Cómo hablar con los niños cuando la preocupación por la apariencia afecta su calidad de vida

El interés por desarrollar una musculatura marcada y lograr una determinada apariencia física comienza a manifestarse en los varones desde edades cada vez más tempranas, incluso antes de que tengan un contacto directo con las redes sociales, de acuerdo con especialistas en salud mental infantil.
La búsqueda de un ideal corporal afecta a niños, adolescentes y adultos jóvenes, pero muchas veces las señales de preocupación pasan desapercibidas tanto para las familias como para los entornos escolares.
La influencia de los ideales corporales desde la infancia
En el pódcast Good Inside, la doctora Sheryl Ziegler conversó con el investigador Kyle Ganson, quien explicó que desde los primeros años de vida los niños comienzan a recibir mensajes relacionados con la musculatura, la alimentación y la apariencia física.
Ganson compartió que su hijo de seis años suele mostrarle sus brazos con frecuencia para resaltar el crecimiento de sus músculos. Según el investigador, este comportamiento refleja cómo desde edades tempranas los niños empiezan a relacionar la masculinidad con la fuerza física y el desarrollo muscular.
La presión por alcanzar cierto tipo de cuerpo no proviene únicamente de las redes sociales. Otros espacios como la escuela, los grupos de amigos, la televisión y los videojuegos también transmiten modelos sobre cómo debería verse un cuerpo masculino, incluso cuando en casa no se refuerzan esas ideas.
Ganson explicó que, aunque en su hogar no se considera la musculatura como el aspecto principal del cuerpo, el tema aparece de todos modos. Por ello, junto con su esposa intenta destacar otras cualidades de su hijo, como su inteligencia y habilidades, con el objetivo de que valore su cuerpo desde una perspectiva más amplia.
Indicadores tempranos de preocupación por la imagen corporal
Los padres y profesores deben estar atentos a ciertos cambios de comportamiento, como el aislamiento, una disminución de la autoestima, una dedicación excesiva al ejercicio, reglas estrictas respecto a la comida o una preocupación constante por la apariencia física.
Estas señales pueden presentarse antes de que existan cambios evidentes en el cuerpo y mucho antes de que se establezca un diagnóstico médico.
Durante la conversación, Ziegler señaló que existe una creencia extendida de que los problemas relacionados con la imagen corporal y los trastornos alimentarios afectan principalmente a las niñas. Sin embargo, Ganson destacó que los niños, adolescentes y hombres jóvenes también pueden experimentar estas dificultades.
El investigador mencionó que algunos estudios han encontrado que, al llegar a los 40 años, aproximadamente uno de cada siete hombres podría haber presentado un trastorno alimentario completo, con una mayor frecuencia de inicio alrededor de los 20 años. Esto indica que muchas señales comienzan durante la adolescencia mediante insatisfacción corporal y conductas como episodios de atracones, purgas o restricciones alimentarias.
La dismorfia muscular y sus consecuencias
Según Ganson, la experiencia masculina relacionada con la imagen corporal ha recibido menor atención dentro de los criterios clínicos tradicionales, debido a que gran parte de la investigación histórica se ha realizado con participantes mujeres.
El especialista explicó el concepto de dismorfia muscular, considerada una forma específica del trastorno dismórfico corporal y no un trastorno alimentario. Esta condición se caracteriza por una preocupación excesiva por no ser suficientemente musculoso, acompañada de conductas dirigidas a aumentar la masa muscular.
Aunque puede compartir características con los trastornos alimentarios en hombres, como la obsesión por la apariencia corporal y la modificación extrema de hábitos, tiene elementos particulares relacionados con la percepción de la musculatura.
El pódcast también analizó comportamientos que pueden parecer saludables, pero que en ciertos casos pueden convertirse en señales de alerta, como el consumo frecuente de batidos de proteína, creatina, suplementos, entrenamientos intensos o rutinas estrictas.
El problema no está en realizar actividad física o acudir al gimnasio, sino cuando estas prácticas adquieren un carácter compulsivo, generan ansiedad o se convierten en una obligación difícil de abandonar. Un ejemplo son los ciclos de volumen y definición, donde se alternan periodos de aumento de calorías para ganar músculo con etapas de restricción para reducir grasa corporal.
La importancia de una comunicación abierta en la familia
Ganson propuso el concepto de “curiosidad respetuosa” como una herramienta para que los padres puedan abordar las preocupaciones relacionadas con el cuerpo sin juzgar ni rechazar inmediatamente las conductas de sus hijos.
En lugar de criticar sus intereses, recomienda preguntar qué los motiva, qué información están consumiendo y qué significado tiene para ellos modificar su cuerpo. Esto permite diferenciar entre una búsqueda saludable de bienestar y una presión provocada por factores externos.
Las redes sociales han cambiado la forma en que los jóvenes reciben mensajes sobre el cuerpo. Aunque el ideal masculino basado en la musculatura existía antes de internet, las plataformas digitales han aumentado su alcance y lo han convertido en un mensaje constante mediante algoritmos y recomendaciones automáticas.
Ganson señaló que existe una relación cada vez más evidente entre el uso de redes sociales, la comparación física y la incorporación del ideal muscular como una meta personal.
Influencers, desinformación y prevención
El episodio también abordó el impacto de la llamada pseudociencia masculina, presente en contenidos que utilizan testimonios personales, fotografías de transformación, rutinas específicas, suplementos y promesas de cambios físicos rápidos.
Ganson advirtió que muchos jóvenes pueden interpretar las experiencias individuales de otras personas como evidencia suficiente para decidir cómo deben entrenar, alimentarse o modificar su cuerpo. Además, algunos creadores de contenido aparentan tener conocimientos especializados, aunque en realidad utilizan estas plataformas principalmente con fines comerciales.
Por ello, Ziegler destacó la importancia de enseñar a los hijos desde edades tempranas a distinguir entre información confiable y mensajes diseñados para vender productos o promover expectativas poco realistas.
La especialista aclaró que no se trata de controlar cada entrenamiento, cada mirada al espejo, cada suplemento consumido o cada contenido visto en internet. La clave está en mantener una relación cercana con los hijos y conversar sobre si esas actividades mejoran su bienestar o comienzan a limitar su vida cotidiana.
Finalmente, Ganson señaló que cuando aparecen señales físicas evidentes, el problema puede llevar años desarrollándose. Por esta razón, la prevención debe centrarse en observar cambios tempranos como el aislamiento, la disminución del bienestar emocional y una relación cada vez más dependiente entre la autoestima y la apariencia física.
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