en cuello, brazos y piernas.
Para este análisis, los investigadores siguieron a 112 mujeres en Suecia con esta enfermedad, quienes en conjunto tuvieron 176 embarazos entre 1987 y 2019.
Se comparó la frecuencia de hospitalizaciones relacionadas con la miastenia gravis en el año previo al embarazo frente al año posterior al parto. Los resultados mostraron que cerca del 11% de las mujeres requirió al menos una hospitalización en el primer año tras dar a luz, en comparación con el 7% antes del embarazo.
En términos generales, no se observó un aumento en la probabilidad de hospitalización durante la gestación.
En cuanto al tratamiento, en 13 embarazos las pacientes redujeron o suspendieron los fármacos inmunosupresores, mientras que en seis casos las dosis fueron incrementadas.
No obstante, el estudio sí encontró que el riesgo de presentar un brote era cinco veces mayor después del parto en comparación con el periodo previo al embarazo. Tras el nacimiento, los medicamentos se iniciaron o aumentaron en 10 casos, sin que se registraran reducciones.
Aun así, casi el 90% de las mujeres no necesitó hospitalización por esta enfermedad durante el primer año después del parto.
La investigadora subrayó que, incluso entre las mujeres que sí requirieron hospitalización, más de la mitad tuvo embarazos posteriores sin complicaciones, lo que sugiere que estos episodios no son inevitables.
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