Calor extremo: aumentan los ingresos hospitalarios por paro cardíaco

Las temperaturas elevadas no solo provocan deshidratación y agotamiento: también podrían incrementar el riesgo de sufrir una emergencia cardiovascular potencialmente mortal.
Un nuevo estudio encontró que los ingresos hospitalarios por paro cardíaco aumentan considerablemente cuando las temperaturas superan los 32 °C, con un incremento progresivo conforme el calor se intensifica.
Los resultados, que serán presentados durante una reunión de la Asociación Americana del Corazón (AHA) en Chicago, sugieren que los hospitales deben prepararse para recibir más pacientes en estado crítico durante las olas de calor. Esto es especialmente importante porque las unidades de cuidados intensivos (UCI) cuentan con camas, equipos y personal limitados.
El paro cardíaco ocurre cuando una alteración del sistema eléctrico del corazón provoca que deje de bombear sangre de manera efectiva. Se trata de una emergencia grave: aproximadamente el 90 % de las personas que lo sufren fuera del hospital no sobrevive. Quienes logran ser reanimados pueden necesitar atención intensiva durante días o semanas, especialmente si permanecen inconscientes o requieren asistencia para respirar.
¿Cómo influye la temperatura en los casos de paro cardíaco?
Para investigar esta relación, el equipo analizó información de 10 sistemas de salud de Estados Unidos correspondiente al periodo de 2018 a 2024. Durante esos años, más de 11,000 personas ingresaron en una UCI después de sufrir un paro cardíaco.
Alrededor de la mitad de los ingresos ocurrieron durante las estaciones cálidas y 270 correspondieron a días con temperaturas de al menos 32 °C (90 °F).
Al comparar los registros con jornadas de 29 °C (85 °F), los investigadores identificaron un aumento progresivo de los ingresos conforme subía la temperatura:
33 °C (91 °F): incremento del 45 %.
34 °C (93 °F): incremento del 65 %.
37 °C (98 °F): incremento del 102 %.
Estos resultados indican una asociación entre el calor intenso y una mayor frecuencia de ingresos por paro cardíaco. Sin embargo, no demuestran por sí solos que la temperatura haya sido la causa directa de cada emergencia.
Adultos mayores y mujeres presentaron mayor riesgo
El análisis también identificó diferencias entre los grupos de población. Las personas de 65 años o más mostraron una mayor vulnerabilidad: a 32 °C (90 °F), su tasa de ingreso por paro cardíaco fue un 48 % superior a la registrada a 19 °C (67 °F).
Las mujeres también presentaron una incidencia más elevada durante las jornadas de calor extremo, con un aumento del 33 % en comparación con los días de temperaturas menos elevadas.
Además, los pacientes que sufrieron un paro cardíaco durante días calurosos tuvieron más probabilidades de necesitar tratamientos adicionales por complicaciones como hipotensión e insuficiencia renal.
¿El calor también empeora la recuperación?
A pesar de que los pacientes atendidos durante los días de calor intenso necesitaron con mayor frecuencia intervenciones adicionales, los investigadores no encontraron diferencias importantes en la supervivencia ni en el estado de salud al momento del alta hospitalaria.
Este resultado llamó la atención del equipo, que esperaba encontrar una mortalidad más elevada debido a los posibles efectos del calor sobre distintos órganos.
Peter Graffy, investigador posdoctoral de neumología y cuidados intensivos de la Universidad de Chicago, planteó que los resultados podrían reflejar la capacidad de los equipos de urgencias y cuidados intensivos para estabilizar a los pacientes y proporcionarles atención avanzada.
No obstante, el aumento de casos sigue representando un desafío para los hospitales. Durante una ola de calor, la llegada simultánea de más pacientes graves puede ejercer presión sobre las camas de UCI, el personal médico y los recursos disponibles.
Hospitales deberán anticiparse a las olas de calor
Los investigadores consideran que los pronósticos meteorológicos podrían convertirse en una herramienta útil para organizar los servicios hospitalarios. Con información anticipada sobre las temperaturas, los centros de salud podrían planificar la disponibilidad de camas, personal y equipos, además de mejorar la coordinación entre los servicios de emergencia y las unidades de cuidados intensivos.
El cambio climático, que favorece la aparición de episodios de calor extremo más frecuentes e intensos, podría aumentar la importancia de estas medidas de preparación.
Ashish Panchal, portavoz de la AHA que revisó los hallazgos, también destacó la necesidad de tomar en serio las alertas por calor. Recordó que aproximadamente el 70 % de los paros cardíacos extrahospitalarios ocurren en el hogar.
Por ello, recomendó que la población conozca las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), ya que pueden ayudar a mantener la circulación sanguínea mientras llega la asistencia médica. Ante una persona que pierde repentinamente el conocimiento y no respira con normalidad, es fundamental solicitar ayuda de emergencia e iniciar la RCP si se cuenta con los conocimientos necesarios.
¿Por qué es importante prevenir los efectos del calor?
Las olas de calor representan un riesgo particular para las personas mayores y quienes tienen enfermedades cardiovasculares, renales u otros problemas de salud. Mantenerse hidratado, evitar la exposición prolongada al sol durante las horas de mayor temperatura y permanecer en espacios frescos son medidas que pueden ayudar a reducir los efectos del calor.
En conclusión, el estudio encontró que los ingresos hospitalarios por paro cardíaco aumentan conforme se elevan las temperaturas, especialmente durante los episodios de calor extremo. Aunque los resultados de supervivencia fueron similares entre los grupos analizados, el incremento de pacientes que requieren atención intensiva podría sobrecargar los servicios hospitalarios.
Los hallazgos serán presentados en una reunión científica y deben considerarse preliminares hasta que se publiquen en una revista con revisión por pares.
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