Cómo varía el impacto ambiental de la alimentación dentro de un mismo país

La forma en que se alimenta cada persona puede tener un impacto ambiental mucho mayor de lo que reflejan las estadísticas nacionales.
Un estudio internacional publicado en la revista Nature Food concluyó que la huella ecológica de la alimentación puede variar más de cinco veces dentro de un mismo país, dependiendo de factores como la edad, el sexo, el nivel educativo y el lugar de residencia.
La investigación, desarrollada por científicos de universidades de Leiden, Oxford y Viena, advierte que los promedios nacionales pueden ocultar importantes diferencias entre distintos grupos de población, por lo que propone diseñar políticas alimentarias adaptadas a las características de cada sector.
Un análisis de 165 países
Los investigadores utilizaron el modelo MATILDA, una herramienta capaz de calcular el impacto ambiental de la alimentación a partir de indicadores como:
Emisiones de gases de efecto invernadero. Consumo de agua. Uso de la tierra. Calidad nutricional de la dieta.
El estudio analizó información de 165 países y comparó 72 grupos sociodemográficos, definidos según la edad, el sexo, el nivel educativo y si las personas vivían en zonas urbanas o rurales.
Grandes diferencias entre grupos de población
Los resultados mostraron diferencias muy marcadas.
El grupo con la mayor huella ambiental estuvo formado por hombres urbanos de entre 15 y 34 años con un alto nivel educativo, cuya dieta generó una mediana de 5,66 kg de CO₂ equivalente al día.
En el extremo contrario se situaron las mujeres rurales de 35 a 54 años con menor nivel educativo, con una media de 2,85 kg de CO₂ equivalente diarios, aproximadamente la mitad del impacto observado en el grupo anterior.
El papel de los alimentos de origen vegetal
Las diferencias no solo dependían de la cantidad de alimentos consumidos, sino también de su composición.
En el grupo con mayor impacto ambiental, el 62 % de la alimentación procedía de alimentos de origen vegetal, mientras que en el grupo con menor huella esa proporción aumentaba hasta el 70 %.
Según los autores, incrementar la presencia de alimentos vegetales en la dieta puede contribuir a reducir el uso de recursos naturales y las emisiones asociadas a la producción de alimentos.
Los productos animales aumentan el impacto
El estudio señala que las dietas con mayor presencia de carne y otros productos de origen animal suelen requerir más tierra, agua y recursos para su producción, lo que incrementa su impacto ambiental.
No obstante, los investigadores aclaran que este efecto también depende de la eficiencia de los sistemas agrícolas y ganaderos de cada país, por lo que una misma dieta puede tener consecuencias ambientales distintas según dónde se produzcan los alimentos.
Alimentación saludable y menor impacto ambiental
La investigación también encontró una relación entre una alimentación de mayor calidad y una menor presión sobre el medio ambiente.
Cada aumento del 5 % en el Alternative Healthy Eating Index, un indicador utilizado para evaluar la calidad nutricional de la dieta, se asoció con:
Una reducción del 7,7 % en las emisiones de gases de efecto invernadero. Una disminución del 4,4 % en la huella hídrica. Una caída del 7,2 % en el uso de la tierra.
Estos resultados sugieren que mejorar la calidad de la alimentación podría beneficiar tanto a la salud como al medio ambiente.
No existe una única solución
Los investigadores concluyen que no hay una estrategia universal válida para toda la población. Los patrones de consumo varían considerablemente entre grupos sociales y sus efectos ambientales también.
El modelo MATILDA mostró que factores como los ingresos, la educación, la edad, el estado de salud y el entorno de residencia influyen en las decisiones alimentarias y en su impacto ecológico.
Por ello, los autores consideran que las políticas públicas orientadas a promover dietas más sostenibles deberían adaptarse a las características de cada grupo de población, en lugar de aplicar recomendaciones generales para todos por igual.
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